29 de mayo de 2008
Edificada alrededor de un anillo que parece proteger a la vieja estación ferroviaria, Iraola semeja a una vieja foto color sepia. El reloj del tiempo parece amortiguado cuando la visitamos junto a dos antiguos vecinos de esa zona; don Juan Migueltorena y don José Loidi. Ubicada a 35 kilómetros de la ciudad y a pesar de tener desde Tandil tres accesos distintos (todos de tierra), no ha sido beneficiada por largos años y hoy lucha por todo aquello que perdió. Con contadísimos residentes, cada uno de ellos es representativo de los diferentes sectores que hoy la sustentan. Recorrimos ese anillo y he aquí nuestras vivencias.
EL ANTIGUO ALMACEN BARBERIA
Saúl Oscar Barbería tiene 75 años de edad de los cuales 57 los ha vivido en Iraola. Propietario de uno de los almacenes del pueblo, recuerda con un dejo de nostalgia las buenas épocas de la localidad. “Somos muy pocos los residentes aquí, nada que ver con los mejores tiempos cuando estaba, por ejemplo, la fábrica de quesos de la firma Magnasco con cerca de 40 empleados” confiesa Barbería y agrega “El expreso Río Paraná y el ferrocarril hacia Buenos Aires pasaban dos veces por día. Claro, no estaban los grandes supermercados en Tandil ni tampoco era época de autos y camionetas”. Hoy refugiado en sus pensamientos, Barbería no deja de recordar tiempos duros pero alegres, mucho más dinámicos que los actuales.
LA CANCHA DE PELOTA A PALETA
Está pegada al almacén de Barbería. Testigo mudo de grandes encuentros de pelota a paleta ya no luce como en sus mejores tiempos. “Tiene un montón de años y allí jugábamos cuando éramos chicos” nos comenta Juan Migueltorena. “Pero muchas veces se nos hacía imposible pues era utilizada por muy buenos jugadores. Allí hemos visto grandes pelotaris como Díaz, Orsini, Rivas, Roca. Los hermanos Faiella, en sus mejores momentos, también la visitaron en partidos memorables sin olvidarnos del famoso manco de Teodelina, un excepcional pelotari. Eso sí, cuando quedaba libre, era toda nuestra” agrega Juan.
EL CLUB AMIGOS UNIDOS DE IRAOLA.
Fue el pulmón social de la comunidad. Llamada en un momento sociedad de fomento Belgrano, tomó luego el nombre que lleva en la actualidad. Testigo de grandes eventos sociales de la zona, sus mosaicos soportaron multitudes de visitantes que se reunían para diversos acontecimientos. Nacido como club se transformó en sociedad de fomento con el objeto de reparar los caminos del lugar. “Posteriormente volvió a llamarse con el nombre actual, club Amigos Unidos de Iraola” nos comenta José Loidi. “Cumplió una gran labor social y en sus épocas de oro traían compañías teatrales porteñas y orquestas de radios capitalinas” agrega Loidi de esta institución a punto de cumplir 80 años.
SALA DE PRIMEROS AUXILIOS
Patricia Roxana Dulzán es su encargada. En medio de una consulta infantil comienza diciéndonos “Nuestro horario es de lunes a viernes entre las 7 y 16 hs, y los sábados de 7 a 10 de la mañana”. Con tres años y medio de residencia en la misma, también nos comenta que la relación personal es muy diferente a la que ofrece la ciudad. “Uno conoce a casi todos los vecinos y lleva en la cabeza, sin querer, la ficha de cada uno de ellos y por eso se nos hace mucho más accesible diagnosticar sus nanas. La gente viene por todo, hasta el punto que a veces se los contiene psicológicamente”. Visitado todos los días miércoles por un médico de la ciudad, desde allí se ordenan tanto recetas de medicamentos como prácticas médicas.
EL JARDIN DE INFANTES SEIMM 9
Dejamos el museo y gritos infantiles suenan en nuestros oídos. Mientras los padres están en la puerta a la espera de la hora de la salida, los niños están prestos a terminar su jornada. Silvana Chenlo es su responsable y nos dice que “ el jardín arrancó con siete nenes entre dos y cinco años, todos de Iraola. Proveniente de la Capital Federal y radicada en Tandil, Silvana admite haberse identificado con su trabajo “Me siento cómoda, aquí estamos más en contacto con la naturaleza y tengo 15 años de experiencia”. Reconoce el accionar de la cooperadora de la institución en el funcionamiento de la misma. “Su aporte es fundamental y, a pesar que muchos de ellos no son padres, todos contribuyen con la cooperadora. Nuestras necesidades están dadas en la renovación de los juegos existentes y añadirle nuevo juegos de madurez para los cuales están hechas las solicitudes correspondientes” finaliza la directora.
