8 de mayo de 2009
"Yo le pediría que lo liberen. Errar es humano. Tiene familia, hijos. No fue para tanto". Con éstas llamativas palabras la víctima se dirigía al Tribunal a propósito de su victimario. La declaración formaría parte de un juicio particular, en el que se intenta hacer justicia con lo que marca el Código Penal frente a personas que parecieran manejar otros códigos, a pesar que se estuvo a escasos centímetros (de cualquiera de las cinco puñaladas) para terminar en una muerte.
Ayer comenzó la audiencia oral y pública en torno a un hecho ocurrido el 29 de abril de 2007, en el barrio Las Tunitas, donde un hombre resultó herido de varios puntazos tras mantener una discusión con quien ahora estaba junto al defensor oficial aguardando el curso del juicio y el veredicto que resolverá su futuro inmediato. Su presente está en la Unidad carcelaria N° 37.
Se trata de Enrique Deblinger, acusado de intento de homicidio. Quien aquel domingo de hace dos años, por razones que redundan sobre entredichos familiares y el peligroso aporte del excesivo consumo de alcohol, derivó en una reyerta con un hombre que quedó seriamente herido de arma blanca. Más precisamente José Alberto García, alias Tato, terminó en grave estado internado en el Hospital, con cinco puñaladas.
Ayer, aquellas heridas parecieron haber cicatrizado, como también el presunto rencor para con quien resultó su agresor. Es más, una vez culminado su acotado relato (no se acordaba prácticamente nada de aquella tardenoche del incidente) no dudó en levantarse frente al Tribunal y dirigirse hacia el acusado sentado junto a su defensor, doctor Diego Araujo. Lo saludó con aires campechanos al imputado, dejando la percepción que ya lo había perdonado. O más aún, él se sentía culpable de haberlo colocado donde ahora, acusado de querer matarlo.
En ese contexto, con ciertas situaciones rayanas en lo bizarro, transcurrió el juicio llevado adelante por el Tribunal Criminal N° 1, en esta oportunidad integrado por el doctor Pablo Galli como presidente, y los pares Eduardo Uhalde y Gustavo Abudarham, del Tribunal N° 2 de Azul.
El fiscal de Juicio, doctor Gustavo Morey, mucho trabajo tuvo para tratar que primero quien resultó víctima como los testigos dispuestos para la audiencia comparecieran tal lo habían realizado en la instrucción penal que el propio funcionario judicial había llevado adelante. Con la víctima relativizando el asunto y los testigos desmereciendo sus propios dichos de aquel domingo de hace un par de años, transcurrió la primera audiencia que tendrá su correlato hoy, con el comparendo del último testigo de cargo que restaba encontrar (faltó a la cita), para luego seguramente dar lugar a los respectivos alegatos.
DECLARACIONES
Tras conformar la introducción de lo que resultaría el hilo argumentativo acusatorio del fiscal como la hipótesis de la defensa, tras considerarse cómo se habrían sucedido los hechos (ver recuadro), empezó el desfile de testigos. Hombres vestidos con atuendos camperos, conocidos entre sí por su trabajo en común en algún campo de la zona o por ser vecinos en Las Tunitas, y mujeres curtidas con cierto fastidio por tener que ocupar toda su mañana en un asunto que al decir de sus propios dichos como figuras gestuales, poco y nada le interesaba esclarecer. Fue el propio Tato García el primero en comparecer. Quien con aires campechanos y un aspecto físico cargado de duro trabajo e intensa vida acompañada de algunos excesos, intentó recordar a sus modos y sus formas lo sucedido. En verdad, reconoció entre su precario léxico sobre su adicción al alcohol, producto por el cual lo llevó a protagonizar más de un incidente, aunque nunca de esta gravedad en que lo dejó tendido en el suelo con cinco apuñaladas. Supo de intervenciones médicas por su adicción e incluso de su par de internaciones en el centro de salud mental.
Sin querer tampoco recordar mucho, García dedujo dentro de su limitado relato que la pelea se pudo desencadenar por su culpa. "Algo le dije, pero no me acuerdo qué", intentó responder frente a la trabajosa indagatoria del fiscal como de los jueces.
Afirmó que desde el mediodía de aquel domingo que venía consumiendo alcohol y al momento del hecho estaba muy borracho, lo que implicaba no recordar prácticamente nada de cómo se desató la pelea con Deblinger.
Luego llegó el turno de la hija de Tato García. Una joven que a todas luces se mostró inquieta por estar donde estaba y terminó descolocando al fiscal, quien tras su contradictorio relato terminó pidiendo su detención por lo que presume un falso testimonio.
Es que la mujer, hija de Tato, en la instrucción había asegurado haber visto cómo el acusado había agredido a su padre, e incluso ella misma se dirigió al propio fiscal para contar su versión.
Sin embargo, ayer, frente al fiscal y los jueces, seguido desde uno de sus perfiles por el acusado, dijo haber mentido en aquella oportunidad. Que su verdad era la que ahora -ayer- estaba dando cuenta en la audiencia, esa presunta nueva verdad que aludía a que ella no había visto nada, que no estuvo en el lugar y que se había dejado llevar por comentarios del barrio. El fiscal Morey intentó de una y otra forma hacerle cambiar de su nueva tesitura, pero todo resultó en vano. Incluso el juez Galli le llamó la atención al agente fiscal frente a cómo debía procederse frente a este tipo de situaciones.
Así fue que finalmente Morey solicitó la detención de la joven, que para tal fin incluso se la demorara en ese mismísimo instante. Petición que los jueces desecharon hasta nuevo aviso, una vez resuelto el entuerto que los había convocado al juicio, léase la situación de Deblinger.
Antes de irse la muchacha, el fiscal tampoco obvió una situación que pidió que constara en el acta del Tribunal: el acusado le guiñó un ojo a la testigo una vez dicho lo que dijo.
Tras la tensa situación fue el tiempo de otro testigo, Mario Julio García, actual pareja de la ex mujer de la víctima. El hombre no aportó mayores datos que sirvieran a esclarecer el hecho tampoco. Dijo que aquel día estaba alcoholizado, que había compartido un asado con el imputado y no mucho más para recordar. Al igual que la primera muchacha, ahora el hombre dijo que en su primera declaración, frente a la policía que le había dicho quién había sido el agresor y cómo se sucedieron los hechos, no era cierta. Había mentido y la falacia se había sustentado en lo que había escuchado de los vecinos.
Tras un par de declaraciones que no aportaron tampoco demasiados elementos sustanciales, llegó el tiempo de la mujer del acusado, hijastra de la víctima, y testigo privilegiada -aunque interesada- del incidente que casi termina en muerte.
La mujer recordó que su padrastro era de mala bebida, que vivía borracho y provocaba una reacción violenta para con quien se le cruzaba. Incluso a su círculo íntimo. También la ex mujer de García ratificó éstos dichos, acerca de los maltratos padecidos por quien fue su pareja durante una veintena de años.
El último de los testigos resultó el hermano de Deblinger, Hugo, quien también era amigo de García y aportó que éste tomaba mucho y el consumo lo ponía violento, aunque aportó un comentario sutil que sería tenido en cuenta luego factiblemente por el fiscal. Dijo que si bien se ponía violento si se lo ignoraba no pasaba nada, había que dejarlo y listo. Cuestión que claramente su hermano no hizo aquel domingo de hace dos años.
Con la necesidad de contar con otro testigo que faltó a la citación, la audiencia pasó para hoy a las 10. Una vez escuchado su testimonio, será el turno de los alegatos de las partes.
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