31 de octubre de 2013
Por Hugo Mengascini
El proyecto de los Policlínicos Ferroviarios que, en Tandil, tuvo como gestores a Francisco Saux, José Lebonato y Benjamín Escudero en representación de La Fraternidad, la Unión Ferroviaria y la Sociedad de Socorros Mutuos “La Mutual”, había comenzado en 1939 cuando los sindicatos ferroviarios (a nivel nacional) obtenían la autorización de sus afiliados para descontar por planilla de sueldos una determinada cuota que voluntariamente aportarían los socios de los gremios a esta iniciativa.
En 1952, con un significativo respaldo del gobierno peronista, abrió el Policlínico Ferroviario Central en Buenos Aires con más de 600 camas. Posteriormente fue ampliada su capacidad hasta llegar a ser hospital escuela, dado que allí los estudiantes de medicina realizaban sus residencias. De este modo, el Policlínico Central se convertía en un relevante centro de salud formador de médicos, enfermeros y sede de encuentros internacionales sobre medicina. Por esos años, la obra social de los ferroviarios llegaba a 225.000 afiliados, mientras que en el país eran inaugurados 78 edificios entre policlínicos, salas y consultorios externos.
En el ámbito local, en julio de 1945, la Municipalidad donó durante la gestión del comisionado Dr. Rozzi, la suma de 5.300 pesos para la adquisición de un terreno constituido por 38 lotes (una manzana con una extensión de 16.874 metros cuadrados), ubicado en el barrio de Villa Italia donde se levantaría el sanatorio regional.
Luego de ocho años de intensos esfuerzos y gestiones, el 31 de octubre de 1953, se llevó a cabo el acto de inauguración del Policlínico regional para ferroviarios con la presencia del gobernador Carlos Aloé. En tanto que el 16 de noviembre abrió sus puertas a la comunidad con 74 trabajadores de la salud.
El establecimiento asistencial dotado con amplísimas comodidades y modernos equipos, al servicio del sector obrero ferroviario de la región, sería uno de los principales centros de salud que en ese momento funcionaban en el país. Tenía consultorios para todas las especialidades médicas: odontología, otorrinolaringología, clínica quirúrgica, clínica médica y metabolismo basal.
También contaba con un laboratorio, sala de guardia, farmacia y depósitos, amplios ambientes para la dirección y administración, departamento para médico interno, sala de rayos X construida con paredes de plomo, depósito para radiografía, diez salas de internación con cuatro camas cada una y roperos de metal individuales, sala de yesos, sala de cirugía y sala auxiliar de cirugía, sala de partos, sala de maternidad con seis camas que podían extenderse a diez, sala de enfermeras, dos salas de infecciosos, cocinas, antecocinas, ropería y costura. Asimismo, poseía un moderno sistema de calefacción central y máquinas sépticas con dos bombas de expulsión y horno de incineración de gran capacidad.
Los reconocidos profesionales de la medicina que, desde el inicio, trabajaron en el Policlínico fueron:
- Clínica médica: Daniel Grasso, Hugo Falcone y Debilio Blanco Villegas.
- Clínica quirúrgica: Pedro Cereseto y Jorge Curuchet.
- Vías respiratorias: Víctor Magrini.
- Odontología: José Martín Azurmendi, Horacio Elsegood y Carlos Harispe.
- Ginecología: Remo Benaghi.
- Obstétricas: Inés Del Toro y Neris Viscovi.
- Rayos X: Enrique yacuzzi.
- Oftalmología: Abraham Zalíz.
- Niños: Lisardo Cabana.
El primer director médico del Policlínico fue Mariano Bordón, en tanto la dirección administrativa estuvo a cargo del dirigente de la Unión Ferroviaria Mario Pérez. Después del golpe militar de 1955 fueron reemplazados, hasta 1973, por el Dr. Martínez Goya y Fernández Liera. El Dr. Jorge Gentile y Oscar Rojo lo hicieron hasta 1976, mientras que González Guerra y Barilaro fueron los directores hasta mediados de los años noventa.
Además, el Policlínico de Tandil contaba con una asociación cooperadora integrada por tres representantes de La Fraternidad y tres de la Unión Ferroviaria que trabajaba ad honoren. En la misma, se destacaría uno de los principales mutualistas de Tandil del siglo pasado, el presidente de la Agrupación de Jubilados Ferroviarios, Agustín Sívori, quien desplegó una importante actividad solidaria y de contención para con los compañeros que requiriesen internación.
Pero en 1960, en tiempos de Frondizi, el gobierno contrató a un grupo de consultoras extranjeras dedicadas al tema transporte a los efectos de elaborar un informe acerca de la situación en la que se encontraban los ferrocarriles. Y al año siguiente, se daban las pautas para un nuevo sistema de transporte. Así pues, se puso en marcha el denominado Plan Larkin que consistía en el desguace y cierre de talleres. Los ramales considerados antieconómicos fueron paralizados –alrededor de 4.000 kilómetros de vías- y la dotación del personal, a través de cuantiosas indemnizaciones, se redujo drásticamente. Como consecuencia de la brusca caída del personal ferroviario, se generaría una crisis en el sistema de salud de los sindicatos ferroviarios.
El desmantelamiento de las redes ferroviarias del país se profundizó en la década de los noventa. En 1993, la situación financiera de los policlínicos se agravó cuando el presidente de la obra social de los ferroviarios entregó en concesión el servicio de salud llevado a cabo por los policlínicos a la empresa Innovación Médica (IMSA).
La desintegración del sistema de transporte ferroviario, por lo tanto, produjo en 1999, el cierre del Policlínico Central cuando el número de afiliados de la obra social de los ferroviarios, se vio mermado en alrededor de 17.000. De la misma manera, fueron desactivados todos los centros de salud del resto del país.
En Tandil, hacia fines de los años 1990, el Policlínico Ferroviario tuvo un cierre poco claro, controvertido. Tiempo después, ya iniciado el mandato del Intendente Miguel Lunghi se llevarían a cabo gestiones para que el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, apoyara la adquisición del ex policlínico con la intención de establecer un hospital de niños, pero esa propiedad ya había sido vendida a una sociedad anónima (un grupo de médicos locales y un profesional de la medicina de Capital Federal).
De modo que, a partir del derrumbe y el trágico cierre de los policlínicos se ponía fin a un período trascendental de la salud pública de los trabajadores ferroviarios y sus familias, dejando desprotegida la sanidad de una importante comunidad obrera.
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