LA ESCUELA Nº 23
Silvia Woloszczuk vive en Tandil y viaja en moto todos los días a dar clase en la escuela. Dictó clases en la escuela Normal y en la escuela 42 de nuestra ciudad y hoy es “la maestra” de Iraola. Durante nuestra visita la encontramos al frente del aula junto a los tres alumnos que tiene la escuela. “Realizamos tareas en conjunto y las impartimos adaptándolas al año de cada uno de ellos” nos dice Silvia que trabaja con los chicos agrupados en una sola aula. Lejos de descorazonarse por tan poco alumnado, Silvia trabaja firmemente con “ sus chicos” quedando a la espera de nuevos ingresos. “El próximo año seremos más pues ingresarán otro chicos de nuestro jardín de infantes” afirma en un tono esperanzado.
LA COOPERADORA ESCOLAR
Tiene siete años de vida y el pasado día 25 renovaron sus autoridades. “Hemos conseguido algunas cosas” nos dicen estando a la espera de la salida de sus hijos. “Tenemos una cuota mensual de dos pesos pero conseguimos donaciones y realizamos torneos de truco y almuerzos. Hemos dado una mano de pintura por dentro y fuera”. El próximo martes 3 de junio será un día especial pues lo inauguraremos oficialmente después de tres años de trámites. “Estamos satisfechos pero ahora queremos obtener una heladera, pues la actual no es nuestra, y agregar un nuevo baño independiente de la escuela. También aceleraremos los trámites para incorporar una combi” finaliza la tesorera Nora Bedoya quien junto a Jorge Guerazar (presidente) Susana Hegoburu (vice) y Juan José Alvarez integran la comisión.
Un museo particular
Abandonamos la sala y en un amplio patio muy bien cuidado sobresalen “fierros” de otras épocas. A golpe de vista se pueden apreciar un sulky, una villalonga chica, un arado de mancera y un aporcador de mancera, entra otras herramientas, en un cuidado estado de conservación. Es el museo de Hugo Herrera. “Me dedico desde hace quince años en los tiempos libres” nos comenzó diciendo con un visible entusiasmo. “Empecé con los arados y de a poco fui comprando, o me fueron regalando, elementos como para tener un pequeño museo. La gente que lo ha visitado se ha quedado sorprendida”. Ingresando a su casa, el museo continúa y es apreciable ver una innumerable cantidad de cosas relacionadas con su pasión por el campo. “Todo esto lo hago solo y tranquilo” afirma orgullosamente Herrera junto a su esposa y agrega “ he tenido ofertas por algunas piezas pero no soy vendedor. Me he encariñado con ellas y por lo tanto todo esto para mí no tienen precio”.
El antiguo almacén Esnaola
Cerrando el paseo se levanta el conocido almacén Esnaola testigo privilegiado de épocas mejores, hoy cerrado. Hablando con Juan Díaz nos remontamos a sus primeros años “El almacén arrancó en el año 1906 y, luego de pasar por varios dueños, en los años 1950 tuvieron como titulares a Martín Rivas, José Salsamendi y Juan Evangelisto Díaz, mi padre” nos dice Díaz. Aquerenciado en el lugar, Juan recuerda tiempos de esplendor y de abundancia. “Del pasado por estos pagos, recuerdo cuando toda la familia de don Martín Pereyra Iraola con sus amigos venían desde la Capital Federal en un tren cuyos vagones especiales quedaban estacionados aquí hasta su regreso. Además la gente que utilizaba el tren dejaba sus carruajes hasta la vuelta de su viaje produciendo todo un movimiento que marcaron los mejores años por aquí vividos” concluye Díaz.
El recorrido en círculo se ha cerrado y nuestra visita alrededor de la estación Iraola termina. En el luminoso mediodía las últimas postales de Iraola nos llevan a pensar que tal vez algunas de sus fotos merecerían estar en los viejos almanaques del inolvidable Molina Campos donde todo es autóctono, todo es pasado, todo está detenido en el tiempo. Volvemos pensando que tal vez una esperada luz asome en un futuro cercano, la misma luz que parece vivir en el espíritu de sus habitantes. Casi aislado de nuestra cercana ciudad, su dignidad merece una oportunidad pues ”viviendo” cerca de nosotros, hoy está lejos de todo. Un sólido camino (cuesta tanto mejorarlo?) podrían florecer emprendimientos rurales como la práctica de deportes ecuestres, excursiones rurales y hasta cabalgatas que incluyan almuerzos campestres. Creemos que está todo por hacerse en un hermoso paraje que, cerca de aquí, merece ser conocido y disfrutado.
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