25 de abril de 2010

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Historias del Bicentenario: Inglaterra y la Revolución de Mayo

Por Daniel Carlos Argemi (Prof. de Historia- Prof. en Ciencias Políticas)


Siempre hubo países o estados más poderosos que otros en la historia de la humanidad. Por sus recursos naturales, por su fuerza militar, por razones culturales u otras causas, hay quienes imponen conductas, crean condiciones de dominación o solamente sujetan desde el sistema económico a otros pueblos más débiles o vulnerables en ese momento histórico (puede ser por una combinación de ellas). En la actualidad, leyendo el diario se descubre que la “comunidad internacional” da pruebas cotidianas de esto.
Cuando uno se remonta al período que analizamos desde esta columna, se ve que Gran Bretaña era una enemiga natural del Reino de España, porque ambas siempre buscaban tener un predominio mundial como potencias dominantes. A comienzos del Siglo XIX, la primera estaba en constante ascenso y la segunda, en un permanente declive. Sobre todo, luego del Pacto de Familias (la familia de los Borbones gobernaba en ambos reinos) que ligaba a la Madre Patria con los intereses de Francia (que era más poderosa).
Con relación al Nuevo Continente, las derrotas navales de Cabo San Vicente (1797) y Cabo de Trafalgar (1805) en dos conflictos diferentes, habían diezmado la flota de guerra española, lo que impedía una protección efectiva de los barcos mercantes que cruzaban el Océano Atlántico y la efectiva defensa de sus costas. Muchas islas se habían perdido y pasado al control inglés en los últimos 200 años.
Aprovechando el momento, los británicos ahora aspiraban a lograr nuevas conquistas en el territorio continental, como lo marcan las llamas Invasiones Inglesas al Río de la Plata. Pero en este caso, ellos pensaban que la población criolla los recibiría con los abrazos abiertos porque estaban cansados del dominio español.
La dura derrota militar sufrida en 1806 y repetida al año siguiente, les mostraría a los “gringos” que el pueblo rioplatense no quería cambiar de “dueño”, sino que tenía un sincero deseo de forjar su propia historia (como lo demostrará unos años más tarde). Un acontecimiento importante para entender la situación local, fue la fuga de los principales jefes ingleses capturados el año anterior.
El día 25 de febrero de 1807, se facilitó al General William Carr Beresford y al Coronel Denis Pack, el traslado a Montevideo. La intención del grupo que lo hizo posible era que hablaran ante las autoridades británicas, para lograr que en lugar de conquistar la colonia, se los ayudara a lograr la Independencia de España. Los principales implicados según la documentación que hay en el Archivo Histórico Nacional, fueron: el secretario privado del Teniente General Liniers, don Saturnino Rodríguez Peña, el encargado de la custodia de los presos, Capitán Manuel Aniceto Padilla, don Pedro José Zabala y el doctor José Presas, entre otros. El primero de ellos, al tener que exiliarse, se instaló en Río de Janeiro, desde donde siguió buscando alternativas para promover la libertad de estas tierras.
Las respuesta británica no fue inmediata y desde 1808, comenzaron a ser aliados de los españoles contra Napoleón Bonaparte. Durante todo el proceso revolucionario (1810 a 1825, cuando los españoles son definitivamente derrotados en Ayacucho, Perú) su política consistió siempre, en proteger su comercio y mediar entre la Corona española y los distintos gobiernos patrios, para que solucionaran todas sus disputas sin afectar sus intereses (la documentación existente es lo suficientemente clara al respecto, más allá de las distintas interpretaciones que puedan hacerse).
De cara al Bicentenario, podemos sonreír ante la acción casi inocente de don Saturnino Rodríguez Peña y compañía, porque sabemos que un país se vuelve poderoso solamente por las conductas de su pueblo y las decisiones de sus gobernantes; y sobre todo, cuando la mayoría respalda seriamente un proyecto común; es decir, un conjunto de objetivos a largo plazo, de valores compartidos y una sociedad digna con lugar para cada uno de sus miembros. En conclusión, un país verdaderamente soberano y que ocupe un lugar importante en la comunidad internacional, es fruto de un trabajo en común y de una clase dirigente comprometida. Nadie de afuera puede hacer lo que los propios habitantes no logran... ソestamos de acuerdo, señor lector?... ソqué nos pasó en los últimos 200 años?

BIBLIOGRAFヘA: Orígenes de la Nación y del Pago Chico. Ediciones del Fuerte. 2009

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