27 de noviembre de 2009

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Historias del Norte bravo

Cuando hablamos de nuestros criollos y al decir criollos me refiero a los hombres ligados a la labor campera sean de la zona que sean de nuestro país siempre traigo a colación su calidad como hombre y su vocación de servicio ante autoridades y patrones puesta de manifiesto ante cualquier tipo de eventualidad tanto en la guerra como en la paz, en esta historia del padre Castellani, que escribe con el seudónimo de Jerónimo del Rey, nos relata una historia verídica sucedida en la provincia de Santa fe en el año 1923, que nos pinta a un criollo mesopotámico de cuerpo entero y que se ajusta como anillo al dedo al concepto antes mencionado:
“- ¿y vos en que te fundas?
-En nada patrón. En que es un hombre malo.
-¿Malo, el negro Rojas? Salí de ahí. Cobarde será. Si usté hubiera visto la cara que puso el otro día, cuando usté se jue’… los ojos le relumbraban… ojos de gato onza…
- y yo ¿Qué diba hacer? ¿no hice bien?
- un rebencazo es cosa triste y le duele a un hombre hacerla pero ¿Quién sino el tuvo la culpa?
-el dijo: esto no le vi’ a perdonar, porque esto no se puede perdonar, el dijo. Y dice Sandalio: ¿y pa’ que le lastimas el tordillo del patrón vos? ¿No está prohibido los piones nosotros? Y el no dice nada… es como iguana patrón que muerde callao, pero una vez que muerde no larga.
- el indiecito Cleto estaba hasta enloquecido porque se ve que le tenía cariño a Don Policarpo Castro. Pero Don Poli era valiente, demasiado valiente y tenía mucha confianza en si mismo para hacerle caso. Alto, delgado, bien hecho, barba negra y rala, derechito, tranquilo, algo pachorriento, el capataz de la estancia “Las Garzas” era un hombre. Me acuerdo la primera vez que lo vi (yo era un chico) fue en el puerto de Goya bajando de un vaporcito, con la mano vendada y los ojos chicos y negros ardiendo de fiebre. Le preguntaron: ¿Qué le pasa Don?
- he perdido un dedo
-¿Cómo ha sido?
- entonces contó que había sido estando en la isla cuereando un vacuno que se había muerto y cortándolo se lastimo un dedo. Y Al estar estaqueando el cuero viene un peón y le dice:
- oiga patrón usté está perdido
- ¿Qué?
- se ha cortado en erl dedo grande y ese animal a muerto de grano malo.
-¿De carbunclo?
- Eso es. Y usté ya está contagiado fundido.
- Vas a ver dijo Don Poli.
- En “Las Garzas” todos los hombres de campo llevan machete paraguayo grande y pesado, para picadas y cortar la caña de azúcar.
El capataz apoyo la mano encima de un poste, lo desenvaino, vacilo un momento, revoleó y ¡Paff! Hizo saltar el dedo pulgar de un hachazo. Se puso barro en el dedo y salio aullando machete en mano. Y lo mejor hubiera sido cortar toda la mano concluyó porque creo que ha corrido toda la ponzoña y tengo jiebre y ardo. A lo mejor me muero…
No se murió. Ni de esta ni de la del negro Rojas. Esta era un mulato petiso y morrudo ojos atravesados que habían admitido meses antes en la estancia y servía por descuidado y matón. Así que lo iban a echar y el capataz se lo había dicho. Y lo vió venir un día a caballo, estando el rodeando la yeguada para elegir para las hijas del patrón unas potrancas lindas, mansas y de andar. Le gritó:
-¿Qué queres? Bajate a ayudar.
- Arrimese acá capataz, que tengo un mandato urgente del patrón pa’ usté. Tome dijo el correntino humildemente. Y cuando lo tuvo junto a él, con su sombrero y riendas en la mano, todo sudado, echo Rojas a un lado de un sacudón el poncho, saco la mano con el machete empuñado y le tiro a la cabeza, de arriba abajo, un golpe furibundo. El capataz se vino al suelo redondo y el asesino salió disparando a todo escape, con la precipitación desesperada del criminal, que no se anima ni a mirar a su victima.
Pero Don Poli se levanto al rato se encasquetó fuertemente el chambergo, alzo los puños y gritó:
-Te vi’ agarrar algún día a vós, te vi’ agarrar en limpió, dispará nomás, correntino tenías que ser.
Y se fue adonde estaban las yeguas escapándosele.
- Asujetate lobuna, quieta negra, atajame por aquel lado aquella reyuna, vos, apurate queres (al peón que acudía presuroso). No, si no jue’ nada me caí… porque me caí, vos atendé aquí ¿queres? ¡Demonio! ¡Animales! Aura vas a dejarlas escapar por ese lao’ esu es por ese lao’ animal.
Y después que acabo la tarea se fue tambaleando al patrón y le dijo: ¡había sido traicionero el correntino? ¡Demonio! ¡Quién iba a creer!
-¿Qué fue?
-Esto.
-Y agarrando el sombrero se lo sacó de un tirón y un enorme cuajaron de sangre descendió por el pelo y los hombros el machete no partido el cráneo como debió, instintivamente el capataz se había agachado y no le había alcanzado más que un tajo atroz del occipucio a la frente, u n refilón, como una caladura de sandía.
- Había traicionero el correntino, pero al día va cair.
- Ahí a juera están las yeguas patrón.
- Y por eso mi abuela me decía cuando yo me hacía una lastimadura y me iba desecho en lágrimas llorón. Si sos varón de esta tierra tenés que ser como Policarpo Castro.
Y me contaba después este sucedido.”
En la ilustración que acompaña la nota vemos otra magistral pintura de Carlos Montefusco con la imagen de un paisano correntino desensillando arquetipo de los criollos del relato.
Buenos amigos un saludo y hasta la próxima.
Correo de lectores abierto.

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