21 de agosto de 2009
Un televisor 29 pulgadas al lado del estrado donde comúnmente tres hombres trajeados y adustos imparten justicia. Una veintena de “televidentes” muy cercanos entre sí pero cruelmente distanciados por los intereses que se debaten esperaban expectantes el encendido del aparato. Apenas los ventiladores de las computadoras irrumpe en el silencio sepulcral de la escena preliminar. Por primera vez en la historia judicial del Tribunal Criminal N° 1, se permitía que la declaración de una menor presuntamente víctima de abuso sexual fuese presenciada más allá de los jueces, el fiscal, la defensa, los peritos y el acusado. Por eso la tensa prudencia colectiva. El público se aprestaba ver las imágenes de la nena que cuenta cómo su abuelo abusó de ella.
En efecto, ayer por la mañana se retomó el juicio contra un hombre acusado de abusar y corromper a sus nietos, delito por el cual hubo una serie de testimonios vinculados indirectamente al aberrante caso ventilado. Los padres de la presunta abusada, como las hijas y la mujer del imputado, además de otros actores ya habían dicho lo suyo. Ahora era el turno de la menor, la nena que cuando tenía 10 años dijo haber sido abusada por su abuelo.
Para ello, se utilizó la cámara gesell, que permite no exponer a la víctima nuevamente ante un recinto con demasiada gente. Un cuarto, con apenas el fiscal y alguna profesional y un par de cámaras de video para que la nena se explaye -dentro de sus posibilidades- sobre lo padecido.
Como oportunamente se informó, el Tribunal está integrado por los jueces Pablo Galli -presidente-, Guillermo Arecha y Carlos Pocorena. En tanto que el fiscal resulta el doctor Luis Piotti, la defensora Victoria Perellió (letrada marplatense).
LOS JUEGOS DEL ABUELO
En el caso que se debate, la declaración filmada sólo estuvo el fiscal Luis Piotti, quien recibió a la nena en la habitación. La niña lucía su pelo recogido en dos colas atadas por dos grandes pompas de lana roja y una simpatía nerviosa que se iba a disipar a medida que la entrevista iba al meollo de la cita pautada: contar sobre “los juegos” que le proponía su abuelo.
Con un lenguaje coloquial, el fiscal empezó a conversar con la nena sobre su historia. Sabedora del porqué se encontraba allí, empezó a soltar información sobre cómo estaba compuesta su familia, su vida escolar y todo lo que hacía a su rutina.
De a poco y en medio de la charla amena, el funcionario empezó a ahondar sobre el juego. Con preguntas inducidas ante las primeras negaciones, la niña se aferraba a un silencio hasta que rompió en un llanto desolador. El fiscal se acercó y buscó consolarla, hasta que se requirió el ingreso a la sala de su madre.
Tratando de volver toda su humanidad en el vientre de su madre, seguía apesadumbrada y en medio de sus lágrimas conmovedoras dijo: “no quiero hablar de eso, me pone mal. Me da vergüenza”, sollozaba.
Pasaron los minutos, y la paciente insistencia de la madre como del fiscal lograron que de a poco la nena pudiera hablar sobre lo que la llevó a esta difícil situación: contar sobre sus encuentros con el abuelo y los juegos que le hacía proponer.
Con un relato por momentos confuso en cuanto a precisiones cronológicas de espacio y lugar (propios de la edad), la declarante fue detallando a sus modos y sus formas lo padecido.
Que el abuelo la llevaba al dormitorio de la casa, que la obligaba a sacarse la ropa y cómo se sucedían los tocamientos, formaron parte de las precisiones de la niña que enmudecieron al estupefacto auditorio, con ojos clavados hacia el suelo y una madre (de la nena que se veía por la pantalla) quebrada por la angustia de tener que revivir todo. Sólo contenida por su esposo que, apenas a centímetros, tenía a sus hermanas y madre incriminándole con sus miradas por lo que lo creen ser mentor de toda una fábula. Unos metros más allá, su padre, el presunto abusador.
Ya más en confianza, el relato salteado de la declarante agregaría nuevos elementos. Que el abuelo en uno de los encuentros íntimos si disfrazó de mujer con ropa de la abuela y se ponía peluca. Que la hacía mirar películas pornográficas y que en un par de oportunidades incluso lo acompañó a alquilar esas películas, como así también la llevó a otras casas de prostitutas, con quien le hacía participar de las relaciones sexuales.
