27 de marzo de 2021
Investigadores del Instituto Superior de Ingeniería de
Software de Tandil (ISISTAN) aplicaron técnicas estadísticas y de inteligencia
artificial para analizar el contenido de cientos de miles de tuits y respuestas
sobre COVID-19 generados en Argentina entre el 1 de marzo y el 31 de agosto de
2020
Con 2000 millones de usuarios activos en el mundo y casi
5 millones en Argentina, Twitter no solo puede ser un espacio de comentarios
ingeniosos, agresiones, pendencias, noticias, banalidades, hilos de
divulgación, llamadas de atención, historias breves, propuestas, mensajes
falsos y rumores: también puede ser un "termómetro" que mide objetivamente el
estado de ánimo social durante la pandemia y hasta podría usarse para anticipar
con una semana de anticipación picos de estrés, ansiedad y depresión en la
población.
Así lo aseguran investigadores del Instituto Superior de
Ingeniería de Software de Tandil (ISISTAN), quienes aplicaron técnicas
estadísticas y de inteligencia artificial para analizar el contenido de cientos
de miles de tuits y respuestas sobre COVID-19 generados en Argentina entre el 1
de marzo y el 31 de agosto de 2020.
"Las redes sociales se convirtieron en parte importante
de la vida diaria de millones de usuarios y propician que más personas tiendan
a publicar o revelar cómo se sienten", dice a Infobae la autora principal del
proyecto, Antonela Tommasel, doctora en Ciencia de la Computación marplatense
en el ISISTAN, una unidad ejecutora del Conicet que también depende de la
Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional del Centro de la
Provincia de Buenos Aires (UNICEN).
De acuerdo con Tommasel, los mensajes en Twitter pueden
ser una especie de ventana abierta para monitorear la tendencia de las
emociones y los trastornos de salud mental en una población, incluyendo la de
la mayoría que no utilizan esa red social. "En el volumen tenemos resultados
que podrían ser representativos", dice. El análisis de los tuits permitiría
desde ajustar campañas de comunicación de los gobiernos hasta implementar
políticas públicas tendientes a prevenir o mitigar el impacto psicológico de
las crisis.
"El lenguaje oral
o escrito no solo es una herramienta para comunicarse u expresar cuestiones
vinculadas con el intercambio con otros, sino que también da cuenta de cómo
somos y qué nos pasa, incluso en aspectos que no nos son conscientes", opina la
psicóloga Analía Pesl (MN18772), integrante de la Asociación Argentina de
Psicología y Psicoterapia de Grupo, quien no participó del trabajo.
Palabras y curvas
El primer tuit oficial del Ministerio de Salud de la
Nación sobre COVID-19, lo que sería el kilómetro cero de una montaña rusa
emocional, fue del 30 de enero de 2020. Desbordaba optimismo: "El ministro
@ginesgonzalezgarcia informó que Argentina está preparada para la vigilancia,
detección, diagnóstico y tratamiento del nuevo coronavirus".
Bien al modo Twitter, que concentra el 40% del total de
usuarios de redes sociales en Argentina, ese mensaje inaugural recibió casi un
centenar de respuestas, desde algunas palabras de aliento ("Gracias ministro,
confiamos en usted") hasta irónicos emojis de carcajadas y prematuros insultos:
"No hay controles en Ezeiza, ¡andá renunciando, inoperante!".
Según describe Tommasel en un artículo en Medium, ese
tuit inicial "produjo en la población una primera reacción o percepción sobre
la crisis venidera. Conforme transcurrieron los meses y los tuits
subsiguientes, dicha percepción fue variando en el tiempo acompañada por la
manifestación de emociones positivas y negativas por parte de los usuarios".
Armaron un "mapa visual" para ir viendo la evolución e
intensidad de aparición de esas categorías de palabras a lo largo del tiempo
(Shutterstock)
Armaron un "mapa visual" para ir viendo la evolución e
intensidad de aparición de esas categorías de palabras a lo largo del tiempo
(Shutterstock)
La base de la investigación consistió en crear léxicos:
conjuntos de palabras que pueden estar agrupadas en diversas categorías y que,
en este caso, se asociaron a emociones y sentimientos. Y que luego se fueron a
rastrear y contabilizar en tiempo real en el maremágnum de palabras de los
posteos, como un bibliotecario atareado que trata de clasificar libros por su
género o temática y todos los días recibe donaciones de miles de obras sin
ningún orden.
Para un primer análisis, sobre trastornos de la salud
mental, Tommasel y sus colegas del ISISTAN (Andrés Díaz Pace, Juan Manuel
Rodríguez y Daniela Godoy) revisaron la bibliografía y construyeron colecciones
de 154 palabras relacionadas con "ansiedad", tales como pánico, ataque,
respiración, dolor o angustia; 173 asociadas con "estrés", como intensidad,
nerviosismo, tensión, trauma o distracción; y 223 vinculadas con "depresión",
como tristeza, aburrimiento, dolor, llorar, insomnio, impaciencia, abstinencia
y fatiga.
