12 de enero de 2008
El concejal Hugo Escribano, que el jueves protagonizara la tumultuosa sesión del Concejo Deliberante, acusó a dos dirigentes de izquierda de proferir insultos contra miembros del bloque oficialista, con lo que justificó una reacción que –según él- consistió en pedir el final de los improperios.
Implícitamente -sin nombrarlo-, aludió al ex-candidato a intendente del Polo Obrero, Omar Olivera, a quien le adjudica las agresiones verbales de alto tono contra sus pares correligionarios, cuando se trataba el aumento del boleto de colectivo.
“No me levante a pelear con nadie. Cualquier hombre al que le insultan a la madre, viniendo de un dirigente político, y teniendo en cuenta que mi vieja está jodida de salud, lo menos que podía hacer era acercarme a reclamar que por favor pare”, indicó ayer, con los ánimos más calmos tras la irascible respuesta inmortalizada por el fotógrafo de LAVOZ.
“Iba caminando, no sé porqué me agarraron”, alegó en relación a los intentos de Luciano Grasso y Gastón Morando por tranquilizar al experimentado concejal.
“Es mentira que iba a golpear a alguien, sería una payasada. Como voy a reaccionar así en un lugar donde había 40 personas”, aclaró.
Luego profirió que “a través de las fotos aprovechan para decir que iba a matar a alguien con un revólver o una granada, pero no fue así”.
Ratificó que los dos militantes del PO “me miraban e insultaban, que querían, que me calle y los aplauda”, se preguntó con el disgusto todavía a flor de piel.
“Reaccionaré siempre igual”
Por otro lado, se negó a pedir perdón por la réplica que capturaron las imágenes y de la que fueron testigos los integrantes del HCD, periodistas y manifestantes. “Ellos me tienen que pedir disculpas, yo no insulté a nadie. De mi boca no salió ningún improperio”, aseguró el entrevistado en diálogo con este medio.
“Antes de concejal, soy hombre. No voy a permitir que ninguno insulte a mi madre. Todos tenemos formaciones distintas y queda a criterio de cada uno”, argumentó.
“Acaso para ser concejal hay que tener el título de cobarde”, se interrogó consultado por la responsabilidad institucional que deberían ostentar los representantes del pueblo en el recinto legislativo.
“A veces la imaginación de los periodistas les hace decir cualquier cosa: lo único que falta es que digan que me levanté con un revólver”, remarcó.
Desmintió que el hecho merezca un acto de desagravio, porque “primero está el hombre y después el concejal, le guste a quien le guste”.
Prometió que “cuando lo agarre en la calle le voy a decir que no insulte cuando va a la barra del Concejo. Que se manifieste de cualquier manera, pero no usen a los chicos para escondidos desde el anonimato y las sombras, agravien a los que estamos sentados en las bancas”.
“Si para ser legislador, uno tiene que quedarse tranquilo y dejarse insultar, no se preocupen porque conmigo no lo van a lograr, porque reaccionaré siempre desde la misma manera”, alegó.
Finalmente, Escribano dijo que no se arrepiente ya que “tengo una costumbre política: todavía no miento. A esta altura de mi vida, el crédito o descrédito me importa muy poco. Tengo tranquilidad de conciencia”, culminó.
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