25 de junio de 2011
Por Teodoro Penoff
Empuñar una caña e instalarse en alguna escollera puede ser la puerta a una actividad rica de mansas emociones y relax. Además de estas características, la pesca deportiva permite distintos niveles de compromiso y satisfacciones. Se puede practicar la pesca competitiva, con el único objeto de capturar muchas piezas; o bien la recreativa, buscando el contacto con la naturaleza compartiendo el momento con los afectos, que suelen ser una gran compañía, pese al frío o al calor que esté imperando.
Un estudio realizado hace unos años por el INIDEP (Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero) determinó que los pescadores deportivos no afectan el devenir natural de las especies.
Los “adoradores” de la caña pueden pescar con ecológica tranquilidad, y todavía con mayor beneplácito si se tiene presente aquel deber moral de la pesca, que obliga a consumir todo aquello que se extrae del agua, o caso contrario, devolverlo nuevamente a su elemento.
La postal del pescador, hombre o mujer, que, caña en mano, se muestra a orillas del mar, de un río o a bordo de una embarcación tiene mucho de poesía, con increíbles amaneceres, atardeceres o noches sobrecogedoras de miles de estrellas. Y pescar, además de ser un verbo, es un instinto natural del ser humano, una práctica milenaria que alimentó a la humanidad y aún lo sigue haciendo. La pesca está dentro del ser, solo hay que buscar un poco y encarnar con lo adecuado.
Si usted aún no lo hizo, pruebe.
PESCA COMPLICADA
Los últimos días no fueron lo que muchos esperaban que fuera. Un fin de semana largo que dejaba abierta la posibilidad de recorrer la costa en busca del corno o aunque sea dar con un pesquero tranquilo y lograr algún que otro escardón de buen porte, condiciones que no se dieron debido a las adversidades meteorológicas presentes. Lluvia, frío, mucha leva, y los festejos del Día del Padre quitaron mucha presencia de pescadores y también de especies.
En la costa hubo poca actividad y en la mayoría de las lagunas también. Donde más gente hubo fue en la albufera de Mar Chiquita y en El Tupungato. Los resultados obtenidos fueron muy dispares pero el promedio general es positivo. De aquí en más, con el cambio de la fase lunar, es de esperar que los rindes se potencien y den más satisfacciones a los aficionados.
Un dato alentador, aunque sea ínfimo, es el de la lluvia caída en la zona de General Madariaga aportando un poco de agua a la Salada Grande y Los Horcones. Por ahora no soluciona nada, pero algo es algo.
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