1 de septiembre de 2008
New York (Especial para LA VOZ). Quedó solo y me hizo quedar mal a mí. Habíamos escrito que, entre los dos argentinos que quedaban en cuadro, para intentar el pase a los octavos de final, veíamos con más chance a Nalbandian. Es que si bien los rivales del cordobés no eran la medida adecuada, dábamos como válido su mensaje donde aseguraba que se encontraba mucho mejor que en Pekín. La explicación posterior sobre el calor y la humedad, no sabemos si alcanzan para justificar semejante pasividad. En todo caso, dicha verdad no hace más que potenciar el rendimiento de este hombre de pura roca tandilense, que otra vez sufrió y nuevamente salió airoso. Y es acaso en el desarrollo del match, donde encontremos una justificación a nuestras dudas de dos días atrás, cuando indicábamos que Juan Martín del Potro se encontraría ante un gran jugador y que otro rival adicional a vencer, sería el propio cansancio de quién hace casi dos meses, no hace más que jugar y ganar, lo que es seguir y seguir.
Juan Martín Del Potro pudo y debió ganar en el cuarto set. Fue al terminar la cuarta etapa, donde discusiones prolongadas lo sacaron de cauce, en que pensábamos que las reservas se agotaban indefectiblemente. Pero como él mismo dijo luego, “en el quinto set me sentía mejor físicamente que en el cuarto”, lo que no deja de seguir abombándonos. Claro que un poco nos liberó de nuestro cargo de culpa, porque el partido resultó tan duro y equilibrado, que el mínimo margen de error inclinaba la balanza. Lo explicaba muy bien el diálogo cansino del atleta de Tandil: “fueron casi cuatro horas de partido, muy parejo, por momentos dominaba él, por momento yo, pero lo cierto es que yo le pegaba a la pelota y me volvía siempre, con el agregado que a veces no regresaba con la misma fuerza y entonces eso te obliga a generar y a duplicar el esfuerzo”.
Pero ya pasó Gilles Simón, un jugador que está disputando junto a Monfils y Gasquet el liderazgo del tenis de Francia, y con esa clasificación para octavos de final, no solo ha logrado hasta aquí Juan Martín llegar a lo más lejos en un Grand Slam, sino que experimentó instancias desconocidas: completar cinco sets en un partido de Grand Slam por primera vez y jugar durante la segunda semana de un torneo de esa categoría, la meta madre de quienes aspiran a más. Son todas pruebas que hay que pasar, y que ayudan para el futuro más comprometedor.
Ahora viene la instancia que posibilita llegar nada menos que a cuartos. Cuatros de final de un Grand Slam. Una fase del torneo que supondrá cambiar el 22 por el número 23 en esta inesperada lista de victorias consecutivas. Primero hay que desentrañar si se tuvo suerte en el cuadro. Más que de suerte habrá que hablar de merecimientos, porque para vivir este momento, han quedado en el camino jugadores como Cañas, Bellucci y Simón. Si puede ser relativamente afortunado el rival, si se considera que por allí venían Mónaco y Ferrer. A los dos ha vencido ha vencido Kei Nishikori, un tenista a quien conocimos de nombre cuando en un Challenguer superó ampliamente a Gastón Gaudio, y que dio señales al mundo, en las vísperas de este Us Open, cuando derrotó en la final de Delray Beach, nada menos que a James Blake. Este Japonesito como llamó Del Potro, a quien el tandilense no vio jugar, es el pasaporte para llegar hasta el miércoles,
No le vimos lo suficiente. Tiene buenos golpes de fondo, buen estado físico y por la forma en que le ganó a Ferrer, temple no le ha de faltar. A “primera vista” lo preferimos a él con relación a Ferrer. Esta noche, desde las 19.30 de Argentina, comprobaremos si no tendremos que arrepentirnos.
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