21 de julio de 2008
La apicultura en el partido de Tandil sufre un duro momento por las consecuencias de la sojización, las inclemencias climáticas y el difícil acceso al crédito bancario, situación que los productores hicieron saber al senador provincial Néstor Auza.
“Esto es un desastre”, calificó a LA VOZ Marcos Sztrazay, miembro de la Cooperativa de Servicios a Productores Apícolas de nuestra ciudad.
Debido a la expansión de la soja cayeron los rindes, y al mismo tiempo, las condiciones climáticas jugaron una mala pasada a los hombres de la miel.
“El problema nace en 2000, cuando apareció el nitrofurano, que afectó la comercialización. Fue también una barrera para bajar el precio”, explicó el entrevistado.
Se calcula extraoficialmente que cerca de mil personas explotan la actividad apícola en el distrito. Aunque surgirán números precisos cuando concluya el relevamiento que encargó Auza, necesario para la tramitación de un subsidio que se transformaría en un paliativo.
Los 20 integrantes de Copsapa poseen un promedio de 1.000 colmenas, las cuales trabajan en su totalidad para abastecer la demanda de exportación. Países como Alemania, Inglaterra y Estados Unidos compran el insumo generado desde estos pagos.
En el cónclave con el legislador bonaerense, gestionado por Gustavo Morteo (Cooperativa Apícola de Tandil), el veterinario les aclaró que “es un senador provincial, mucho en la Nación no puede hacer, pero intentará ayudar en agilizar el trámite”.
“COMEN LAS ABEJAS O EL PRODUCTOR”
El reclamo de los apicultores consiste en un subsidio para la alimentación de las abejas, en tanto los promedios registrados en el distrito fueron “malísimos”, agravante que se suma a las retenciones que tiene la miel de exportación, de un 10.5 por ciento.
“Para nosotros es mala palabra”, explicó con sencillez Sztrazay sobre el porcentual que se lleva el Estado por la venta de miel al exterior.
Además, si bien el problema apícola data “de hace varios años”, también sufrió los efectos del conflicto agropecuario desarrollado en los últimos cuatro meses. “Lo del campo paró un poco la venta”, matizó el entrevistado.
Sztrazay también mostró sus dudas sobre el precio que cobran los exportadores, a los que le vende el productor.
El desembolso provincial que reclama el sector consiste en 20 kilos de azúcar por colmena. “Hay apicultores que con los rindes últimos, comen ellos o las abejas. Cuando se mueren esas colmenas, es muy difícil recuperarlas”.
“El negocio es un desastre porque tenemos mucho gasto. Desde el costo del envase (tambor de miel) hasta el costo de gasoil influyen. Cada vez que salís a alimentar, 7 u 8 vueltas por temporada, se pierde mucho combustible”, cuantificó.
La sequía también constituyó un factor climático que perjudicó la producción en la zona. “También tuvimos una helada en noviembre del año pasado”.
Las líneas de créditos para apicultores –en tanto- implican todo un desafío: “quien se mete, si no sabés cómo lo pagas. El 70 por ciento de los productores son monotributista, ¿cómo sacan una carpeta de préstamo en un banco?”, se preguntó. Otras líneas sólo atañen a cooperativas, y los muchos que están afuera, quedan marginados.
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