Acto seguido, a partir de una base de 145 millones de
tuits sobre COVID-19 generados en Argentina durante el periodo de análisis, los
investigadores limpiaron los retuits, seleccionaron para el análisis decenas de
miles de mensajes diarios y armaron un "mapa visual" para ir viendo la
evolución e intensidad de aparición de esas categorías de palabras a lo largo
del tiempo.
Lo que encontraron fue una tendencia de los trastornos
(o, mejor dicho, de la proporción de palabras en tuits a partir de los cuales
se inferían) que acompañaron tendencias de varias encuestas de salud mental. Y
que, además, pudo relacionarse en algunos casos con episodios puntuales, como
la suspensión de los vuelos o la flexibilización de algunas restricciones.
"El estrés se movió de forma bastante parecida con la
ansiedad y ambos crecieron a partir de marzo, con picos en los días posteriores
a la confirmación de los primeros casos y antes de la primera suspensión de
actividades. La depresión empezó a superar a la ansiedad desde principios de
abril, con la primera extensión de la cuarentena, y tomó más fuerza en mayo",
señala Tommasel, quien también es investigadora del Conicet.
Lo más curioso, o preocupante, es que todas las
categorías o trastornos crecieron tanto a partir de finales de junio (cuando ya
había 100 días de cuarentena) que los investigadores dicen que fue imposible
seguir haciendo un análisis comparativo de las fluctuaciones. Era como tratar
de medir la altura de las mareas en medio de tsunami.
Predicción y después
Los investigadores de Tandil hicieron un análisis similar
para reconstruir la dinámica de las emociones positivas y negativas, así como
para identificar distintas fases de la respuesta a una crisis. Pero también se
propusieron explorar si era posible anticipar, a partir de los datos recogidos,
el comportamiento futuro en los distintos trastornos de salud mental.
Y lo consiguieron. Tommasel explica que los mejores
resultados los obtuvieron con aprendizaje profundo, una modalidad de inteligencia
artificial: después de un entrenamiento de siete días "leyendo" tuits, redes
neuronales tuvieron una eficacia del 80% para predecir picos de ansiedad,
estrés o depresión con una semana de anticipación. El trabajo fue presentado en
el servidor de preimpresión ArXiv y enviado a publicación a la revista
Information Discovery and Delivery.
En líneas generales, los autores creen que, más allá de
los "microclimas" que pueden existir en Twitter, el trabajo reafirma que las
redes sociales reflejan ciertos eventos y estados que se suceden en la realidad
social. Y no solo eso: también pueden ayudar a pronosticarlos o proyectar
tendencias futuras.
Tommasel explica también que, a diferencia de Facebook,
más orientado a historias y familiares, Twitter es una red de mensajes cortos,
dinámica, menos restrictiva para obtener los datos, que favorece los
intercambios instantáneos en tiempo real y donde "importa más qué se comunica
que quién lo hace". "También es la red que más usan los entes de gobierno para
informar o hacer anuncios", añade. "Por lo que consideran que tiene importancia
y que tiene efectos".
¿Y no pueden influir en el análisis los trolls y otras
estrategias deliberadas para manipular el público? En realidad, el caudal de
tuits analizado es muy grande y se alimenta el sistema con datos durante varios
días, por lo que el riesgo es bajo, opina Tommasel. Otras fuentes de sesgos
podría ser la sobrerrepresentación de tuits desde la Ciudad y la Provincia de
Buenos Aires, ciertos comportamientos o poses en las redes ("se miente
bastante", cree la psicóloga Pesl) y hasta el impacto que algunos trastornos
psiquiátricos tienen sobre la actividad en las redes: un estudio español de
2019 constató, por ejemplo, que los pacientes con depresión tuitean algo menos
que el resto.
Pero Tommasel cree que la herramienta, que debería
contrastarse con nuevas encuestas en la población, podría tener utilidad para
desplegar servicios de salud o campañas públicas específicas que aborden y
mitiguen esos problemas, incluyendo el ajuste de mensajes para que no generen
determinados sentimientos y emociones negativas (por ejemplo, usar
"distanciamiento físico" en lugar de "distanciamiento social", tal como
recomendó UNICEF).
En una próxima etapa, los investigadores van a tratar de discriminar los mensajes según el perfil demográfico. "Hubo hallazgos muy interesantes, pero todavía nos quedan muchas preguntas", expresa Tommasel.
Fuente: Por Matías Loewy. Infobae.com
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