21 de marzo de 2014

Deportes

Deportes. Jorgito, un atleta que hace que el deporte sea especial






Por: Lorena Medina

Lo vi por primera vez hace muchos años. Yo estaba en el puesto de diarios que papá y mamá tenían en la Plaza Independencia (donde me crié), yo era muy chica y una mañana fue que lo vi por primera vez. Recuerdo que todos los abuelos que se sentaban en el banco de la plaza lo saludaron por su nombre y los habitúes del Bar Ideal, también.
Yo no entendía mucho de donde había salido ese jovencito que corría tan rápido y que todo el mundo conocía como “Jorgito”.
Los años siguieron pasando y tuve la grata sorpresa de verlo encestar triples en los entretiempos de un clásico Independiente – Unión y Progreso, éste último el club de sus amores.
El tiempo siguió transcurriendo y el periodismo me llevó a cubrir las veladas de boxeo. En una de esas noches de puños en el Gigante e Villa Italia, ahí estaba Jorgito, subiendo al ring entre pelea y pelea. Una vez, se le animó para hacer un chiste “El Negro Torta”, un famoso hincha de Santamarina de la época de la Barra del Bombo y el Muñeco. Pero entre mano y mano lanzadas al aire, la poca reacción del Negro le jugó una mala pasada y Jorgito le embocó un cachetazo. Recuerdo que la gente – incluída yo – no paramos de reirnos, mientras el noqueador festejaba con los brazos en alto.
Esta misma profesión – que ejerzo hace 14 años -, me lleva a ver a Jorge en cada prueba atlética que hay. Lo veo entrenar por la Estación de trenes todos los días, esté lindo, feo, lloviendo o soleado, él está ahí.
Siempre admiré su pasión por el deporte, el amor que le ponía, y me intrigó su historia. Ahora que la conozco, no puedo dejar de contarla. Puedo decir que es un ejemplo de esfuerzo, un espejo para mirarnos cuando nos estamos abrumados por tonterías, podría decir tantas cosas. Pero el resumen de Jorgito, es que su vida, es una historia de amor inmenso.

UN BEBE MUY ESPECIAL
Hace poco más de 41 años, Nilda y su marido recibieron el llamado que tanto esperaban y la posibilidad de ser padres ya no era un sueño. En la Capital un bebe de tres meses, algo desnutrido, esperaba que una familia le brindara amor. Y allá fueron. Fue así como Jorge llego a Tandil, bien pequeñito. Al poquito tiempo, ya recuperado de peso, comenzaron las visitas al médico por algunas dificultades motoras que presentaba el bebe y tras una tomografía, los papas del corazón recibieron el diagnóstico. Había una lesión cerebral, posiblemente provocada por falta de oxigeno en el parto. Había que ver a medida que creciera, cuales eran las dificultades que iba presentando. “La verdad es que en ese momento, bueno..., seguimos adelante, sabíamos que era algo que no tenia cura ni nada, pero seguimos adelante”, cuenta Nilda ante la atenta mirada de Jorgito. “A él le gusta escuchar”, me aclara, “conoce toda su historia, yo siempre le conté la verdad, desde chiquito, aunque no pregunta y a veces hasta cambia de tema”, finaliza.
Nilda no ha tenido una vida fácil, a sus más de 80 años todavía trabaja en una casa de familia porque la pensión no alcanza. También cuenta con una pensión que recibe Jorgito, de 400 pesos que no alcanza ni para comprar las zapatillas que gasta corriendo. Esta mamá del corazón incansable en su amor y perseverancia, también tuvo que cuidar de un esposo enfermo, luego quedó viuda. Y como si eso fuera poco, debió enfrentar un cáncer de mama, “pero por suerte zafé”, cuenta con una sonrisa.

AMOR POR EL DEPORTE
Jorge no para de reírse cuando le hago preguntas, pero no duda para responder y mucho menos si del pasado se trata porque tiene una “memoria de elefante” dice su mamá.
“Empece a correr de chiquito en una carrera de Metalúrgica y no paré más”, dice Jorge. “Pero también quiero correr en karting y en moto. Yo veía a Acuña (NdR: Fabián “El Zorrito”) cuando corría y ahora a veces me lleva a ver karting. Me gusta cuando andan rápido”, dice y se ríe.
Entonces le pregunto, ¿qué sentís con la velocidad, no te hace doler la panza que vayan tan rápido? Y me responde...”No tengo miedo, yo soy valiente”.
En el atletismo, Jorge Melfi, ha corrido todo lo posible. Tandilia, Serrana, el Desafío de las Animas, etc., Todas las carreras de calle que existen en nuestra ciudad, al menos una vez las corrió. También se presentó en alguna oportunidad fuera de la ciudad y ahora quiere incursionar en la aventura, pero su mamá le tiene un poco de temor a las caídas y por eso todavía se resiste.
Guarda celosamente cada trofeo y cada medalla obtenida, pero en la casa de Villa Italia en la que siempre vivió ya no hay lugar para tanto. Así que Nilda va archivando pero tiene terminantemente prohibido regalar alguno de sus premios. “No se tiene que enterar porque no quiere ni que se los toque”, confiesa.

EL SOLO QUIERE ENTRENAR
La cabeza de Nilda funciona a mil. Su hijo Jorge es quien le da sentido a sus días, aunque esté en la casa poco y nada porque está todo el día en la calle, visitando amigos o entrenando. Pero ella sabe a que hora regresa y tiene lista la comida. Siempre está al pie del cañón para ayudarlo en algunas cosas que sólo no puede hacer, como atarse las zapatillas.
El sólo quiere entrenar y Nilda piensa en qué será de la vida de su hijo cuando ella no esté. Pero falta para eso; mientras tanto él - ante la insistencia de esta periodista – le dice a su mama “te quiero”.
Y ahí todo cobra sentido, el haber seguido adelante, el haberle dado la libertad de ser. La sonrisa de Jorge con esos pozitos característicos en sus cachetes, es el pago a tanto sacrificio y tanto amor brindado.
“Bueno...se me hace tarde para entrenar. Gracias amiga”, dice Jorgito, me abraza y me besa la mano. Nilda también agradece, sin embargo la agradecida soy yo, mi día cambió después de conocer semejante historia de amor.

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