10 de octubre de 2008

Locales

Locales. La familia de las mellizas negó la atroz historia denunciada

Ayer, desde las 10, se reinició la audiencia oral y pública contra un hombre denunciado por violación por parte de sus hijastras mellizas, contando con el respaldo de aquellos actores sociales de la Tribu, ONG que trabaja con chicos en riesgo, ámbito en el que una de las víctimas supo acudir y trabajar y donde finalmente terminó confiando su traumático pasado, para culminar finalmente en este juicio.
Precisamente el inicio del debate ayer fue con el comparendo de aquellos integrantes de la organización que contuvieron a las hermanas y acompañaron en este complejo y delicado proceso judicial, aunque también padecieron una denuncia en su contra por la presunta comercialización de estupefacientes, según reza una denuncia paralela que oportunamente emitió el imputado.
Mario Raimondi y Patricia Del Río (responsables de la Tribu), respectivamente, dieron su testimonio acerca del contacto que tuvieron con las mellizas y su intervención en el caso.
Ambos fueron contestes en su versión de la historia. Hablaron de la espontánea llegada de una de las chicas a la Tribu, donde se dispuso a colaborar y compartir con el grupo. Allí, en una charla comenzó a hablar sobre su drama. Paralelamente, comenzaron a intervenir en el núcleo familiar, donde constataron señales de una vivienda signada por la violencia, con serios problemas de adicciones para con otras hermanas.
Otro dato significativo de sus testimonios, fue cuando se reseñó que algunos docentes que habían tenido a las hermanas como estudiantes en la escuela sabían de al menos ciertos signos de violencia que habían padecido las chicas, sin embargo nunca hicieron nada. Nadie se metió, refirió Del Río.
Asimismo, en una de las visitas realizadas al domicilio del imputado, Del Río constató que algunas de las paredes estaba empapelada con imágenes de mujeres desnudas, con leyendas curiosas como “corazones ardientes” o “te estoy mirando”. A la mujer le resultaron llamativas las imágenes en una vivienda donde conviven chicos (más precisamente son 10 hermanos más las mellizas).

LA NEGACION DEL ENTORNO
Tras la declaraciones descriptas, llegó el turno de la familia sanguínea de las hermanas como así también allegados y amigos del acusado, quienes por unanimidad negaron conocimiento alguno de los abusos que las chicas relataron. Todos dijeron desconocer lo que presuntamente pasaba entre ellas y el padrastro, como así tampoco los motivos por los cuales las mellizas dijeron lo que dijeron.
Fundamentalmente la curiosidad o la expectativa se centró en la palabra de la abuela de las presuntas víctimas como de la mismísima madre y pareja del acusado, quienes a pesar de la insistencia del fiscal como de los propios jueces por intentar descifrar a las dubitativas declarantes, ratificaron su negación sobre los hechos ventilados en el debate.
Primero fue la abuela, que vivía en la casa de delante de la propiedad, dividida por una puerta de la casa donde residía su hija con la docena de hijos y el marido, hoy sentado en el banquillo de los acusados.
La señora, se limitó a negar sistemáticamente haber tenido conocimiento alguno de los que sucedía según los dichos de sus nietas. Dijo que nunca sospechó, ni advirtió nada a pesar de vivir prácticamente juntos y convivir la rutina diaria. Sobre las mellizas, consideró que se trataba de chicas buenas, con personalidades distintas, pero que no entendía porqué dijeron lo que dijeron y ahora sostienen en el juicio.
Las preguntas del ministerio público fiscal como la propia intervención de los magistrados redundó en preguntas casi fastidiosas ante la reacción negativa de la mujer, dejando la sensación que no creían mucho en sus afirmaciones, como no entendiendo cómo podía silenciar lo que sus nietas dicen haber padecido.
La madre, se mantuvo en la misma compleja sintonía. Contó que hace 21 años está junto a su esposo ahora preso, con quien tuvo 10 hijos, y con quien admite haber mantenido discusiones varias que en muchas oportunidades terminó en agresiones físicas. Específicamente reconoció haber sido víctima de golpes. Sin embargo, subrayó que se trataba de peleas “naturales” de un matrimonio con sus inconvenientes rutinarios.
El fiscal como los jueces repreguntaron porqué nunca indagó en sus hijas sobre lo ocurrido, a lo que la mujer respondió con un largo silencio, para luego decir: “no sé”.
El juez Arecha fue quien más se ocupó de insistir sobre esta tesitura negativa de la mujer, preguntando el porqué del ocultamiento, de no hablar entre los suyos lo que había ocurrido, por más falaces que resultasen las acusaciones, a lo que madre de las víctimas volvió a repetir un silencio tenso, hasta replicar “no sé, no puedo decir...”.
Sin más, y con la impotencia de intentar explicar el silencio de las mujeres, el tribunal dispuso el comparendo del resto de los testigos, todos allegados al acusado, quienes a sus modos y sus formas hablaron sobre el buen concepto del hombre denunciado, quien siempre con una carpeta en mano con presuntos documentos que avalarían su supuesta investigación, prefirió finalmente no declarar y dejar que su entorno lo defendiese.
Fue así que amigos como incluso tíos de las mellizas intentaron agregar datos a la hipótesis conspirativa del imputado, aunque aludieron a generalidades y dichos del propio acusado, cuestiones que no han sido probadas ni mucho menos.
Finalmente, el Tribunal dispuso un cuarto intermedio hasta el miércoles venidero, a las 10.30, tiempo de los alegatos del fiscal de juicio como del defensor oficial.

El llanto del dolor
Tal vez como nunca, después de haber tenido que relatar el horror que dicen haber vivido entre su niñez y la adolescencia, las mellizas ayer denotaron la mayor congoja que hayan atravesado durante la audiencia.
Más precisamente el llanto apareció con la sistemática negación de su madre frente a los hechos que ellas contaron. Ambas, que siguen el juicio estoicamente y cruzan miradas con su padrastro entre el dolor y la indiferencia, se quebraron cuando su madre era indagada y no creía en lo que sus hijas habían padecido y denunciado.
Las mellizas se tomaron fuerte de las manos, se consolaron y sobrellevaron el mal momento, tal vez el peor del juicio, cuando su propia madre las negó.

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