11 de febrero de 2008

Locales

Locales. La confesión de Belén Molina, la clave

Cuando la investigación iba llegando a su desenlace a la hora de cercar el círculo de sospechoso e imputarlos por el crimen de José Luis Gárate, este diario tuvo acceso a lo que resultó a todas luces la clave de la pesquisa. Su publicación causó conmoción en los tandilenses que, de alguna forma, se desayunaron de lo que había ocurrido, cómo y porqué, según los dichos de la mujer detenida.
Se trató de un documento trascendental de la causa en la que se investiga el homicidio del Pato Gárate, en el que la primera de las detenidas que fue madre entre rejas confesó su participación en el hecho, detalló cómo fue la planificación del atraco y qué sucedió ese sábado por la noche del 28 de agosto de 2004. Su relación con la víctima y los victimarios, sus miedos y su fuga. Toda la historia de Molina sirvió para resolver la trama sobre un crimen que próximamente intentará esclarecerse.
Se trata de 10 hojas de los 14 cuerpos que reviste el expediente, en las que María Belén Molina, arias Bochi, cuenta su versión de los hechos
Cabe reseñar que tras comparecer en varias oportunidades en calidad de testigo, la joven terminó prestando declaración como imputada del homicidio, tras ser detenida en la frontera del país con Brasil, donde estaba residiendo con su actual pareja.
El testimonio de Molina resulta ser fundamental en la detención del resto de los “protagonistas” de esta historia criminal, quien además de dar nombres y apellidos de los protagonistas, contó cómo se planificó y se cristalizó el frustrado asalto a mano armada. Aunque deja algunos interrogantes que hacen a los verdaderos motivos del atraco.
Si bien alude en todo su relato a un intento de robo, la joven terminó reflexionando que le resulta al menos curioso cómo se sucedieron los hechos, preguntándose si verdaderamente hubo intenciones de robar o se perseguía otra cosa, siendo que finalmente tras el crimen el autor no se llevó el dinero que estaba al alcance de sus manos y los días posteriores nunca más se habló de la plata.

LAS RELACIONES
Sus primeras palabras del extenso relato, Molina hace referencia a su relación con José Luis “Pato” Gárate y los hermanos Sebastián y Esteban Pugni. Sobre su relación con Gárate, indicó en su declaración que lo conoció cuando ella decide trabajar en el supermercado, manteniendo una relación sentimental clandestina.
Si bien en julio de 2003 la despidieron de la firma y termina trabajando en la estación de servicio de Colón y Garibaldi, a donde ya había trabajado con anterioridad. No obstante ello, siguió su relación con Gárate.
Meses más tarde, en el nuevo trabajo conoció a Santiago Pugni, quien era cliente de la estación. Allí comienza a tener una relación paralela con ambos. Gárate sabía de esta relación, pero Pugni no, según la imputada.
Al hermano de Santiago, Esteban Pugni, lo conoció tiempo después, de quien solo sabía que trabajaba en el campo con su padre y a veces era chofer de un tal “Rodolfo”, que se trataba de un gerente de un molino.
Según Molina, durante la relación con Santiago éste desaparecía misteriosamente. Decía que tenía que viajar por los campos de su madrastra (Nidia Landi) o a buscarla cuando viajaba por sus trabajos en algo de educación del gobierno. También luego le dijo que se dedicaba a la compraventa de oro, no dándole detalles de las operaciones.
Añadió sobre las curiosas ausencias de Santiago Pugni que estaba cuatro días, desaparecía quince y después volvía, o estaba en Tandil, pero estaba en el campo y por eso no venía o no la llamaba.
En el invierno de 2004, Santiago se peleó con su padre y ahí comienza a tener problemas con el dinero. De allí surge su confesión que tenía plata por negocios sucios que había hecho con el oro, como así también que tenía gente que trabajaba para él.
Así fue que apareció una vez la conversación junto a su hermano Esteban que refería a supuestos auto robos que se hacían en un supermercado de Juárez, pero sin precisar si participaban ellos ó no. En esas conversaciones surgió el comentario que él sabía que con el tema de los supermercados eran todos una mafia y que los que hoy estaban forrados en guita era porque hacían las cosas por izquierda. En esas conversaciones Santiago le hizo algunas preguntas a Molina respecto a la seguridad de Monarca.
Pasado el tiempo apareció nuevamente la conversación y Santiago la dice a Belén que necesitaba el dinero de forma urgente y necesitaba de su ayuda, estaba decidido a robar el supermercado Monarca.
Molina reseñó que esa charla no fue mucho antes del hecho (aproximadamente unos 15 días antes de cuando sucedió el asesinato de Gárate).
Allí Molina le brinda datos concretos sobre la seguridad del local. Para lo cual Santiago le pidió que se acercara más a Gárate con la excusa de venderle un plan de salud, que se dejara coquetear pero sin llegar a un acercamiento intimo.
Los datos que le pedía eran sobre alarmas, cámaras, personal de seguridad, si el Pato se quedaba solo o si no, movimiento de dinero, volumen de dinero y demás.
En todo momento ella preguntaba cómo iban hacer el atraco, porque el Pato era bueno, que lo apreciaba y que no quería que le pasara nada.
A eso Santiago respondía que se quedara tranquila, que sus muchachos sabían trabajar, sabían hacer las cosas y que nadie iba a salir lastimado.

