28 de marzo de 2009
Ayer se sumó un nuevo capítulo al escándalo judicial desatado tiempo atrás, al hacerse pública la denuncia de un juez contra un abogado, por el presunto ilícito de querer coimear al magistrado para beneficiar a un detenido.
Más precisamente ayer por la mañana el doctor Luis Piotti, fiscal que instruye la causa, citó a audiencia 308 al abogado imputado, Juan Manuel González Guerra, quien rechazó la acusación de la cual es objeto.
En medio de su declaración, ocurrieron densos como complicados encontronazos entre el instructor y el abogado defensor del acusado, doctor Claudio Castaño, dejando sin efecto la continuidad de la audiencia programada.
Más allá del nuevo incidente ventilado, lo sustancial de ayer fue cuando se ventiló parte del expediente judicial, que permite conocer la versión de las partes, a la espera de una definición judicial en torno a una causa caratulada como cohecho agravado.
Acerca de la denuncia que el juez Pablo Galli hizo a finales de diciembre del año pasado, se desprende que aproximadamente las 12 del 23 de diciembre, se hizo presente el profesional letrado anunciándose en mesa de entrada, reiterando que pedía entrevistarse con Galli y que era por una cuestión personal, siendo conducido por el personal a su despacho, donde encontraba solo.
Allí el doctor González Guerra se presentó y le manifestó que lo había llamado “Saravia” (detenido por una causa de estupefacientes) por teléfono a los efectos de obtener el beneficio de la prisión domiciliaria. Al respecto el juez le preguntó a quién estaba defendiendo, manifestándole González Guerra que era el defensor de la mujer de Saravia, Lucrecia Paola Rodríguez, pero que ella ya había obtenido el beneficio de prisión domiciliaria. Que el abogado le manifestó que Saravia le ofreció una suma de 10 mil pesos y que él con cinco se arreglaba, ofreciéndole a juez los cinco mil restante, no recordando específicamente las palabras que dijo, pero dando claramente a entender que esa suma quedaba a disposición del deponente. Inmediatamente Galli -según sus propios dichos- le indicó que se fuera, con la sorpresa que le causaba la proposición efectuada, que utilizó los términos “...tomátela, andate de acá...”. Acompañándolo hasta la puerta de entrada del Tribunal.
LOS TESTIMONIOS DE LOS TESTIGOS
En la causa a la que accedió este Diario, se plasman los testimonios de los empleados del tribunal que aquel día se encontraban en la dependencia cuando sucedió el suceso denunciado por el magistrado.
Guillermo Juan Vaticano, secretario del Tribunal Criminal N° 1, .dijo ante el fiscal que el abogado le comunicó que tenía que hablar con Galli por una cuestión personal. A lo que le transmitió que debía venir al mediodía. Una vez comunicado a Galli sobre el pedido de reunión, el juez le dijo que no lo conocía.
Transcurridos unos cinco a diez minutos de que el abogado estuviera reunido con Galli, recuerda que el juez abrió la puerta de su despacho y con elevado tono de voz manifestó: “...tomátelas...”. y luego de salir escuchó un portazo que emitió un sonido más elevado de lo habitual.
Vaticano, el 17 de marzo volvió a presentarse en fiscalía, para ampliar su declaración ante lo que cree que puede ser de interés en la causa.
Al respecto relató que luego del suceso denunciado por el juez, se lo cruzó en forma ocasional en los pasillos del edificio judicial al doctor Marcelo Argeri, quien le preguntó si algún colega “se mandó una macana” o “metió la pata”, ante lo cual Vaticano le dijo que no le podía decir nada e ingresó al tribunal. Detalló que dichas preguntas del letrado sucedieron a lo sumo media hora después del hecho ventilado y aún no había trascendido por ningún medio fuera del Tribunal, motivo por el cual estima que tiene que haber sido el mismo González Guerra quien se lo fue a contar al doctor Argeri.
OTROS TESTIMONIOS
También el fiscal tomó declaración testimonial al abogado Argeri como a su secretaria, de cara a hilvanar las versiones expuestas en la causa.
Consultada María Alejandra Fernández, secretaria del doctor Marcelo Argeri, declaró que nunca le ha pedido a González Guerra que concurra al tribunal local a preguntar ni averiguar nada.
La declaración del propio Argeri, en tanto, sobre lo manifestado por Vaticano, recordó que lo consultó acerca de una denuncia contra un colega o algo por el estilo, pero no recordaba de qué manera ni cómo, no pudiendo asegurar que fuera tal cual lo indicó el funcionario judicial.
Por lo demás, Argeri dijo que no iba a declarar en razón de hacer uso del secreto profesional, atento haber tomado conocimiento por intermedio de su estudio, en cuanto se le consulta, pero él no se manifestará en cuanto a quién lo consultó, ni cuánto ni porqué.
La versión del abogado imputado
Ayer, entonces, se conoció la versión que Juan Manuel González Guerra tiene sobre el suceso que mereció una investigación en su contra.
En su indagatoria, el joven letrado negó categóricamente todas la acusaciones vertidas por el denunciante, ya que “jamás ha ofrecido ningún beneficio económico al denunciante a cambio de ningún tipo de resolución”.
Siguió contando que no es defensor particular de la persona que manifiesta en la denuncia el juez Galli (Saravia), que no sabe cuál es el motivo de la denuncia. Lo que sí sabe es que es falsa, y quizás sea el temor que tenga el denunciante de ser denunciado por el abuso de autoridad y diferentes irregularidades que le manifestó al juez el mismo día de sucedido el hecho por el cual se lo acusa.
Reseñó que ese día fue en tres oportunidades para hablar con Galli, por una incorporación por lectura de una prueba. Cuando entró al despacho le manifestó la disconformidad de la incorporación por lectura de lo dispuesto por el Tribunal, como así también se discrepancia por la incorporación de la prueba, de la cual había sido notificado el día anterior.
