12 de mayo de 2014
Por Lorena Medina
Más de dos mil personas en el polideportivo de Unión y Progreso le dieron el marco esperado a un nuevo festival de boxeo que tenía como protagonista a Matías Rueda y que se vería en directo para todo el país por TyC Sports.
Detalles que para muchos son determinantes, para otros, los que siempre están....da igual. Vivir una pelea de la Cobrita Rueda, mirando a su gente, es realmente emocionante y revela qué la fortaleza que muestra el tandilense sobre el ring, es también la consecuencia, del gran apoyo que tiene bajo el ring.
Desde temprano Daniel el papá de Matías, andaba caminando por el Gigante de Villa Italia, siempre muy cordial, me acerco para saludarlo...y enseguida me lanza un “estoy tranquilo eh...Matías me transmite su confianza. Vengo del vestuario y ahí está preparándose tranquilo...”. Y me aclaró que para el momento de la pelea se iba a poner en el lugar de siempre...cabulero, “cada uno colabora con lo que puede”, se rió.
En la segunda fila del ring side, una señora con cámara en mano, espera sentada, algo seria. En la misma conversación Don Rueda, me contó que era la mamá de Matías que esperaba para hacer la filmación de la pelea. “Menos mal que está ella, yo no puedo hacer nada más que mirar la pelea”, dijo Daniel antes de despedirnos.
En el momento de la salida, Sergio Vega (entrenador) y Julio Lester (preparador físico) siempre lo esperan en el ring. Mientras Leo Fredes (un gran amigo) lo escolta.
Cada uno en el lugar indicado hace, como dijo papá Daniel, lo necesario para colaborar con el boxeador, con el hijo, y con el amigo.
Mientras lo mira su gente...Matías levanta los brazos para saludar al público, con una cara inexpresiva, ya ensimismado, pensando en la pelea.
En los primeros round la cosa venía bien, y mientras todo el resto pensaba en un nuevo triunfo, los suyos tenían bien en claro que faltaba mucho y no le quitaban los ojos de encima a La Cobrita.
En el tercer round, Tapia lo conectó en un cruce y rueda cayó pesadamente en la lona, atontado y con las piernas flojas.
En ese mismo momento a su padre y a su madre se le llenaron los ojos de lágrimas. El Negro Fredes frunció el ceño con notable preocupación. Vega y Lester, le hacían señas y le gritaban. Con los puños sobre la lona, Matías levantó la vista para clavar su mirada en el profe y enseguida se puso de pie. Se llenó de aire y salió a liquidarlo, con algunos tropiezos, finalmente logró que el árbitro decretara que Tapia ya no iba más.
Las más de dos mil almas en el Gigante de Villa Italia explotaron en aplausos y en “dale campeón”. Mientras sus padres dejaron de contener las lágrimas. Matías se abrazo al profe y cuando salió de ese abrazo vio a su papá esperando por él.
Padre e hijo se clavaron la mirada, no había mucho por decir, los ojos llenos de lágrimas y el abrazo fuerte...”hijo sos un campeón...te quiero, sos un campeón”. Ahí estaba el gran golpeador de hacia un ratito, recibiendo el amor del viejo que siempre esta acompañándolo. Alguna vez Matías me dijo “mi viejo es todo” y el sábado no me quedaron dudas.
Leo Fredes respiró aliviado pero se notaban sus ojos vidriosos y Sergio Vega...un poco más frío, se dedicó a sacarle los guantes y las vendas, como siempre.
“Ellos sufren al lado mío, se lo dedico a mi mujer a mi hija a mi viejo, ellos sufren todos conmigo me acompañan, ésto se lo debo a ellos”, diría después La Cobrita.
Alguna vez el carismático boxeador, Ringo Bonavena dijo “todos son muy amigos pero, cuándo subís al ring hasta el banquito te sacan”...Rueda tiene una gran fortuna, porque está rodeado de los que siempre están...de esos que no sólo son los amigos del campeón.
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