Con su diario íntimo ya en la mano, la nena entró en mayor confianza, relatando aberrantes sucesos como si aquello que describía no formaba parte de su propia historia. Esta conducta formaría parte luego del debate entre las psicóloga oficial y la ofrecida por la parte defensista (ver aparte).
Tras una hora y media de proyección, la declaración filmada llegaba a su culminación. El tribunal daba por terminada la instancia y el público pareció recuperar el aliento. Tras un breve cuarto intermedio para escuchar las conclusiones de las psicólogas, la sala se despejó. Algunos con su silenciosa convicción a cuestas sobre lo que habían visto por la televisión. Otros más elocuentes sobre el descreimiento de aquel relato y fervientes convencidos en que aquella niña inventó todo, o alguien –sus padres o la terapeuta- influyó para que dijera lo que dijo. Sostuviera lo que sostuvo en semejante tortuoso procedimiento.
Entre la verosimilitud del relato
y la contaminación del proceso
La licenciada Navarro, psicóloga perito del departamento judicial, y la psicóloga de parte, doctora Delia Susana Pedrosa de Alvarez, tras seguir atentamente la filmación, dieron sus impresiones y conclusiones sobre lo que ellas observaron como así también las intervenciones anteriores que tuvieron en el expediente.
Precisamente la perito oficial aludió a las primeras entrevistas que tuvo con la menor más allá de lo que sucedió con la cámara gesell, detallando que en el primer encuentro la niña no pudo contar nada, mientras que en la segunda oportunidad sí concretó su relato, coincidente con lo que se vio por televisión, pero sin la angustia que el hecho primeramente obstaculizó su declaración.
Para la perito, dicha conducta se condice con una idea disociativa, cuenta la historia como si no fuera ella la protagonista. Añadiendo que forma parte de los abusos intrafamiliar que le tocó intervenir.
La profesional subrayó ante las preguntas del fiscal que se puede hablar de un relato verosímil, lo que no necesariamente infiere en que esa historia sea verdadera.
Asimismo, agregó que no evidenciaba indicadores de fabulación, que a su criterio no parecía un relato armado.
Indagada sobre por qué la niña por momentos negaba y por otros momentos se explayaba con cierta naturalidad, la psicóloga respondió sobre la aparición de la culpa de la víctima por lo que pasa.
También reconoció que no resulta apropiado que en dicha entrevista filmada estuviese la madre u otras personas más allá de quien pregunta.
La psicóloga de la defensa, a su turno, cuestionó sobre las preguntas inductivas del fiscal, como así consideró la personalidad vulnerable de la niña que le permitía especular en que se trata de una persona influenciable por parte de mayores.
También criticó la intervención de la terapeuta desde los primeros dichos de la niña acerca de un presunto abuso. Señalando que la profesional pudo tranquilamente haber contaminado el relato.
En dicha hipótesis, se detalló sobre algunas palabras “prestadas” esbozadas por la menor, como por ejemplo vagina, prostituta o relaciones íntimas. Términos que no son propios de una nena de esta edad.
Empero, la perito oficial retrucó aludiendo que seguramente la intervención de la terapeuta no fue lo más conveniente, aunque en algunas oportunidades, cuando la niña no sabe cómo denominar las zonas donde había sido tocada la profesional les da el término para que pueda seguir con el relato y la víctima la incorpora como propias, incluso sin saber sobre su verdadero significado.
De las posturas encontradas de las profesionales, también se les preguntó sobre la personalidad del imputado, a quien se lo describió como una persona que evidencia mecanismos disociativos. Por un lado se muestra sociable, amigable, pero luego denota rasgos de agresión y ocultamiento. Incluso se aludió a rasgos femeninos en la pericia psicosexual.
No fue la misma interpretación de la psicóloga de parte, cuestiones que hacen a la corriente de pensamiento que la ciencia psicológica plantea entre la diversa bibliografía.
Ya entrada la tarde, la intensa jornada de audiencia arribaba a su finalización. Un nuevo cuarto intermedio hasta el venidero lunes sería la próxima cita. Primero en la vivienda donde se presume ocurrieron los aberrantes hechos denunciados. Luego, será el turno del fiscal y la defensa para sus respectivos alegatos.
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