17 de marzo de 2012
Sustentable y competitivo, el negocio de la producción de energías renovables a partir de biomasa vegetal abre la puerta a nuevos negocios pecuarios y agroindustriales que potencian el desarrollo local del interior productivo.
Si el presente del negocio bioenergético es bueno en todo el mundo su futuro será, como sostienen los analistas, aún mejor. En el caso argentino, por las condiciones del sector agropecuario y el escenario previsto hacia 2020 por el Ministerio de Agricultura de la Nación (157 millones de toneladas de granos), la generación de energías renovables ya se perfila como un desafío a corto plazo que promete beneficios y desarrollo en los territorios.
Durante nuestra visita a Expoagro asistimos a la charla, especialmente organizada para los periodistas, de Mario Bragachini, destacado técnico de Inta Manfredi ( Córdoba) y coordinador de Proyecto Valor Agregado en Origen Precop III.
El técnico expresó que “ la Argentina presenta actualmente una balanza comercial energética negativa. Esta realidad podría acentuarse aún más a medida que se materialice la Argentina agroalimentaria y agroindustrial proyectada por el PEA 2, que requerirá de una mayor disponibilidad y distribución territorial de energía en origen», “Por esto”, sostuvo, “se necesitarán fuentes alternativas al petróleo, que en la última década aumentó cuatro veces su valor en dólares”.
El equipo de técnicos acaba de publicar el documento “Bioenergía y agroalimentos, oportunidad para el productor agropecuario argentino”, que evalúa distintas alternativas de corto plazo para producir energía en el mismo sitio donde se generan las materias primas y convertirla en un negocio estratégico que, además de mejorar la competitividad del productor agropecuario, permita el desarrollo de los pueblos. “Tenemos una producción tremendamente excedentaria en biomasa vegetal que debe aprovecharse a partir de la producción de agroalimentos y bioenergía estratégica en origen”, consideró Bragachini.
En este sentido, el coordinador contrastó: el país presenta actualmente una oferta energética que no alcanza a cubrir la demanda puntual en diferentes lugares del interior del país por problemas de distribución y resulta insuficiente para sostener las demandas del desarrollo creciente, previstas por la cartera agrícola nacional. Con las estimaciones del PEA, la afirmación de Mario Bragachini tiene peso propio: la superficie cultivada del país alcanzará las 42 millones de hectáreas en los próximos ocho años, lo cual sumado al aumento de productividad en los principales cultivos permitiría cosechar 157 millones de toneladas de granos.
En el caso de los biocombustibles el aumento será del 317 por ciento, cuyas exportaciones pasarán de 1.277 a 5.320 millones de dólares en 2020 y el biodiesel de soja representará la mayor proporción.
Además, por el incremento esperado en la producción de alimentos para 2020 -que dejaría un saldo exportable de 550 millones de raciones-, la Argentina podría elevar sus ventas al exterior de 40.000 a 100.000 millones de dólares sólo en el sector agroalimentario y agroindustrial. La producción de carne también prevé aumentos que, en casos como el complejo avícola, trepan hasta el 193 por ciento, mientras que el consumo interno anual llegará a los 112 kilos de carne por habitante.
Este fuerte incremento en la actividad pecuaria será alentado por la creciente oferta de subproductos de la industria de biodiesel y el bioetanol en origen que se pueden utilizar para diferentes alimentaciones animales.
Para el especialista, este escenario implica comenzar a generar “ bioenergía en origen, un término que cada día se asociará más al del valor agregado en origen y constituye una excelente oportunidad para el productor agropecuario argentino”. Este escenario, destacó Bragachini, puede ser aprovechado por empresas integradas por los mismos agricultores que producen la biomasa y “así generar mayor trabajo localy una mejor distribución de la renta”.
En este sentido, los 2.172 intendentes del interior del país tendrán una participación estratégica y en todo momento deberán ser los motivadores y facilitadores del desarrollo agroindustrial y agroalimentario que se desearealizar. El documento indica “ industrializar la ruralidad” mediante parques industriales , agroalimentarios y de energía renovable que serán una constante de la década.
Como ejemplo destacó Bragachini que puede mencionarse la radicación de plantas agroindustriales como fábricas de etanol en base a maíz, plantas Pymes productoras de biodiesel, biorreactores de generación de gas metano en cantidades industriales a partir de biomasa vegetal competitiva y también la cogeneración de energía eléctrica con motores multiflex a partir de biodiesel o bien aceite crudo de soja.
Asociarse como valor agregado
Según Fernando Ustarroz, integrante del Precop III, “la llave para los mejores resultados en producción de bioenergías está en el asociativismo que es la herramienta necesaria para posibilitar la participación de los productores agropecuarios y de las Pymes”.
Marcos Bragachini, técnico del Inta dio como ejemplo que quince plantas PYMES de extrusado-prensado, que en conjunto procesen 150.000 litros por día de aceite de soja, pueden instalar asociativamente una planta productora de biodiesel en origenpara proveer al cupo interno de corte de gasoil. Esta integración asociativase logra mediante Pymes y CNG ( Cooperativas de nueva generación) en origen de escala competitiva, con la mejor tecnología.
Las proyecciones estiman que para 2014 en la Argentina habrá entre ocho y diez plantas productoras de etanol en base a grano de maíz, la mayoría en la provincia de Córdoba; de hecho ya existe una en funcionamiento y otra comenzará a producir dentro de tres meses.
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