19 de agosto de 2022
En el marco de la Semana de la Extensión de la UNICEN que se pondrá en marcha el próximo lunes, la Facultad de Arte propone un debate actual y urgente: "Trabajar con cultura: debates pospandémicos. Del cooperativisimo al mito de la autogestión" que contará con las participaciones de Federico Escribal (Universidad Nacional de las Artes - Departamento de Folklore) y Martín Flax (Director de Cooperativismo Cultural del INAES).
El debate pretende caracterizar brevemente la forma que adopta nuestro país, tensionado por otros de mayor alcance como el de la economía social, el ingreso universal y la transmutación del empleo, en el marco de la digitalización. Pero también busca identificar una agenda de acción colectiva posible que promueva el fortalecimiento de la organización popular del sector.
"Desde la Facultad de Arte, queremos que esta Semana de la Extensión habilite las voces de los y las artistas de la ciudad, poniendo en relieve las trayectorias, los deseos, las experiencias, las formas de construir, los procesos creativos, los vínculos personales y territoriales. Es una instancia para pensar y repensar el rol de la universidad pública y las instituciones de formación artística: el compromiso social que asumen y que se traduce finalmente en una multiplicidad de construcciones e intervenciones artísticas", sintetiza Anabela Tvihaug, secretaria de Extensión de esa unidad académica.
La precariedad cultural a debate
Federico Escribal es gestor cultural especializado en políticas culturales, diversidad y derechos culturales. Su campo de investigación es el de las políticas culturales, desde un enfoque de derechos y basado en la perspectiva intercultural. Entre 2011 y 2015 fue director Nacional de promoción de los Derechos culturales y Diversidad cultural a nivel nacional y actualmente forma parte de la Plataforma Federal de Cultura.
"La pandemia volvió a visibilizar la precariedad estructural del sector cultural, en términos de derechos laborales. La cuarentena colectiva, con una extensión inusual, fue atravesada por una nueva condición: la digitalización. Este cruce, aún no universalizado -dado que amplios sectores sociales no cuentan con condiciones habitacionales mínimas, menos aún de tecnología y conectividad- generó escenarios novedosos.", adelanta Escribal.
¿Qué nuevos aspectos en el debate del ser y hacer de un trabajador de la cultura introdujo la postpandemia?
Por un lado, la percepción social del arte en todas sus variables como un refugio ante la restricción de la socialización; especialmente en contextos urbanos en los que la familia como unidad microsocial se ha ido desarticulando y mucha gente vive sola. Atravesó la pandemia encerrada y sola, al menos en una porción amplia. Como se dijo: "si el encierro te parece insuperablemente malo, intentá pasarlo sin arte".
Por más problemático que sea delimitar el arte -y la necesidad urgente de hacerlo por fuera del mandato moderno/occidental que heredamos- detrás de cada experiencia simbólica hay dos sujetos dinamizadores. Uno necesariamente colectivo que es el pueblo, que elabora la trama de sentido general a partir de la cual se elabora y en la cual se inserta la propuesta creativa. Otro, que puede ser colectivo o individual, que es quien construye la incidencia ético/estética que es la experiencia o bien de base simbólica.
Las condiciones en las que esto se lleva adelante son penosas. Inicialmente, un desaliento vocacional: si te interesa la cultura o el arte la pregunta que se impone es ¿y de qué vas a vivir? Si se sostiene la decisión, aparece la inasibilidad del campo laboral que requiere del desarrollo de experiencia y legitimidad en un grado superlativo para la inserción del sujeto ¿quién puede sostenerse en este esquema? Mayoritariamente, quien tenga condiciones objetivas resueltas por fuera de su ingreso laboral, lo que sesga quién se mantiene en la producción simbólica y quién no. Básicamente, se reproduce un sistema de producción artística basado en las clases medias y acomodadas en lo económico. Condiciones básicas como la seguridad social (jubilación) están absolutamente fuera del registro del debate social. Y los Estados, que se comprometieron en el último siglo con los derechos culturales de su población, sostienen políticas culturales basadas en lo artístico y restringidas a los circuitos de legitimidad propios de cada lenguaje, sin poner al pueblo como sujeto de derecho colectivo en el centro de su reflexión.
Si bien la postpandemia apareció como un momento de visibilidad del debate, con la renormalización de las sociedades desiguales estos temas vuelven a quedar rezagados en la agenda pública.
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