8 de enero de 2021
Fustigaron a las autoridades municipales, por "hacer caso
omiso a la aparición de 16 diferentes agroquímicos en 15 escuelas analizadas,
siendo el principal organismo que debería proteger la salud de la comunidad".
"Tanto organismos oficiales como entidades privadas que
promueven el uso de agrotóxicos, insisten en que los daños que estos producen
son debido a su 'mala aplicación'. Afirmando que siendo bien aplicados, esos
daños no existirían. De esta manera, en caso de inconvenientes la
responsabilidad la tiene el último eslabón de la cadena: el aplicador. Así, las
fábricas de agroquímicos, el Ministerio de Agricultura, el SENASA, el
Ministerio de Salud, la Organización Mundial de la Salud, los municipios, los
poderes legislativos o judiciales, quedan exentos; como si no fueran
responsables de los daños a la salud de la población y del ambiente, que
incluso, cada vez son mayores", expresaron desde la asociación de vecinos, que
impulsa medidas más restrictivas a la aplicación de agroquímicos en el Partido
de Tandil.
Señalaron que "quienes promueven el uso de los productos de
síntesis química para el agro y las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), solo
observan la 'DERIVA PRIMARIA', es decir, en el momento que se está realizando
la aplicación. No consideran la 'DERIVA SECUNDARIA' (desde que se va la máquina
hasta 24 horas después). Esta deriva es la mayor de todas y la que más efectos
negativos genera. Ya que hasta el 90% de las partículas salen del lote rociado
luego de que el producto hizo el efecto deseado, las partículas químicas se
volatilizan por acción fisicoquímica y factores climáticos, pudiendo alcanzar
miles de kilómetros de distancia en tan solo días. Tampoco consideran la 'DERIVA TERCIARIA', por revolatilización, en el polvillo de ambiente o bien su
dispersión en su fase gaseosa, que la vuelve incontrolable, razón que explica
su presencia en el desierto de Sahara o en la Antártida por ejemplo".
"Infinidad de estudios constatan que estas sustancias se
mueven, más allá de la buena voluntad del aplicador. Por ello, las BPA no solo
son insuficientes, sino que son un fraude. Buenas prácticas agrícolas serían
sin utilizar agrotóxicos", remarcaron.
El comunicado agregó que "otra de las principales mentiras
de las BPA es la CLASIFICACIÓN de los agroquímicos. Resulta interesante
mencionar esta cuestión, ya que a partir de allí el SENASA los inscribe, autoriza
su producción y distribución, y las provincias y los municipios regulan las
leyes y ordenanzas de 'fitosanitarios'. ¿Por qué los clasifican mal? La
metodología que usan es la llamada 'DOSIS 50% AGUDA O DOSIS LETAL MEDIA' a determinados
mamíferos utilizados como muestra, se le agrega progresivamente dosis del producto
que una determinada empresa quiere aprobar, buscando la cantidad que mata al 50%
de forma rápida (24/48 horas). Si la dosis es pequeña, se interpreta que el
producto es muy tóxico (formulados CLASE 1 BANDA ROJA). En cambio si la dosis
es muy alta, se interpreta que el producto es poco tóxico (CLASE 4. BANDA
VERDE). Es por esto que el glifosato es considerado producto banda verde
(levemente tóxico, normalmente no ofrece peligro). Esta clasificación no
considera lo que mata pasadas las 48 horas, lo que enferma pero no mata, ni que
sucede con los 'cócteles' que se utilizan de manera habitual, y tampoco estudia
las exposiciones repetitivas y por acumulación".
"De esta manera podemos afirmar que el procedimiento de
clasificación, disimula su real grado de toxicidad. Sin embargo, habilita su
utilización, que se impone al servicio de intereses privados, en mercados
altamente concentrados y dominados por multinacionales. Nuestros cuerpos y
territorios se enferman e intoxican para el beneficio de los negocios agrarios,
de un modelo agrícola que enferma y mata progresivamente a la personas, y también
a la Tierra que habitamos. Porque sin aire sano, agua sana, tierra sana, nadie puede
vivir. Y QUIENES PROMUEVEN SU USO, Y QUIENES LOS AVALAN SON LOS RESPONSABLES".
Consideraron "lamentable que funcionarios públicos festejen
este fraude. Nos resulta lamentable que quienes gobiernan localmente, hayan
convocado a 'especialistas' en cuya trayectoria profesional se destacan los
vínculos con las entidades privadas que promueven estos negocios agrícolas y no
a quienes han estudiado la problemática de los agroquímicos en vínculo directo
con las poblaciones afectadas. Nos preguntarnos por qué desde el Municipio
convocan a este tipo de disertantes; y no así, por ejemplo, a médicos como
Damián Verzeñazi o Medardo Ávila Vázquez, por solo nombrar algunos. O bien, por
qué no convocan a quienes hacen ciencia digna, como Susana Aparicio, Damián
Marino o Delia Aiassa, quienes detectaron glifosato en el agua de lluvia, en la
sangre humana, en la leche materna, en la cuenca del río Paraná. O bien, al ingeniero
químico Marcos Tomasoni, para conocer su 'teoría de las tres derivas', la cual fundamenta
más de 100 ordenanzas a lo largo y ancho del territorio, y además, la inviabilidad
de experimentos 'científicos' con tarjetas hidrosensibles (en una
jornada lluviosa) como los que aquí se promueven".
Cerraron expresando que "nuestros cuerpos son testigos del daño que ocasionan los llamados fitosanitarios. Jornadas como estas reafirman que el Poder Ejecutivo local y quienes elaboran y sancionan la nueva ordenanza para nuestro partido sólo buscan ocultar esa verdad, trayendo engaños a la comunidad, con el único fin de proteger intereses económicos propios y de las empresas agropecuarias. Mientras tanto, otros seguimos luchando por el futuro y la salud de nuestros hijos".
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