29 de junio de 2012
En relación al último “¿quién es quié?” realizado a un soguero de nuestra ciudad, personajes éstos ligados íntimamente a la más pura tradición gaucha de nuestro medio, me referí a los extremos que se producen en las edades de aquellos que han elegido esa profesión como medio de vida, y que, como en la mayoría de los casos fue el deseo de aprenderla y una verdadera vocación la que los llevó a consumarla, al punto de que de sus manos salgan verdaderas obras de arte, apreciadas y atesoradas por los amantes de las pilchas criollas y la tradición.
Al decir extremos, me refiero a que mi último entrevistado, publicado en esta columna, es un hombre muy joven y el que nos interesa hoy, no lo es tanto pues ya pasó los cuarenta y tantos, se trata de Don Ramón García, hombre nacido en la ciudad de Laprida el 20/01/1934, que hoy a sus jóvenes 78 sigue trabajando “enredando tientos”, con el mismo entusiasmo y vocación de sus años mozos, tal es la pasión con que habla de sus trabajos en costuras y trenzas, pasión que transmite a jóvenes sogueros que se le acercan a aprender una bomba zurda o el remate del cabo de un rebenque, haciendo docencia sin ningún interés más que el de enseñar a las jóvenes generaciones un arte que sin duda no se debe perder en haras de una supuesta “modernidad”.
Es hijo de Don Pedro Gabriel García, jornalero y hombre de campo y de Doña Abelina A. Martínez, ama de casa y en los pocos ratos que le quedaban a las madres de esas épocas (crió ocho hijos)“tejendera” (para los que desconocen el término, hilaba lana de oveja y tejía con ella) y está casado con Julia Erminda Pineda, matrimonio del que nacieron también ocho hijos, Walter, Mónica, Néstor, Waldemar, Laura, Argentino y Juan José Martin (no ha perdido el tiempo el hombre). Fue en la Estancia “Santa Clara” hoy propiedad de los Fortabat donde nació Ramón, pasando luego a la Estancia “La Argentina” donde hizo sus estudios primarios y con 14 años de edad, empezó con la labor de campo, primero como cocinero, luego como alambrador y mensual, siendo su patrón el Sr. Irineo Prei.
Ya por esos años (17) y por su gran amor hacia el caballo, empezando a conocer los secretos de la doma, comienza a amansar sus primeros potros y a subir en las jineteadas y es en la Estancia Santa Clara a la cual vuelve a desempeñarse y a las órdenes del mayordomo Sr. Víctor Berrino, el cual como se estilaba en la época recorría los potreros en una volanta (entendamos que la estancia tenía 26.000 ha), para dar las órdenes a sus capataces, obligaba la peonada a los sacrificios de su esforzado trabajo donde en épocas de yerra de movían 20.000 animales y los encargados dormían en las mangas y los mensuales tenían como mínimo dos tropillas para el trabajo (no existían los cuatriciclos tan “camperos” de hoy). Vuelve a su trabajo de alambrador en el partido de Lamadrid y es contratado en el año 1968 por la estancia “Las Praderas” de Tandil para tirar 9.000 mts de alambre, trabajo que realiza a satisfacción y lo conecta con otros dueños de campo, para realizar diversas tareas, una manga para el Sr. Ángel Martiarena del paraje “La Rosada” y allí es contratado por el querido y camperazo amigo Don Abel Fernández, mayordomo en esos tiempos de la Estancia “San Lorenzo” de Valerio Zubiaurre, uno de los establecimientos mas importantes y conservadores de la tradición en su manejo, comenzando como puestero y nombrado a los cinco años de desempeño capataz de hacienda cargo que ocupa por el termino de veinte años, para luego retirarse a la Estancia 23 de Abril de la ciudad de Laprida donde ya con 60 años de edad se jubila.
Son incontables las anécdotas y vivencias que este genuino representante de una raza que desaparece, me relata en un pequeño espacio de tiempo, que indudablemente me invita a repetir mate en mano, pues no alcanzaría el espacio de esta columna para plasmar una vida de trabajo dedicada al campo y a las sogas, un hombre capaz de enseñar el retobo de un par de boleadoras de cuero de peludo, una trenza compleja para unas maneas o el como dormir envuelto en el poncho con los pies apuntando al viento. Toda la sapiencia y sabiduría con la que el gaucho se manejó en épocas sin celulares o “facebook” para resolver su día a día, dándole a sus patrones lo mejor de si cambiando tal vez la imagen del gaucho bruto, bebedor o peleador por la de los que se consagraron al trabajo digno y sin descanso en rodeos nocturnos con la escarcha sobre el poncho para no perder una vaca, pidiendo muy poco a cambio, y trabajando por el orgullo de la tarea cumplida.
Le mando mis respetos a Don Ramón García al que vemos en la foto que acompaña la nota, de chambergo junto al Sr. Albarracín, conocido soguero de la ciudad de Rauch, juez en la oportunidad, en que un trabajo del Sr. García obtuviera una premiación en el concurso de “Abuelos Bonaerenses” en el año 2008.
Bueno amigos, espero les haya gustado la nota y ¡ah! Paisano no se olvide hágase una gauchada y pase por la Sala de Hemoterapia de nuestro Hospital y done sangre, el pago agradecido, un saludo y hasta la próxima. rincóntradicionalista@hotmail.com
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