9 de marzo de 2017

Mundo

Mundo. Holanda va a las urnas en unas elecciones claves para el futuro de Europa

Los holandeses elegirán un nuevo gobierno la semana próxima y abrirán así
el calendario electoral de un año clave para Europa, en medio de un declive
de los partidos tradicionales del continente y un ascenso de fuerzas
euroescépticas de ultraderecha con una agenda xenofóbica, sobre todo anti
islam, y proteccionista.
La importancia de las elecciones del miércoles próximo en Holanda radica en
que un buen desempeño o un sorpresivo triunfo del candidato de extrema
derecha Geert Wilders podría tener un fuerte impacto en los comicios del
mes próximo en Francia y de septiembre en Alemania.
En estos países, que al igual que Holanda forman parte del núcleo fundador
de la UE, la derecha xenófoba también ha ganado un fuerte protagonismo
impulsada por la crisis de refugiados, los recientes atentados islamistas
en Europa y por la victoria de Donald Trump en Estados Unidos y del Brexit
en el Reino Unido.
Con una tasa de crecimiento del 2,3% y un 5,4% de desempleo, la clave de
los comicios del 15 de marzo no es la economía sino la cuestión de la
identidad en un país de unos 17 millones de habitantes donde en los últimos
años el número de inmigrantes ha superado al de los emigrantes.
Con esta premisa de defensa de la identidad como bandera, una treintena de
partidos batallará el próximo miércoles para quedarse con alguna de las 150
bancas en juego, en unos comicios marcados por la atomización, que obligará
a los principales partidos a hacer coaliciones para poder formar gobierno.
De los 31 partidos que se presentan, sólo 14 obtendrían los votos
suficientes para conseguir representación parlamentaria, según los sondeos,
que anticipan que el próximo gobierno necesitará una coalición de al menos
cuatro o cinco partidos.
Un estudio de la televisión pública NOS, que recoge una media de seis
encuestadoras, concluye que el Partido Popular de la Libertad y la
Democracia (VVD) del primer ministro, Mark Rutte, conseguiría 25 escaños
(16,67% de los votos), uno más que el ultraderechista Partido de la
Libertad (PVV), de Wilders.
Rutte adelantó que no piensa formar un gobierno de coalición con Wilders,
en unas declaraciones que anticiparon que las dos semanas posteriores a las
elecciones serán de tensas negociaciones para poder alcanzar acuerdos que
permitan la formación de un gobierno.
El político liberal, de 50 años, no confirmó con qué partidos intentará
aliarse, aunque reconoció que los democristianos del CDA y los liberales de
izquierda del D66 son los más cercanos al VDD "desde el punto de vista
programático".
Rutte prometió bajar los impuestos a las clases medias e inversiones en
infraestructura y Defensa.
Si bien es un defensor de seguir formando parte de la Unión Europea (UE),
considera que el bloque debe centrarse en promover el mercado interno y
proteger las fronteras.
La retórica antieuropeísta de Wilders, de 53 años, obligó a la mayoría de
los candidatos a modificar sus discursos para poder interpelar a un
electorado que siente que las decisiones ya no las toman los políticos a
los que eligieron en las urnas, sino las autoridades de la UE desde
Bruselas.
La preocupación por la cuestión de la identidad es real, pero los políticos
recién se hicieron eco de esta demanda a partir del crecimiento de Wilders
en las encuestas.
El ultraderechista venía encabezando los sondeos e incluso amenaza con
liderar a los movimientos euroescépticos de Europa.
Pero en las últimas semanas comenzó a caer luego de que la detención de uno
de sus custodios vinculado a una supuesta filtración de información a una
banda criminal, lo obligara a recluirse y a dejar de lado por un tiempo sus
ya de por sí escasas apariciones públicas.
Wilder es políticamente incorrecto: dice que los marroquíes que viven en
Holanda son "escoria", quiere cerrar las mezquitas, prohibir el Corán y
deshacerse de la UE, a la cual culpa de los recortes económicos que se
aplicaron en los últimos años.
También promete cerrar las puertas a los refugiados e inmigrantes
provenientes de países de mayoría musulmana, paralizar las solicitudes de
asilo y clausurar los centros de acogida.
Su programa, resumido en una carilla, no contiene ninguna propuesta sobre
salud o educación.
Pero muchos holandeses, pese a no coincidir plenamente con sus posturas más
radicales, sienten que es el único político que se preocupa por la pérdida
de la "identidad nacional" ante el crecimiento de la inmigración musulmana,
un fenómeno que comenzó hace tres décadas y se incrementó con la reciente
crisis de refugiados procedentes de Siria e Irak.
No obstante, casi todos los partidos políticos holandeses rechazan aliarse
con el político ultraderechista.
El único partido que dijo que no tendría problemas en aliarse al PVV es 50
Plus, una formación cuya principal bandera es la defensa de los jubilados.
El PVV y 50 Plus coinciden en algunos puntos como la abolición de un
impuesto anual a los seguros privados, el aumento del gasto público en los
hogares de ancianos y la promesa de volver la edad jubilatoria a los 65
años.
La tercera fuerza política podría ser Groenlinks, cuyo líder, Jesse Klaver,
está siendo comparado con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, por
su parecido físico, y con el ex presidente de Estados Unidos Barack Obama
por su discurso de "esperanza y cambio".
Klaver, de 33 años, es el único político que atacó abiertamente a Wilders y
logró catapultar a su pequeño partido de cuatro diputados al sitial de
tercera fuerza política.
Pero en estas elecciones, la palabra clave no es cambio sino identidad y
quien logre interpelar a ese electorado será el que tenga más votos.
Luego empezará otra batalla, a puertas cerradas, para formar gobierno.

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