Dando más precisiones sobre su disconformidad, alegó a las actas de allanamiento registros y secuestros, declaraciones testimoniales y otras, a las cuales mencionó en un escrito presentado el 30 de diciembre de 2008.
Sobre la secuencia del suceso con el juez, relató que saludó formal, como cualquier entrevista y luego el deponente le manifestó que le parecía que un juez tenía que estar presente y atender a toda persona que se presentara. Que el joven abogado le pareció incorrecto tener que ir en reiteradas oportunidades y cree que como empleado judicial tiene que cumplir el horario. Que ante ello Galli le dijo que no era quién para tener que decir a quién se atendía y en qué momento, respondiendo el abogado que merecía el respeto y deber de atender un abogado en su primer presentación y menos ser atendido de mala gana.
Agregó el abogado que en realidad no conoce la personalidad de Galli, pero dentro de la mesa de entradas del Tribunal tampoco lo habían atendido adecuadamente. Que el doctor Galli se ofuscó y luego el letrado quería reclamar por otras irregularidades que veía en el Tribunal.
Subrayó que le estaba efectuando una crítica de manera general, ya que no llegó siquiera a peticionarle una de sus observaciones por la cual había solicitado la entrevista, ya que a ese tiempo Galli de manera agresiva se paró y le abrió la puerta, pidiéndole que se retire.
González Guerra entiende -según consta en su declaración- que Galli lo que quiso es hacer la denuncia para anticiparse a una eventual denuncia por parte del dicente, no solo en relación a la conducta que tuvo en ese encuentro, sino también respecto de otras situaciones conocidas por el declarante.
Al preguntársele sobre qué situaciones se refería, el defensor particular (Castaño) sugirió al imputado a viva voz que no conteste, porque entendía que es impertinente y no hacía al objeto del hecho investigado.
Preguntado de qué era lo que pretendía al quejarse mediante un encuentro personal en relación a la resolución, González Guerra dijo que quería explicaciones de cuál era el criterio para disponer de esa manera las cosas, nada más.
Indagado si lo había hecho en otras oportunidades con otros jueces con respecto a una resolución, manifiesta que no, que sí lo ha hecho con fiscales.
Preguntado si tiene o tuvo algún problema personal con el juez Galli, manifestó que no. Al ser consultado si tuvo trato con él, respondió que sí, y cuando se ahondó en qué circunstancias, manifestó que no iba a contestar esa pregunta, por entender que no es pertinente para la causa.
Luego respondió acerca de tener relación con Saravia, a lo que contestó positivamente, que tuvo trato profesional, pero no es defensor del mencionado en dicha causa.
PORQUE GALLI
Preguntado de porqué quiso hablar con Galli y no con otro integrante del tribunal, dijo que fue algo circunstancial, que le hubiera dado lo mismo hablar con Arecha, pero en el momento se le ocurrió hacerlo con Galli. Consultado de si llamó por Arecha cuando en las anteriores oportunidades Galli no estaba, dijo que no.
Agregó luego que quizás su interés por Galli tuvo que ver con que en los debates que el dicente había presenciado, Galli le pareció una persona más amable, no tan rígido, pero no simpático.
A partir de allí, comenzaron a sucederse una concatenación de desinteligencias entre el deponente, su abogado y el fiscal, quien finalmente resolvió levantar la audiencia hasta nuevo aviso.
El incidente, según Castaño
El abogado defensor particular de González Guerra, tras el incidente ocurrido con el fiscal, dejó constancia para dar traslado al juzgado de Garantías sobre lo ocurrido, según su particular mirada.
“Primeramente siendo las 10.32, el fiscal se retira del recinto en el cual se está llevando a cabo la diligencia, visiblemente ofuscado y molesto (comportamiento casi calcado al del denunciante, doctor Galli), en cuanto a perder de manera ostensible la compostura que debe regir el accionar de los integrantes del poder judicial, molestia que obedeció por lo acontecido durante el desarrollo de la audiencia, que no fue ni más ni menos que hacerle notar repetidamente por parte de esta defensa las arbitrariedades, decisiones y actitudes cuasi acusatorias, demostrando temeridad que iban en detrimento de los derechos y garantías de su colega defendido.
Llegando el agente fiscal al extremo de entrometerse de manera arbitraria, y vil no solo con las labores profesionales tanto del doctor González Guerra como de su defensor particular, sino en sus fueros más íntimos al requerir (imperativamente) que se le exhibiera el contenido de nuestro aparatos celulares, en su convencimiento de que nos hallábamos en comunicación en plena audiencia.
En lo que respecta a lo manifestado por el fiscal en cuanto a las reiterados llamados de atención a la defensa, es mi deber resaltar que no hacía más que tratar de manera infructuosa de hacer entrar en razón al fiscal.
En lo referido a mis dichos sobre “tranquilo, en Tandil son así... ya te vas a acostumbrar” fue a los solos efectos de transmitirle tranquilidad a mi defendido, quien a estas alturas evidenciaba un agotamiento, nerviosismo o estado de zozobra por el cariz que había tomado la audiencia.
Pese a toda esta catarata de atentados a la investidura del declarante y de defensor y haberle primeramente solicitado, luego rogado, y por último álgidamente requerido la presencia de la jueza de Garantías, ya que a criterio de la defensa estaba debidamente justificada su presencia, como lo prescribe el Código ritual, para ejercer un contralor de la misma audiencia y evitar lo que tristemente narrara, que más que una audiencia de carácter acusatorio se transformó muy a nuestro pesar, el fiscal trasformó en inquisitivo, perdiendo entre otros el criterio de objetividad al que aludíamos al momento de efectuar la recusación.
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario