18 de diciembre de 2010

Locales

Locales. La Justicia condenó a ladrón que se disfrazaba como si fuera “Haloween”

Días pasados desde el Tribunal Criminal Nº 1 se ventiló el veredicto de un juicio en el que fue condenado un hombre que utilizaba un disfraz para robar. En vez de ingresar al local exclamando “dulce o truco” lo cambió por “esto es un asalto”·, a punta de pistola.
Para el juez Guillermo Arecha, se acreditó que el 29 de diciembre de 2007, aproximadamente a las 21, Rubén Ignacio Casale, vestido con una túnica de color oscuro y una mascara que tapaba su rostro, ingresó en el comercio denominado “Autoservicio Silvio”, ubicado en calle Pujol a la altura del 1006 e intimidó a su propietaria María Celia del Sole con la escopeta recortada que portaba sin autorización legal, la cual se encontraba descargada.
En dicha circunstancia fue sorprendido por el esposo de la nombrada, Abel Silvio Lanestosa, con quien se trabó en lucha golpeándolo con el arma en cuestión a fin de vencer la resistencia de éste, no obstante ello Lanestosa logró sacar a Casale la máscara que cubría su rostro y lo determinó a emprender la fuga sin lograr su propósito, abandonando en el lugar la máscara y el arma de fuego utilizada.
La versión fue acreditada por los dichos de la propia damnificada, María Celina del Sole, quien manifestó que se encontraba en el sector de las cajas, e ingresó repentinamente una persona de aproximadamente 1,70 m. de altura de contextura física robusta, vestido con un túnica de color negro del tipo “Haloween” y máscara de goma que ocultaba su rostro, de color marrón -cejas anchas y nariz grande- portando en sus manos un arma de fuego recortada, cañón color oscuro y culata de madera oscura, con la cual le apuntó directamente a su pecho desde una distancia de un metro, gritando una frase cuyos términos no recuerda, al tiempo que se dirigía hacia el costado que permite pasar al otro lado del mostrador.
Siguió relatando que en ese momento su marido Silvio Lanestosa, que se encontraba acomodando mercadería en las góndolas, lo sorprende por atrás iniciándose un forcejeo con intercambio de golpes en el cual su marido recibe un golpe en la cabeza con el arma, que no obstante logró sacarle la careta y quitarle el arma, continuando la lucha hasta que la persona se puso de pie y salió huyendo.
Acotó que a dicha persona la conocía por haber concurrido en varias oportunidades a comprar cigarrillos al negocio, refiriendo además que, una hora antes del hecho, Casale concurrió al comercio a comprar cigarrillos, haciéndolo vestido con un pantalón jeans y su torso desnudo, llamándole la atención el tatuaje que exhibía en su abdomen del nombre “Ignacio” en letras de imprenta y en color oscuro.
La testigo del Sole reconoció tanto la máscara como el arma de fuego que le fueron exhibidas como las utilizadas en el hecho.

LA RESISTENCIA

Por su parte Lanestosa ratificó la versión, recordando que escuchó la frase “esto es un asalto...”, y pudo ver a una persona vestida con una túnica de color oscuro la que ocultaba su rostro con una máscara de color piel sucia, nariz grande, que caminaba de un lado a otro, ver que esta persona portaba en sus manos una escopeta recortada con caño y culata de color oscuro.
Explicó que se acercó a dicha persona y la tomó por atrás, no obstante esta logró darse vuelta para pegarle con el arma en el parietal derecho; que se trabó en lucha sin dejar de tomar el arma con el fin de evitar su utilización, que en determinado momento logra sacarle a la persona la máscara dejando su cara al descubierto escuchando en ese momento los gritos de su esposa “...yo a vos te conozco... soltalo...” y, en ese momento éste se puso de pie y salió a la carrera del local en dirección a la calle Bereterbide, perdiéndolo de vista por la oscuridad. a otro cerca de la caja, con la intención de pasar el mostrador hacia donde se encuentra la caja de dinero, al tiempo que su esposa estaba muy nerviosa gritaba y lloraba, así también el testigo reconoció la máscara y el arma recogida como la utilizadas en el hecho.
Los citados testimonios se completan con el reconocimiento que efectuaron de Rubén Ignacio Casale en rueda fotográfica como la persona y, a la vez resultan corroborados por los dichos de la empleada del comercio Lorena Luján Gómez, testigo presencial de los hechos.
Para el magistrado, con los elementos de prueba permitieron sin esfuerzo adquirir sincera convicción respecto de la exteriorización del hecho como se ha consignado y de la participación penalmente responsable de Casale.
Para el doctor Arecha, la calificación legal que correspondió otorgar a los hechos se encuentran ajustado a la figura de “Robo agravado por el uso de arma en grado de tentativa y tenencia de arma de fuego de uso prohibido, en concurso real. Correspondiendo así condenar a Casale, a la pena única de tres años de prisión de cumplimiento efectivo.

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