18 de septiembre de 2022
De paso por la ciudad, Josefina charló con LA VOZ DE TANDIL y recordó que "el bichito" por el baile del Tango prendió definitivamente a sus 17 años, mientras terminaba el secundario en la Escuela Polivalente, cuando acudió a un show artístico en el que un ballet ("que no recuerdo si era el Municipal o el de la Universidad", duda), realizaba una exhibición de Tango y "me quedé loca. Dije: 'esto me encanta' y me metí y no paré jamás de aprender, de tomar clases y de ir abriéndome camino de a poquito".
Así, Josefina acudió a los Talleres de Tango de la Unicén, "donde
estuve dos años, más o menos" y enseguida sintió que necesitaba dar un paso más.
"Quería seguir aprendiendo más y conocer otros bailarines. En general, en ese
momento, a Tandil no venían, ahora cambió un montón la escena tanguera, pero en
ese momento no venían tan fácil", recuerda, por lo que el destino siguiente,
como se imponía, fue el Instituto Universitario Nacional de Artes (IUNA, hoy Universidad
Nacional de las Artes - UNA), en la Ciudad de Buenos Aires. "Ahí arranqué la Licenciatura
en Tango y Folclore y me especialicé en tango", explica.
El tiempo la transformó en una requerida profesora de baile
de tango, además de desarrollar una vasta experiencia como bailarina,
ofreciendo shows junto a diversos compañeros.
Respecto de su rol como profesora, repasa tímidamente que "cuando
bailaba en shows, me surgió la oportunidad de enseñar, pero no fue tan fácil,
porque no es lo mismo bailar que enseñar o saber cómo transmitir. Ahora, mirándolo
en perspectiva, no sé cómo enseñaría al principio, pero siempre lo hice con
amor igual. Pero hoy, me siento muchísimo mejor, es un cambio enorme".
"En el Tango siempre me dediqué al rol de follower (seguidor), que siempre estuvo relacionado más con lo femenino. Ahora eso cambió. Ahora podés bailar el rol que tenga ganas de aprender y vi que podía transmitir mucho más cómo aprender eso, porque con los años fui aprendiendo el otro rol, me fui nutriendo y hago las dos cosas. Eso tiene que ver con la independencia que puedo tener a la hora de trabajar, porque a veces trabajo con un compañero, y a veces no. Y puedo brindar información de los dos roles", destaca Josefina, que, a sus 35 años, proyecta un viaje a Israel, del que contará más, después.
"En el Tango conectás un montón con el propio cuerpo"
Antes, destaca su paso por la Compañía DNI Tango, a la que
calificó como "clave en mi trayectoria", lugar al que ingreso como profesora y
bailarina de la compañía que dirigía Dana Frígoli y que, en tiempos de
pandemia, se disolvió. "En ese ámbito teníamos el espacio de formación, a la
mañana, y algunos días eran para aprender a enseñar, otros días para
perfeccionar nuestro baile y otros días para dedicarlo a lo creativo; y a la
tarde daba clases, durante muchas horas, a extranjeros o argentinos. Eso fue clave
para entender que me gustaba un montón y lo elegí. La escuela se cerró en
pandemia, pero yo me quedé con esa forma y esa técnica de DNI Tango, lo llevo
conmigo".
Josefina ha paseado su arte, surgido en las entrañas de las
sierras tandilenses, por lugares como París, Londres, Cracovia, Amsterdam, y
países como Rusia, Austria o Ucrania, sitios distantes y hasta exóticos, pero todos
seducidos por el lenguaje universal del baile, y especialmente, del Tango.
Respecto de las razones por las que este género trasciende de tal manera las fronteras del Río de la Plata, Josefina evalúa que "más allá de que el tango es hermoso como danza, para verlo y disfrutarlo, pasa que conectás un montón con el propio cuerpo, con las sensaciones. Es un baile que te lleva a escuchar tu cuerpo de otra forma, que quizás en lo cotidiano no lo hacemos. Además, hay algo clave, que es la escucha hacia el otro. Entonces, encontrás que te sentís contenido, escuchado, que tenés que entrenar tu propia escucha hacia el otro, en abrazar... Tan simple como eso. Es cierto que también es sensual y se lo relaciona mucho con eso. Eso está presente, muy fuerte, pero también tiene otras cosas, algo un poco más humano, una conexión más allá de eso".
"La pandemia me abrió un mundo"
Como a casi todos, el paso de la pandemia también modificó
la forma de ver el mundo de los artistas, y Josefina Stellato sintió lo que
resume como "una transformación enorme en cómo estaba yo como profesional
dentro del tango".
"Pasó todo a lo online y se me abrió un mundo, porque no necesitaba
viajar y podíamos seguir conectados con mis alumnos y empecé a enseñar los dos
roles del baile, sola. Y hoy tengo mi grupo de alumnos, todos los sábados y
ellos se juntan en una casa y yo les doy clases desde donde esté, en Tandil, en
Buenos Aires, o en cualquier lado, y les enseño los dos roles", dice.
Y agrega que "hoy estoy apuntando a enseñar sola, o con compañeros
distintos, o con compañeras distintas. Es lo que me da ganas de hacer. Hay muchos
que siguen el camino más tradicional, de tener un compañero. Hay un montón de
colegas que lo hacen, les funciona, y es maravilloso. Yo me fui abriendo camino
por otro lado".
Con visitas a París y la italiana Turín en el horizonte, el
proyecto inminente de esta joven bailarina tandilense es un viaje a Israel, "a
tomar clases de algo que se llama GAGA, que la desarrolló un coreógrafo israelí,
y también quiero conocer la comunidad del Tango en Israel. Es un viaje a
estudiar, para seguir teniendo herramientas para la enseñanza y para mi propio
baile, y creando otras cosas que por ahí no tengan que ver solamente con el Tango,
sino con bailar".
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