LA PLANIFICACION DEL ATRACO
Cuando piensan en la fecha a iniciar el robo, Santiago le dice que iban a necesitar de ella para cometer el asalto, porque si no, no iban a poder entrar, además le dicen que ella tenía que entrar primero para que luego lo pudieran hacer sus muchachos. También le insisten con que no le iba a pasar nada ni a ella ni al Pato, que no iba a haber armas, que solo lo iba apretar un poco y que le iban a sacar la plata y listo. Sobre esa charla Molina no recuerda si fue personalmente o por teléfono, pero que ocurrió dos días antes del hecho. Cuando le aseguran que nada iba a pasar aceptó.
El sábado -28 de agosto- Santiago la llama por teléfono y le dicen que el atraco se tenía que hacer ese día, que se quedara tranquila que en un rato la pasaba a buscar por su casa. Efectivamente muy tarde apareció. Ahí Molina dice que lo llamó por teléfono al Pato y le dijo que tenía que viajar y lo quería ver. El Pato le responde que vaya al mercado, que primero tenía que excusarse en su casa y luego la llamaba para confirmar la cita. Molina señala que no era la primera vez que se iban a encontrar en el supermercado a la hora del cierre.
Alguna vez había Molina ya había ingresado por la puerta del depósito de Las Heras y otras por la playa de estacionamiento, como ocurrió ese sábado.
Tras el llamado, Santiago apareció en casa de Belén alrededor de las 10 de la noche junto con su hermano Esteban, en un Clío color gris que había alquilado para no usar en el hecho el auto de su papá. Santiago manejaba, ella acompañaba adelante y Esteban detrás.
En el trayecto le cuentan cómo iba a realizarse el atraco, de la mano de los muchachos de Esteban. Que a ella y al Pato los iban a atar con cintas adhesivas y que le iban a pedir al Pato que les abriera el portón del depósito de calle Las Heras, porque supuestamente el autor iba a salir por esa puerta.
Cuando iban por la avenida España, frente al boliche Macoco se detienen a comprar la cinta de embalar en un kiosco, pasaron dos veces por la estación de servicio de Perón España. En ese recorrido el Pato la volvió a llamar para decirle que fuera que ya estaba solo, a lo que ella respondió que en un rato estaba por ahí.
En la segunda oportunidad que pasaron por la estación de servicio, encontraron a los muchachos y bajaron los hermanos Pugni. Ella quedó en el auto. Dentro del local estaba un hombre medio grandote con campera de jean, que estaba de espaldas a ella, dentro del auto estacionado sobre el estacionamiento que da a Monseñor de Andrea. Allí ve a los hermanos Pugni conversando con este hombre de campera de jean y después había otro parado, hablando por teléfono que luego se sentó al lado de este sujeto que no conocía.
La conversación duró muy poco en la mesa y si bien el hombre grandote se encontraba de espaldas, en un momento se dio vuelta para observarla y pudo verle el perfil del hombre.
Allí salieron los Pugni y subieron al auto e hicieron referencia a un arma. Allí ella les dijo que nunca antes habían hablado de armas, pero ambos le dijeron que no iba a estar cargada, que solo era para asustarlo y hacer un poco de circo, que no se asustara que el tipo se la iba a poner a ella en la cabeza como para asustarlo al Pato. Ella insistió en su temor, pero los hermanos insistieron en que ella lo único que tenía que hacer era llamarlo al Pato, entrar y enseguida iba a venir el tipo atrás de ella, los ataban y se iban con la plata.
Recordó también que los otros dos sujetos subieron a un Corsa color gris con vidrios polarizados. Durante el recorrido se pusieron a la par los autos por Alem y hablaron no recuerda de qué, para luego dejarla –a Molina- en la esquina de Paz y Montevideo. Santiago y Esteban Pugni iban a esperar la plata cuando el tipo saliera...

