8 de septiembre de 2015

Locales

Locales. La historia del sacerdote tandilense expulsado por abusar de menores en Dolores




Hace pocos días, se conoció la noticia de la expulsión de la iglesia del ex párroco de Nuestra Señora de los Dolores, Rodolfo Hamerler, por abusos cometidos contra niñas alumnas del Instituto Bertoni de Dolores desde la década del 70, prácticamente no hubo otro tema en aquella localidad.
La noticia, publicada originalmente por el diario La Capital de Mar del Plata, fue recogida y reproducida por todos los medios de la ciudad y la zona y fue un tema central en las redes sociales. Allí, cientos de personas expresaron su repudio al pederasta y, en muchos casos, relataron episodios similares vividos por ellos mismos o allegados.
En 1975 los padres de unas alumnas del Instituto Parroquial Bertoni de Dolores denunciaron abusos hacia niñas de 12 años.
Una de ellas, Mercedes Harisgarat, reactivó el proceso en 2008, pero recién hace pocos días, 40 años después, el cura recibió la notificación de su expulsión del ejercicio público del ministerio sacerdotal.
Es así que el ex párroco de Dolores, Rodolfo Hamerler, fue expulsado de su sacerdocio a raíz de este proceso iniciado por la denuncia de alumnas del colegio religioso del que era representante legal, por abuso sexual.
Los testimonios aseguran que los abusos comenzaron a mediados de los ’70, pero continuaron durante todo el ministerio de Hamerler y que los mismos se iniciaron como insinuaciones o manoseos, para luego, con el paso del tiempo, dar lugar a episodios mucho más graves.

QUIÉN ES HAMERLER

Oriundo de Tandil, a mediados de los 70 fue nombrado párroco de Nuestra Señora de los Dolores, un cargo en el que se mantuvo por más de 30 años. Algo no demasiado habitual en el ámbito eclesiástico, por cuanto lo común es que los sacerdotes permanezcan algunos años frente a las parroquias y luego sean trasladados a otros lugares de la diócesis o fuera de ella.
Además de párroco, Hamerler fue representante legal de los Institutos Parroquiales de Dolores, un cargo que implica desde el nombramiento del personal a recabar los medios económicos para el funcionamiento de la institución, según reza el estatuto correspondiente. También señala que su tarea es “la organización de la tarea escolar en toda su amplitud de manera que se logren del modo más excelente posible (...) un ambiente apropiado para que crezca la persona humana en el amor y en la libertad responsable”.
Desde su época de formación en el seminario, fue apadrinado por el obispo de La Plata, Antonio Plaza, uno de los quince sacerdotes incluidos en la lista de represores citados por la CONADEP en su libro Nunca Más, denunciado penalmente por el delito de encubrimiento de torturas y privación ilegal de la libertad.

AVANZA LA DENUNCIA

La denuncia por abusos fue realizada por los padres de niñas que concurrían al Instituto Bertoni en 1975. En ese momento, la directora de la escuela primaria acompañó a los padres en su reclamo, que fue archivado y terminó provocando un clima de hostigamiento que la obligó a renunciar, según recuerdan sus familiares.
Los relatos posteriores indicaron que estas conductas aberrantes por parte del sacerdote continuaron, ya que la reactivación de la causa se produjo hace unos 8 o 9 años y fue encabezada por mujeres de diferentes edades.
En medios eclesiásticos, señalan positivamente el impulso que el actual obispo de Chascomús, Carlos Malfa, dio a la causa. Fue una investigación muy prolija, indican, lo que permitió llevar a buen puerto la condena en el ámbito eclesiástico, que es, según señalan los conocedores de los códigos canónicos, ejemplar y muy dura.
Sorpresivamente, Hamerler dejó Dolores en 2008: ahora se especula con la coincidencia de las fechas de reactivación de la denuncia en su contra. En ese momento también se cuestionaron sus manejos financieros con los fondos de los institutos, aunque nunca hubo denuncias presentadas en la justicia ordinaria.

EL TESTIMONIO DE HARISGARAT

Mercedes Harisgarat recuerda las tardes de las clases de educación física en el patio del Instituto Parroquial Bertoni en 1975, que fueron publicadas por el diario La Capital de Mar del Plata días atrás.
“Tenía 12 años y en esas épocas hacíamos gimnasia con un bombachón. En medio de la clase nos venía a buscar a las chicas para confesarnos y nos llevaba a un salón, donde nos sentaba en la falda y nos pasaba la mano por las piernas, por las tetitas incipientes”.
Puede recordar, dice, la escena con total precisión, pese a los años que pasaron. “Era el salón de primer grado, con unas cortinas de lona arqueadas por el sol. Por ese espacio, nuestros compañeros varones espiaban qué hacía con nosotras”.
Los padres de Mercedes hablaron con la directora, la señora Sara Flaqué, “quien hizo la denuncia y creo que a raíz de eso la echaron”. “Pero todo quedó absolutamente archivado y Hamerler continuó siendo el párroco principal de Dolores. Es más, nosotras fuimos segregadas y nos decían “las promiscuas”. Y los casos de abuso siguieron sucediéndose.
Hace unos ocho o nueve años vino a verme una chica que tendrá unos treinta años hoy, es decir, mucho más chica que yo, a contarme que le había pasado lo mismo y si yo la acompañaba al episcopado a hacer la denuncia.
Mercedes, que es abogada, junto con otras víctimas de distintas edades, volvieron a denunciar al cura abusador. “Nos trataban como que lo habíamos provocado”, dice recordando el proceso.
Hoy, tiene ante sí una carta del canciller del Obispado de Chascomús, en la que en nombre del Obispo Carlos Malfa, y dice que “después de una prolongada investigación, en la cual usted ha colaborado con su testimonio que el obispo agradece y valora, donde se han respetado los plazos procesales y el debido derecho de defensa del acusado, ponderados todos los elementos de la causa se ha llegado a la certeza de su responsabilidad (la de Hamerler)”.
“A mí no me ha quedado mayores secuelas porque mis padres me creyeron, pero sé que hay otras chicas a las que les arruinó la vida”, dice Mercedes.
Ahora, se le ha impuesto la pena de “exclusión perpetua del ejercicio público del ministerio sacerdotal”, la que fue confirmada con carácter de “cosa juzgada” por la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Sede Apostólica.
Por Gabriela Urrutibehety para entrelineas.info

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