28 de marzo de 2010

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Historias del Bicentenario: La economía virreinal y la revolución

Por Daniel Carlos Argemi
(Prof. de Historia-
Prof. en Ciencias Políticas)

Cualquier comunidad organizada necesita compartir una serie de hábitos, costumbres y valores, para que la convivencia sea posible. El sistema económico, entendido como la relación de los hombres con los recursos necesarios para proveer las necesidades de la subsistencia y el bienestar, no escapa a ello. Los productores deben buscar ganancias y pensar en el beneficio del resto de la comunidad. Los trabajadores, en tener ingresos justos y en comprometerse con sus tareas. El gobierno, en buscar el bienestar de todos y crear condiciones para generar riqueza, que luego sea repartida con equidad.
Pareciera que a nuestro querido país todavía le falta mucho por recorrer para llegar a lo que parece una utopía, pero que en varios Estados funciona con sus altibajos.
Como todo imperio conocido en la historia humana, España desde el siglo XV tenía una explotación sobre sus colonias basada en el monopolio comercial. Solamente se podía comprar y vender a mercaderes autorizados por la Corona. Para resolver el desabastecimiento de productos, conseguirlos más baratos y acceder a los artículos suntuarios (de lujo), el contrabando era la actividad más floreciente. Los habitantes del Río de la Plata lo practicaban con buques franceses, holandeses y principalmente ingleses, entregando a cambio cueros y plata.
Pero, a mediados del Siglo XVIII el gobierno español vio cada vez más claramente la necesidad de realizar reformas. Como fruto de ellas, se instaló el Real Consulado de Buenos Aires en el mes de mayo de 1794. Las funciones que tenía eran: facilitar el tráfico comercial interior, fomentar la diversificación de la producción económica, contribuir a la introducción de nuevas máquinas y herramientas y ayudar a la mejora de los puertos.
Desde el comienzo, se notó una fuerte puja entre sus integrantes que defendían intereses sectoriales (como siempre). Ante el notable aumento de la actividad portuaria de Buenos Aires y del intercambio mercantil, aparecieron dos grupos diferenciados. Por un lado, estaban los monopolistas ligados a las grandes casas comerciales de España, que pretendían muy pocas medidas de liberalización económica. En una postura distinta, se encontraban los partidarios del librecambio que estaban ligados a los pequeños mercaderes locales y hacendados, que tenían interés en la exportación de la producción local y buscaban una apertura del comercio exterior y nuevos circuitos de intercambio.
La agricultura era una actividad practicada en la campaña bonaerense, pretendía el autoconsumo y la venta a los centros urbanos cercanos. No encontraba muchos incentivos para su expansión, porque casi todas las medidas del gobierno, se inclinaban por la ganadería. El abastecimiento de trigo a las ciudades dependía del clima y ante cualquier faltante, subían desmedidamente los precios; entonces, las autoridades intervenían para bajarlos, volviendo poco redituable la próxima cosecha. Los valores fijados tenían un fuerte componente político y no respetaban los costos de producción. A esto, se sumaba la falta de mano de obra y el deterioro de los caminos, lo que explicaba el estado de la agricultura.
Para intentar alterar un poco las consecuencias de tal situación, en la sesión del Real Consulado del día 14 de junio de 1798, fue tratada la inquietud de los agricultores en la conocida "Representación de los Labradores". Pedían la liberalización del comercio de granos. El argumento principal era “se deja que el precio suba para aumentar el área sembrada y así se incrementa la producción”. A largo plazo, ante el crecimiento de la oferta, el valor del trigo bajaría sin lugar a dudas (una mirada ingenua, típica de la teoría liberal de los primeros tiempos). La solicitud fue denegada sin buscar otras alternativas, utilizando el argumento de cuidar el abastecimiento del mercado interno.
La Primera Junta que asumió el día 25 mayo de 1810, declaró casi inmediatamente el libre comercio, aunque ello favoreció a los agricultores recién 70 años después.
Pasaron más de 212 años, sin embargo nuestra economía sigue teniendo graves y recurrentes problemas de oferta (ahora le toca el turno a la carne). La respuesta de las autoridades de turno siempre es tan cortoplacista como lo fue la del gobierno colonial español. De cara al Bicentenario y para pensar un futuro mejor, pregunto… ソqué le parece, señor lector?... ソAprenderemos alguna vez?

BIBLIOGRAFヘA: Orígenes de la Nación y del Pago Chico. Ediciones del Fuerte. 2009.

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