EL CRIMEN
En su extenso relato, Belén Molina detalló cómo sucedieron los hechos del atraco, brindando pormenores del asesinato de José Luis Gárate.
Contó que caminó por Montevideo, llegó a Colón y se dirigió al supermercado. Entró por la puerta del fondo de la playa de estacionamiento, que no estaba ni oscuro pero tampoco muy iluminado. Estaba estacionada una camioneta de la firma color blanca o cremita, en dirección a la puerta pero del otro lado, contra el paredón. Ella sabía que cuando entrara detrás iba a ingresar el tipo.
Caminó por la veredita del playón, detrás de la camioneta salió la perra que siempre estaba en ese lugar y ella le chasqueó los dedos, sin observar si el tipo ya estaba en el lugar.
Cuando llegó a la puerta, el Pato abrió, dejando la puerta entreabierta y ahí llegó el tipo y la empujó. Allí Molina escucha un disparo y ante el empujón del sujeto ella queda dentro del local. La puerta quedó entreabierta porque el hombre empezó a hacer fuerza, le había quedado un pie afuera, mientras que el Pato se acostó a propósito atrás de la puerta, para tratar de cerrarla. Ella estaba de adentro mirando todo, cómo el tipo quedó con medio cuerpo adentro y medio afuera del local. El Pato tirando atrás de la puerta para tratar de cerrarla. Ahí el tipo le decía al Pato que se quedara tranquilo, que le iba a meter otro culetazo apuntándole en todo momento con el arma, y el Pato le decía que estaba puesta la alarma.
Las amenazas y las respuestas del Pato siguieron hasta que en un momento la víctima se paró y se puso delante de donde estaba Molina. Allí el tipo seguía apuntando a los dos y se movía constantemente, hasta que el Pato se corrió sin saber qué hacer, nervioso, y el tipo la agarró a Molina, le puso el revólver en la cabeza (siempre con el arma en la mano derecha) y decía: quedate quieto porque la mato, quedate tranquilo porque te la mato, a lo que el Pato le pedía que la dejara ir, que no le hiciera nada.
En la declaración, Molina recuerda dónde estaban todos ubicados y a qué distancia, como así también donde estaba el dinero.
Siguiendo con su historia sobre el atraco, relató que el hombre apuntó contra ella y el Pato, y en un momento dado la separó a ella y le disparó. Que el Pato estaba parado frente a ellos, el tipo detrás de ella, que quedó al costadito, un poco. El tipo disparó con su mano extendida hacia delante y cuando Molina volvió a mirar, el Pato quedó acostado en el piso.
Al preguntársele sobre el hombre que disparó, Molina describe a un sujeto que vestía una campera de jean, color celeste, ni muy oscura ni muy clara, un jean y algo blanco abajo. Que era grandote, morocho, con el pelo oscuro, corto adelante y largo atrás, cejas anchas, no muy delgado de cara, y se trataba del mismo que momentos antes había visto de perfil y de espaldas en la estación de servicio Don Rodolfo.
Tras el disparo, el hombre en cuestión pegó media vuelta y se fue, no sin antes llevarse un bolso negro que había dejado afuera del local. Mientras que el Pato le preguntaba qué le pasaba, pero ella no le veía nada raro. Que se agarraba, se quejaba, pero ella no le veía nada de sangre. El Pato le pedía que se fuera, pero Molina se quedó en la puerta y ahí vio al Pato hablando en la garita por teléfono, que Gárate le pidió que se fuera nuevamente de mala manera y ella terminó yéndose.
Salió por Colón, luego Las Heras y ahí vio que el Corsa se iba desde la altura donde está la puerta del depósito del supermercado. Ella no vio si había subido el tipo, solo veía irse el auto. Molina siguió caminando por Las Heras hasta su casa.
Al ser indagada de porqué se fue y no pidió auxilio, Molina respondió que no vio sangre, “al otro día me entero de lo ocurrido, siempre creía que el revolver tenía balines, que no hacían mal o algo así”. Además como era una relación clandestina el Pato le pidió que se fuera para que nadie los viera juntos, respondió.

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