14 de agosto de 2009
Un delito de aberrantes características comenzó a ventilarse ayer, en el juzgado Criminal N°1 de nuestra ciudad, por el cual resulta acusado un hombre de abusar y corromper a sus nietas. La denuncia fue realizada por su propio hijo, padre de las presuntas víctimas que ya pasaron por la cámara gesell y que la semana entrante será protagonista excluyente para la suerte del veredicto.
El Tribunal, integrado por los jueces Pablo Galli -presidente-, Guillermo Arecha y Carlos Pocorena, puntualmente a las 9 dio comienzo a la audiencia, dando lugar a al planteo acusatorio del fiscal Luis Piotti, primero, y a la defensora Victoria Perellió (letrada marplatense) más luego, quienes expresaron sus posturas encontradas sobre el hecho en debate, por el cual una familia está quebrada, con hermanos enfrentados ante la responsabilidad o no que le pudo caber al hombre denunciado.
Para el fiscal, está acreditada la responsabilidad del imputado, basando la convicción especialmente en los dichos de los menores involucrados como la credibilidad en el relato que expresaron sus padres frente al aberrante caso.
La defensa, en tanto, dejó en claro su creencia de que se trata de toda una fábula, cimentada especialmente por el imaginario de los padres como de la psicóloga que oportunamente participó una vez que los chicos contaron sus difíciles vivencias. La profesional es la doctora Daniela Lezcano, últimamente cuestionada por otros casos de características similares en su momento publicitados.
En la audiencia de ayer, fundamentalmente sopesó el testimonio de los integrantes de la familia. Los padres de los menores, las hijas del acusado y hermanas del denunciante, y la mujer del acusado. Finalizados sus relatos, se dio un cuarto intermedio hasta el próximo jueves, donde se expondrá lo que dejó la cámara gesell (ver aparte).
LOS RELATOS
La madre como el padre de las presuntas víctimas, fueron los primeros en dar sus testimonios frente al Tribunal, que a sus modos y sus formas (considerando el dolor de tener que recordar lo que sus hijos habían vivido), resultaron coherentes en sus relatos para lo que ya constaba en la instrucción judicial.
En efecto, las declaraciones coincidieron en que en el 2005, ya afincados en Tandil en la casa del acusado (tras haber vivido en Mar del Plata), el hijo más chico fue quien comenzó a deslizar lo que presuntamente había padecido él como su hermana y su prima, con su abuelo.
Paralelamente, la hija mayor, quien ya en Mar del Plata presentaba características particulares en su carácter como personalidad (es hijastra del padre), terminó corroborando los dichos de su hermano, quien a pesar de ser introvertida terminó confiando lo que había padecido.
Cabe consignar que la chica ya era atendida por la psicóloga Lezcano por las dificultades que presentaba sin conocerse el delito que ahora se ventila. Trastornos en el sueño, se orinaba, pesadillas, etc.
Por los dichos de los padres, los chicos dijeron no sólo que el abuelo los sometía a todo tipo de vejaciones, sino que también los hacía mirar revistas y películas de contenido sexual. Luego surge un agravante más: los chicos contaron que el abuelo los llevaba a otras viviendas, donde mantenía relaciones sexuales con otras mujeres. En uno de los casos los hacía observar y en otro participar de las relaciones.
El fiscal como defensora indagaron, especialmente, al progenitor sobre la relación con su padre y abuelo de las víctimas, y dentro de la congoja de tener que recordar las vivencias, insistió en que se trataba de una relación normal, que mantenía discusiones como todo núcleo familiar y que las diferencias se acentuaron cuando él contrajo matrimonio con la mujer que ya tenía una hija y, fundamentalmente, cuando se volcó a la religión como testigo de Jehová.
LA OTRA MIRADA
A partir del hecho denunciado, la familia se quebró literalmente. El acusado y su esposa, como sus dos restantes hijas categóricamente desmienten lo que dicen haber vivido los menores, convencidas de que se trata de una confabulación de su propio hijo/hermano, por circunstancias que al menos en la audiencia no supieron fundamentar, más allá de las especulaciones sobre la incidencia que pudo haber tenido la psicóloga como la religión que practican los denunciantes.
Principalmente una de las hermanas, madre de una chiquita también involucrada en el relato de los denunciantes, aseveró que su hija fue criada por los abuelos y que jamás sufrió trastorno alguno. También fue quien primeramente se enteró del aberrante suceso por su propio hermano, pero no le creyó, confiando ciegamente en su padre.
Además, detalló que también llevó a su hija a la misma psicóloga protagonista, y que en la entrevista que tuvo con su niña ella se quedó detrás de la puerta escuchando y notó cómo la profesional inducía a la nena a que se incline a través de sus respuestas a que había sido también víctima de aquellos abusos.
La mujer entró al despacho y sacó a su hija del lugar, espantada de lo que había escuchado y, obviamente, no hizo más que corroborar su hipótesis de que se trataba de toda una gran mentira para perjudicarlos.
La defensa como el fiscal se encargaron de preguntarle los motivos por los cuales su hermano sería capaz de semejante fábula, cuál era el rédito de exponer a sus hijos y llevar preso a su padre. La hermana especuló con algunas razones, pero quedó en el aire del recinto que no eran más que especulaciones.
Después llegó el turno de la hermana más chica como de la mujer del imputado, quienes anoche iban a coincidir en no creer en la aberrante historia. Principalmente porque no se les cruza por la cabeza que ese hombre haya cometido semejante atrocidad con los niños, y porque las circunstancias de cómo vivía (afirmaron que prácticamente el hombre nunca estuvo sólo con los chicos) era imposible que ello sucediera.
Tras la densa audiencia con relatos desgarradores como contradictorios, cada uno con su verdad o convencimiento a cuestas, compartieron una jornada dolorosa. Una familia enfrentada por un delito que ahora la justicia deberá resolver si se acreditó. Habrá que esperar al jueves próximo para que los magistrados evalúen bajo su sincera convicción la veracidad del testimonio de los verdaderos protagonistas, los menores involucrados.
La cámara Gesell
El dispositivo de la Cámara Gesell (CG) fue creado por el estadounidense Arnold Gesell (1880-1961), que era un psicólogo que se dedicó a estudiar las etapas del desarrollo de los niños. Básicamente, consiste en dos habitaciones con una pared divisoria en la que hay un vidrio de gran tamaño que permite ver desde una de las habitaciones lo que ocurre en la otra –donde se realiza la entrevista-, pero no al revés. Gesell la creó para observar las conductas de los chicos sin que éstos se sintieran presionados por la mirada de un observador.
Por su parte, el acto por el cual dicho experto escucha el relato del niño damnificado, debe ser llevado a cabo observando ciertas previsiones instituidas para evitar su ulterior repetición y a su vez garantizar el derecho de defensa en juicio. Además debe llevarse a cabo en un ámbito especialmente acondicionado a ese efecto y no en un despacho del órgano instructor, ni mucho menos en la sala de audiencias de un tribunal oral.
De todos modos, tanto las partes como la propia agencia judicial que dispone la medida (fiscalía o tribunal), exclusivamente se encuentran habilitados a seguir sus alternativas desde otro sitio, a través de elementos técnicos destinados al efecto, pudiendo intervenir durante su desarrollo sólo en forma indirecta y a través del psicólogo actuante, quien habrá de canalizar sus inquietudes del modo que considere prudente para garantizar la integridad psíquica del menor.
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