19 de junio de 2015
Mala praxis. Corría el año 2007 y eran horas convulsionadas en el despacho comunal. El escándalo desatado por la aplicación de 10 cc de formol en la humanidad del paciente Alberto Rojo, y el ocultamiento transitorio de la historia clínica y el protocolo anestésico, tuvo derivaciones políticas. El intendente descabezó la cúpula del Hospital Santamarina, en ese entonces comandada por el médico Oscar García Allende y el licenciado José Luis Labaroni.
Pasaron 8 años, un reclamo incansable de la familia, liderado por la esposa del damnificado, Mercedes Galardi. Se sucedió aquel largo y mediático período judicial, hasta que llegó la absolución del anestesista Eduardo Rossi, fallo penal que los Rojo asociaron a la "impunidad".
Y las vueltas de la política nunca parecen terminar. El ex director administrativo del Ente Descentralizado, según el propio Miguel Lunghi responsable del desmanejo en el caso que conmovió a Tandil y buena parte del país, hoy es premiado con un cuarto lugar en la lista de concejales radicales, ya en disputa de un cargo electivo.
Labaroni estará entre los de arriba en la boleta de la UCR, es cierto, porque el hijo del mandatario, "Miguelito" Lunghi, actual secretario de Gobierno, dijo que "NO". Pero el hombre que fuera salpicado por el affaire del "formol" ya estaba en la alta consideración del pediatra, quien no dudó en ubicarlo en ese puesto de expectativa. Cabe recalcar que los correligionarios aspiran a meter 6 ediles y mantener la mayoría en el HCD.
Con todo, aquella decisión de expulsar a Labaroni, disfrazada de una renuncia, siempre fue una decisión que dolió al entorno cercano de Lunghi. Los funcionarios consultados lo consideran una "gran persona", un "gran profesional", y lo que es más importante en política, "un gran militante".
Tal es el buen concepto que cosechó el licenciado en las huestes correligionarias que no tardó en ser nombrado asesor del senador provincial por el radicalismo, Carlos Fernández.
“Queremos que se llegue al fondo de la cuestión y que se trabaje con los niveles de responsabilidades”, dijeron en conferencia de prensa las máximas figuras del gabinete, allá por 2007, cuando con dolor anunciaban la (falsa) dimisión de García Allende y Labaroni.
El tiempo transcurrió y el oficialismo considera al contador un baluarte en la batalla legislativa del cuarto mandato "soñado" por Lunghi. Como profesara el extinto Julio Grondona, en la UCR local sienten que "todo pasa".
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