14 de marzo de 2010
Por Daniel Carlos Argemi (Prof. de Historia y Prof. en Ciencias Políticas)
La historia es un campo del conocimiento demasiado útil como para ignorarlo. Siempre ayuda a encontrar las claves para entender la realidad actual. El presente encuentra en el pasado, una serie de razones que permiten entenderlo y desde allí, se puede proyectar el futuro.
Los distintos actores sociales, tanto individuales (como San Martín o Belgrano) y/o colectivos (como el ejército o los federales), producen hechos que provocan rupturas o mantienen la continuidad de las estructuras sociales, políticas, económicas, religiosas y culturales. Los cambios pueden ser rápidos o lentos; pueden sostenerse en el tiempo o casi desaparecer en el largo plazo. La historia de la humanidad tiene demasiados ejemplos de todo esto.
Nuestra patria está próxima a cumplir 200 años desde la Revolución de Mayo, momento en el cual la llamada Primera Junta asume el gobierno propio; y dentro de 6 años, será el correspondiente festejo de la Declaración de la Independencia. Es un buen momento, para repasar algunos acontecimientos históricos que marcaron estos comienzos y ayudaron al proceso histórico que nos lleva a la fundación de un Estado argentino libre.
A fines del Siglo XVIII (años 1700) y comienzos del Siglo XIX (años 1800) hay un mundo marcado por muchos procesos transformadores. Por un lado, la Primera Revolución Industrial que entre otras cosas, introduce el uso intensivo de maquinarias en la unidad de producción llamada fábrica. En ella se produce mayor cantidad en menor tiempo y a muy bajo costo unitario. Una consecuencia natural es la búsqueda de materias primas para elaborar manufacturas y la necesidad de mercados consumidores para vender dichos bienes.
Por otro lado, la Revolución Norteamericana y la Revolución Francesa marcan claros límites al poder absoluto de la monarquía y al modelo social centrado en los privilegios de nacimiento (la nobleza tenía el “derecho” de dominar a los otros grupos sociales, porque era “la mejor” y las leyes lo aceptaban y defendían). Con los nuevos gobiernos, aparece un reconocimiento de los derechos civiles (como los de propiedad, a la libertad de conciencia y de expresión) y políticos (como la participación en el sistema político). Todavía, quedará un largo camino para incluir a todos, porque son muy pocos los beneficiados inmediatos con el cambio.
En el mundo intelectual, la Ilustración ayuda a difundir las llamadas “nuevas ideas”. Una serie de pensadores (filósofos, en la época) reconocen la existencia de derechos para los hombres (algunos fundamentan su existencia en Dios y otros, en la propia naturaleza del hombre, ya sea como individuo o como ser social). También proclaman la necesidad de instalar un gobierno con el poder delimitado y equilibrado (el nacimiento de la idea de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial), para impedir el despotismo y los atropellos del monarca de turno.
La idea de esta columna quincenal, teniendo como referencia el breve y sintético marco temporal mencionado, es rescatar hechos de la Historia Argentina referidos a esta época, biografías, ideas políticas y/o el funcionamiento del sistema económico; como un aporte a la reflexión de los problemas actuales que aquejan a nuestra sociedad. No solamente se buscará que el lector la disfrute y la encuentre interesante, sino que le resulte útil para analizar el presente y reflexionarlo desde sus propios valores e ideales.
El pasado siempre nos marca pero nunca nos condiciona, porque el hombre es capaz de producir transformaciones para lograr un futuro mejor y un porvenir más venturoso.
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