14 de julio de 2010

Policiales

Policiales. Juzgan la responsabilidad penal de un joven acusado de un asalto

El 24 de diciembre de 2008, el local comercial “Limache” era asaltado minutos antes del cierre. Dos sujetos con el rostro cubierto y un revolver exigieron la recaudación. Tras aquel suceso, el propietario del comercio exclamó su impotencia y reclamo: “que les muestren la cara, la Policía los conoce, nosotros queremos saber quienes son”, supo decir frente a los micrófonos de la prensa.
Ayer por la mañana, aquel suceso tuvo su continuidad judicial. Uno de los sospechados del atraco estaba sentado en el banquillo de los acusados frente el Tribunal Criminal Nコ 1. Su delicada situación procesal ayer se vio ventilada a partir de testimonios que poco y nada aportaron para acreditar su participación en el hecho, lo que lleva a especular un desenlace tal vez sorpresivo para aquellos que hasta ayer entendían que a partir de su detención el caso había sido resuelto.
Un dato singular se suma al particular caso: el acusado es hijo de un efectivo policial, lo que hasta la fecha de este juicio no había sido ventilado por los carriles habituales que la propia policía acostumbra a brindar en sus informes diarios, no sólo de los ilícitos ocurridos sino también cuando se logra esclarecerlos.
En lo estrictamente ocurrido ayer durante la mañana, pasaron por la audiencia aquellos que sufrieron el atraco. Desde las empleadas, el propietario como los clientes, quienes a sus modos y sus formas relataron los delicados momentos vividos pero sin poder precisar acerca de si aquel que estaba sentado a su costado como imputado resultó uno de los dos sujetos que habían irrumpido en el comercio para robar a punta de pistola (ver el caso...).
El testimonio clave resultaba la de una de las empleadas, que oportunamente en su declaración en plena instrucción sumarial afirmó sin titubear en rueda de reconocimiento de personas que sí, en efecto, el joven que estaba segundo de los cuatro en fila colocados había sido el que le apuntó con el arma.
Se trató -se trata- de Sebastián Cajal, hijo de un efectivo policial, que horas de haberse cometido aquel hecho delictivo estaba en su casa para cenar con su familia para celebrar la noche buena, hasta que fue buscado por su propio padre porque lo sindicaban como uno de los autores del robo.
Se trasladaron hacia la comisaría Segunda y allí declaró que no tenía nada que ver con el hecho en cuestión. Sin embargo, pasaron los horas y al poco tiempo quedó detenido, a partir de aquel reconocimiento en rueda que la mujer había efectuado.
Ahora -ayer-, frente a los jueces, la mujer no se mostró tan contundente como aquel entonces. Fue insistentemente indagada por el fiscal Luis Piotti como el defensor del imputado, doctor Jorge Dames, y la señora entró en una crisis de nervios, incluso rompió en llanto. Hasta que finalmente dijo no recordar si en verdad el que ahora estaba allí acusado era el mismo que ella supo reconocer, aunque atinó a decir que si aquella vez lo aseguró ahora lo ratificaba, sin más.
El resto de los testigos aportados por el ministerio público tampoco ayudaron mucho a la hipótesis fiscal, a pesar que tras el hecho muchos hablaron y conjeturaron sobre quienes habían sido los asaltantes.
Luego se escucharon los testigos aportados por le defensa, principalmente vecinos de la familia Cajal y los padres como abuelos del imputado, quienes declararon que en las horas del suceso delictivo el joven estaba en la vereda de su casa.

HABLO EL ACUSADO

Como lo había hecho en la propia instrucción, Cajal quiso declarar frente a los jueces para contar su verdad y reiterar su inocencia de lo que se lo acusaba. Dijo que durante las horas del robo él estuvo con amigos, hijos de otros efectivos policiales y que luego se quedó con uno de ellos en su casa, y se quedaron en la vereda tomando cerveza.
Que una vez adentro y presto a cenar con su familia, llegó su padre y lo llevó a la cocina para preguntarle si él había cometido un robo, cosa que éste negó. No obstante lo cual, lo llevó en el propio patrullero hasta la comisaría para que dijera su versión.
Ya ampliando su relato más allá del hecho que se le endilgó, quiso manifestar los malos tratos sufridos por los uniformados en la Seccional, que ni siquiera su condición de hijo de un colega sirvió para menguar lo que él entendió un maltrato permanente de los efectivos que estuvieron a cargo de su situación dentro del calabozo. Es más, añadió que una vez vuelto a la calle muchos policías lo siguieron acosando y lo seguían a cada paso que daba en sus días de libertad a la espera de este juicio.
“Esto es una injusticia. Yo no fui, estuve con mi familia y mi amigo en mi casa”, reiteró el joven que ahora aguarda al viernes al mediodía, tiempo en que las partes darán sus alegatos a la espera del veredicto que finalmente ventilará el Tribunal.

El caso

El final de una jornada de trabajo ajetreada, tres horas antes de compartir la Navidad con la familia, opacó la fiesta de Juan Carlos Gómez, dueño de un mercado sito en avenida Lunghi 1.097, quien junto a cinco clientes y una niña, fueron apuntados con un arma de fuego.
Por aquellos días, la víctima sostuvo que faltaban 5 minutos para las 21 del miércoles, y los ladrones, de aproximadamente 20 años, “calcularon todo” para irrumpir instantes después de que un patrullero pasara por la zona. Incluso los maleantes, pertrechados con una mochila, se colocaron medias de mujer en la misma vereda del comercio, con las que se taparon la cara y luego ingresaron.
“Al principio creí que era una broma, pero los tipos pedían エdame la plataエ con insistencia. A la empleada de caja le pedían más, pero no había. Estaban 5 ó 6 clientes, y una nenita vecina de enfrente. Ellos apuntaban para todos lados. Incluso uno de los chorros le apoyaba la mano a la chiquita”, relató Gómez a este Diario y ayer reiteró frente a los jueces.
“Cuando se iban nos advirtieron: quédense quietos aquí adentro porque afuera hay cualquier cantidad de gente y vamos a hacer un desastre”, añadió.
La recaudación de todo el día –aproximadamente unos tres mil pesos- se llevaron los sujetos, quienes corrieron por De Roxas una cuadra para subirse a una moto y huir. Precisamente la moto es otro de los elementos de prueba que el fiscal alegaría para responsabilizar a Cajal.

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