12 de abril de 2008

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Jorge Melo Acuarelas, dibujos y algo más

El viernes 18 de abril, a las 20, en el foyer del Teatro Municipal del Fuerte (Fuerte Independencia 360), será inaugurada la muestra del reconocido artista plástico argentino.
Trabajador incansable y apasionado, llega a los colores a través de la mezcla de texturas; colores que van buscando “lo que el cuadro le pide”, hasta lograr su objetivo.
La muestra podrá ser apreciada a partir del 18 de abril, con entrada libre y gratuita, en los horarios de apertura del teatro.
Jorge Melo o el arte de la conspiración por Carlos Nine (en periódico de arte SAAP, Nº 110, Abril de 2007)
Conocí a Jorge Melo hace más de cuarenta años, en circunstancias difíciles para mí.
No tenía laburo, andaba con mi carpeta de ilustraciones bajo el brazo, y por un azar del destino, fui a dar con mis por entonces juveniles huesos, con la agencia publicitaria donde Jorge era director de arte.
Todavía no sé por qué, pero tras considerar que las humildes artesanías que me acompañaban eran de cierto valor, me introdujo clandestinamente en el lugar. Quiero decir que nadie allí me contrato jamás. Melo me dijo “sentate aquí y hace como que estas trabajando y después de una semana se van a acostumbrar...” Y así fue. Durante casi un par de años tuve cursos de entrenamiento de supervivencia, no oficiales por supuesto, impartidos por el -ya para mí- maestro Melo.
Y Recuerdo especialmente la materia clave. La Conspiración.
La idea básica, para que se comprenda de qué hablo, es que si uno no hace exactamente lo que le gusta o no está en el lugar adecuado, es lícito conspirar para recortar y apropiarse de espacios de libertad y dedicarlos a intereses inmediatos, a territorios de felicidad personal.
Para nosotros, uno de esos territorios de felicidad era la experimentación plástica, que a ambos nos interesaba. El método era fingir lo mejor posible, y sin culpa, que uno cumpla con lo que se denomina “tarea profesional”, total, el gerente ve desde lejos a tipos inclinados sobre tableros de dibujo.
Gracias a esta situación subversiva tuve tiempo para introducirme en un campo plásticamente corajudo, absolutamente desprejuiciado, donde se mezclaban alegremente los materiales.
La tempera convivía placidamente con el látex, y la tinta china se iba de garufa con la plasticola.
Jorge tenía por esa época un arma secreta a la cual echaba mano para dar el toque final a una serie de pequeñas obras que funcionaban como carta de presentación, como obsequio, y hasta como herramienta de seducción para impresionar damas sensibles.
El agua, otro secreto del maestro: la desacralización del arte, su “uso”.
Eran pequeñas témperas de marinas, hecha con pocos trazos, esenciales, de una gran seguridad, económico cromatismo y materia espesa.
Había huellas del espíritu que presidía el mejor Corot. Conservo una de ellas. Y cuando estaba perfectamente seca, abría un cajón de su mesa de dibujo, extraía una lata de pomada wassington marrón y aplicaba una capa espesa del conocido ungüento. Después frotaba enérgicamente la superficie con un paño. El resultado de esa inesperada veladura era alucinante. La pequeña obra había devenido precioso objeto de museo, las estrías de la pincelada surgían ahora con deslumbrante protagonismo y pequeñas variaciones de grises se transformaban dramáticamente en cielo tormentoso. Y hasta perfume tenia!
Este asalto a los materiales más insólitos continúa hasta ahora, si se observa la obra con mirada reflexiva. Y lo más importante según creo, es que es imposible detectar la más mínima especulación al respecto. No hay método; hay juego y riesgo. No aparece en ningún momento la decisión estratégica de amansar al espectador con un sistema de signos que resulten fácilmente reconocibles a primera vista, como a usted, querido amigo, seguro le ocurre ante una gorda de
Botero o con los ciudadanos enanos de Seguí. Aquí no hay contraseña, y tampoco cortesía. Debe usar usted su propio juicio. Entrar conlleva riesgos porque no hay amabilidades ni obsecuencia, y algunos materiales hasta parecen despegarse de la superficie, dirigiéndose amenazantes hacia el desprevenido espectador quizá con la secreta intención de darle un sopapo para que reaccione.
Tal vez la irónica persistencia en el tiempo, para mi que conozco su trabajo desde hace tanto, es la lujosa paleta “española” tan típica de Velásquez o de Goya, con sus grises, negros, ocres y un poco de rojo sangre que aparece aquí y allá como una advertencia.
Parece mentira que un código cromático palaciego haya sido expropiado por este salvaje, pero bueno, así son los pintores guarangos.
Para finalizar, quiero dejar estampado el más importante de mis juicios. Jorge, te quiero mucho.

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