24 de junio de 2009
Escritor argentino, poeta, investigador, recopilador, amable conversador apasionado, titiritero. En sus viajes por el mundo pasó reiteradas veces por Tandil con sus libros y sus títeres siempre haciendo amigos, siempre haciendo reír con sus personajes y sus historias. Hizo de la vida una larga aventura en la que se hace difícil separar al hombre de su obra.
Humana mezcla de magia y realidad, de picardía e inocencia de ignorancia y sabiduría, todo con trampa más todo con ingenua sinceridad ha concebido su obra. Deslumbrandonos una manera distinta de concebir la realidad, lo muestran como a uno de los poetas de más personal y diferenciado estilo dentro de nuestro medio. Hondo conocedor de la naturaleza humana Javier Villafañe mantiene una sana y lúdica relación con la palabra, y conjuga sabiamente la picardía del poeta popular con la insobornable honestidad del gran creador. Su vocación lo ha apartado siempre de la miseria moral que encierran tantas otras profesiones y actividades, y en especial lo ha apartado de ser un literato y más aún de ser un personaje para convertirse en un ángel, que en compañía de sus criaturas de cartón y de trapo supo asomarse al alma de tantos niños y adultos, bajo los más remotos cielos de América, Europa y Asia, sabe también escurrirse por algún resquicio del universo para descubrir un impar trasmundo donde entre hilachas de vida y de muerte, de claridad y de penumbra, palpitan con un nuevo temblor los desatendidos seres y objetos de nuestra inmediata cotidianeidad.
Por otra parte sus poemas que destilan ingenio e ironía, guardan, como los de todo funámbulo un poco de amargor existencial y un final regusto de melancolía. Sus originales composiciones confirman la calidad de un lirismo estremecedoramente lúcido, cuyas humanas fibras se encuentran traspasadas por la magia.
Cuando tenía cinco años representaba junto a sus hermanos, La Historia de los descabezados detrás de unas sillas y una sábana como retablo y unos títeres hechos con medias rellenas con papel de diario, motivados e inspirados de ver las marionetas que durante años se presentaran en el Jardín zoo de Buenos Aires y de las funciones del circo de Frank Brown, aquel maravilloso payaso que supo resumir en una mueca la alquimia de la gracia y la alegría. Esas imágenes lo acompañaron lentamente en esas secretas pasiones que se edifican desde la infancia. Más tarde en los años de búsqueda y dolor adolecente descubre junto a otros amigos en el barrio de La Boca a los pupi italianos, a esas familias titiriteras, inmigrantes, descendientes de titiriteros, se hace amigo de ellos y ve como igual que sus abuelos y sus padres envejecen y mueren junto a sus marionetas. Asombrado y maravillado por estas personas despiertan en él la pasión más perdurable por el teatro de muñecos.
En el servicio militar enseñó a leer y a escribir a los conscriptos analfabetos, fundó una biblioteca donde leía cuentos y poesías a los soldados y los orientaba en la elección de los libros. Jamás tocó un fusil.
Años después Federico García Lorca en el viejo teatro Avenida ofrece una representación de sus " Títeres de Cachiporra", entre el público está Javier que en ese entonces era un desconocido total, sus escritos, sus poesías y especialmente su creación titiritera estaban en los comienzos, esa noche pudo llenar su imaginación a traves de su mirada buscadora y segura. Halla el camino más la amistad del joven poeta gaditano, contagioso, bullanguero, capaz de transmitir todo su entusiasmo por el mundo de los títeres. Y el recuerdo grato y lleno de nostalgia por ese hombre tan múltiple y rico en miles y variadas formas de la expresión artística y humana. Javier se convierte en uno de los seguidores de Lorca en esa técnica de los títeres de guante. Y a partir de ahí camino este mundo con el teatro y los muñecos al hombro y una maleta con libros con sus cuentos, sus historias, poesías, mitos y leyendas… hizo títeres donde quizo, en los patios escolares, en los baldios de los barrios, en la selva, en los puertos fluviales, en el río sobre una canoa, en el aire en un avión, sobre la vía en un tren, y en el camino, ya en un camión, en una bicicleta, en una casa rodante y en una carreta, sí, una carreta que llamo La Andariega…tirada por caballo o mula que reían al ver los títeres, desando los caminos del Quijote en España.
Nunca dejó de escribir para niños. En 1967 se exilia en Venezuela, su segunda patria, en 1984 retornó al país. El 1 de abril de 1996 se fue de gira por el aire, las noticias sobre él están en sus libros, es una historia que no tiene fin…
Hoy a las 18 en el Mumbat, Chacabuco 357 nos encontraremos para recordarlo, proyectaremos una película sobre su vida, leeremos cuentos, mitos, leyendas y poesías de su autoría y charlaremos con títeres, esos pequeños-grandes personajes que nacen del amor a la vida.
Walter Bermúdez
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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