28 de agosto de 2011
Días pasados se hizo una denuncia en ámbitos policiales de nuestro medio donde un vecino que tiene un hijo internado en un instituto privado dio cuenta de una serie de presuntas irregularidades y malos tratos en el mencionado establecimiento.
El denunciante, que pidió reserva sobre su identidad para no tener problemas de índole laboral, indicó en la presentación que su hijo de 23 años padece epilepsia de lobulo temporal y presenta personalidad esquizotípica.
Desde hace más de un año, su hijo está internado en un establecimiento ubicado en la zona del paraje El Molino.
Mencionó en la denuncia que durante la internación de su hijo observó varias irregularidades “relacionadas con la atención y el trato con los pacientes”.
Destacó que en una ocasión observó en el cuaderno que poseen en la oficina de enfermería, donde se consignan las novedades del día, que la persona de turno, hace unos dos meses, había consignado que tuvo que traer alimentos de su casa, porque no contaba con mercadería para darle de comer a los pacientes.
También denunció que en más de una oportunidad vio a uno de los pacientes atado a un árbol y que lo desataban cuando él llegaba al establecimiento, y recibía como explicación que hacían eso, porque se portaba mal.
Además dijo que los tratamientos a los pacientes, no son los más convenientes, situación que pudo percibir, aún sin ser un experto en salud.
Otro de los cargos que le realiza a los responsables del lugar es que cuando concurría los fines de semana para llevar a su hijo, no tenían la medicación para serle entregada. Menciona en la denuncia que él suministra mensualmente los medicamentos, puesto que tiene la cobertura correspondiente de la obra social a la cual es afiliado.
El denunciante indicó que hace un mes aproximadamente su hijo sufrió una quemadura leve con una estufa en la parte anterior del muslo derecho. Detalló que lo curó y en diez días su hijo se sanó.
A raíz de esta situación habló con el responsable del lugar a quien le pidió que cambiara la estufa del lugar para evitar que se produjera otro accidente, con su hijo o algún otro paciente, recibiendo la promesa del responsable de adoptar alguna medida al respecto. La estufa en cuestión es una pantalla colocada en una garrafa. Fue comprado un calefactor eléctrico, aunque la pantalla siguió en el mismo lugar y el seis de este mes, su hijo volvió a quemarse, aunque en esta oportunidad le tomó fuego el pantalón.
Una empleada del lugar auxilió al hijo del denunciante apagando el fuego con sus propias manos y evitó que el hijo del denunciante sufriera quemaduras de más consideración.
No obstante debió llevarlo a un centro asistencial privado, luego a un cirujano plástico quien dijo que haría todo lo posible para evitar un injerto de piel. El propio padre curó al joven, puesto que cuando lo dejó en el establecimiento, en algunas ocasiones no le administraron los antibióticos.
Denunció además que algunas personas que desempeñan tareas en el lugar no son enfermeros ni poseen conocimientos para atender a los pacientes allí alojados.
Finalmente indicó en la denuncia que debió llevar a su hijo al Hospital Municipal Ramón Santamarina y que lo tiene en su propia casa hasta tanto pueda alojarlo en otro centro asistencial.
Este medio cuenta con una copia de la denunciada formulada por el vecino, cuya identidad se preserva por estrictas cuestiones laborales.
Consultadas fuentes oficiales se dejó en claro que el lugar es privado y que las esferas municipales pueden actuar a partir de alguna denuncia.
En primer término el establecimiento podría ser observado por personal de Inspección General; del área de Desarrollo Social e inclusive de Bromatología.
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