4 de junio de 2014
En la tarde de ayer, Graciela Arriola y alrededor de 30 personas que la acompañaron, se movilizaron en reclamo de justicia al cumplirse dos años de la muerte de Aarón y Evaristo Etchevest Arriola, como consecuencia de inhalación de monóxido de carbono por el mal funcionamiento de un artefacto en la vivienda que ocupaba la familia en Uriburu 1087.
Arriola, reclama justicia, al considerar que en la muerte de sus hijos (en la madrugada del 3 de junio de 2012) hubo responsabilidad del gasista que cambió de lugar un calefactor sin tomar las precauciones del caso y del martillero que le alquiló la casa en la que ocurrió la tragedia, que no le advirtió de esos cambios y las deficiencias que podría presentar. Aquel episodio también mantuvo a Arriola y a su entonces pareja y padre de los pequeños fallecidos, Adrián Etchevest, al borde de la muerte por varios días, porque también se intoxicaron.
La marcha, comenzó pasadas las 19 horas, en Colón y Uriburu e inicialmente, se dirigió a Uriburu 1087 (escenario de la tragedia), luego siguió hacia Uriburu y Saavedra (donde vive el martillero que intervino en el alquiler de la vivienda por parte de la familia que resultó víctima del triste episodio) y más tarde por Mosconi al 300, donde reside el gasista imputado por la justicia por homicidio culposo, tras haber trabajado en la casa donde fallecieron los hermanitos de 9 y 5 años.
La muerte de los pequeños se produjo debido al mal funcionamiento de un calefactor que había sido cambiado de lugar, mientras que un termotanque había sido instalado con una cañería correspondiente a 2.000 calorías, mientras que el termotanque era de 4.000. También se pudo corroborar con la realización de las correspondientes pericias que había irregularidades con las rejillas y la claraboya del baño.
Además se determinó que las modificaciones concretadas en el inmueble que alquiló Graciela Arriola, nunca fueron verificadas por inspectores de Camuzzi, como corresponde en estos casos, para dar certificación del buen funcionamiento y la correcta instalación de los aparatos en cuestión.
El cambio de lugar del aparato de calefacción, se hizo cuando la casa de Uriburu 1087 era habitada por otra familia. Cuando se desocupó y la vivienda fue ocupada por Arriola y su familia, el martillero que realizó la operación inmobiliaria no le habría advertido ni a la mujer ni a su ex pareja, de los problemas que podría presentar el artefacto a partir del cambio de lugar.
“NADIE QUIERE DECLARAR QUIÉN FUE EL GASISTA QUE HIZO EL CAMBIO”
En la marcha, Arriola expresó que “vivo con un dolor muy grande porque no me resigno a no haber visto a mis hijos en el cajón. Es una pelea diaria, que sobrellevo por la lucha por justicia”.
En ese sentido, afirmó que “han sido dos años muy duros, en los que no pude sanar las heridas abiertas por la impunidad que hay”. La mujer indicó que “hasta el momento solamente está imputado el gasista Luis Baca, por haber hecho modificaciones en el termotanque. Pero ni él, ni los dueños de la casa, ni el martillero y tampoco las personas que trabajaron en la restauración de la casa, quieren declarar ante el fiscal quién fue el gasista que cambió el calefactor. Se encubren”.
Arriola sostuvo que la movilización se dirigió a la casa del martillero y del gasista imputado, “porque declararon que la ventilación de la casa estaba correcta, que los artefactos funcionaban en perfecto estado y que el que habría desconectado el calefactor fue el padre de mis hijos, y que dejó una carta dirigida a mi hija, diciéndole qué tenía que hacer con la carnicería (NdR.: Adrián Etchevest es propietario de un comercio de ese rubro). Eso es falso, esa carta no existió y es una locura pensar que mi ex pareja quería matar a toda su familia. Dicen esas cosas para ver si pueden salir libres de culpa y cargo”.
“Voy a luchar hasta el último día de mi vida, porque se haga justicia para mis hijos”, aseguró Arriola, quien además, expresó que es acompañada “por otras familias del dolor, que han sufrido la pérdida de seres queridos y que ahora, son parte de mi familia y nos apoyamos unos a otros cuando estamos por caernos”.
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