14 de marzo de 2014
Por Lorena Medina
Néstor y Leonardo Pereyra, aparecieron hace unos años en las carreras de aventuras. “Los de gorrita naranja” así los empezamos a conocer y después, ellos solos hicieron lo suyo y comenzaron a inscribir sus nombres en cuanta carrera aventurera había.
Empezaron con distancias algo cortas y hoy se consolidan como corredores de la exigente “Ultramaraton”. Son carreras por terrenos montañosos con extensiones de 80 o 160 kilómetros, prácticamente una locura para cualquier ser humano. Sin embargo ellos la pasaron y no solo eso, sino que llegaron entre los primeros.
Recientemente, Leonardo, estuvo en Villa La Angostura corriendo “La Misión” una prueba que más de aventura es de supervivencia. Tuvo que recorrer 160 kilómetros por montaña, sin parar (modalidad non stop). Para ser más específicos, corrió y mientras comió, se hidrató y no durmió, con lo que logró un registro de 27 horas 25 minutos.
Por su parte, Néstor, algunos días después, largó en la competencia “Cuatro Refugios”, en Bariloche. En este caso, la prueba es de casi 50 kilómetros, pero se completa en un tiempo mucho mayor a lo que requeriría esa distancia, porque es un terreno muy trabado, hay picos de montaña que llegar a superar los 4000 metros de altura y todo de roca suelta, con lo cual el riesgo es enorme.
A pesar de que en esta ocasión hayan corrido en forma separada, los hermanos Pereyra, son un gran equipo, y tienen una simbiosis tal, que a la hora de hacer balances tanto de La Misión como de Cuatro Refugios, ambos hablan en plural. No corrieron juntos pero no dejan de decir “nosotros”.
Para los que hemos tenido la oportunidad de verlos corriendo, son un verdadero deleite. Verlos bajar las sierras, da la sensación de que casi no apoyan sus pies y que en vez de rodillas tienen resortes, todo esto acompañado por un movimiento de brazos bien sincronizado.
Sin embargo, a pesar de los logros, ellos entienden que “nos va bien, hacemos lo que nos gusta, nos sacrificamos mucho, pero nosotros no somos ejemplo de nada. No tenemos un entrenador, porque no podemos cumplir con un plan de entrenamiento. Nuestras salidas y preparaciones son guiadas por nuestras propias sensaciones”, cuenta Néstor, el más locuaz y extrovertido de los hermanos.
No es antojadizo que Néstor y Leo, no puedan cumplir con un plan de entrenamiento, lo que sucede es que trabajan juntos en la construcción. Su día comienza antes de las 7 y termina su jornada laboral a las 18, de ahí, a correr, a veces una hora, a veces dos. Para sus últimas presentaciones han entrenado sin dormir, o con peso en sus espaldas, durante 10 horas. Ahora sí, con estos “pequeños detalles”, que decida el resto si son o no un ejemplo de sacrificio.
Tienen 36 y 35 años, y dos cuerpos privilegiados que responden a la exigencia del entrenamiento y de la vida laboral. En estos años, no han sufrido dolencias y hace un tiempo, están dedicándole un tiempo a los entrenamientos en el gimnasio de Gastón Manterola, donde hacen hincapié en los trabajos del tren superior. “Por afuera parecemos un Ford A, pero adentro tenemos una Ferrari”, bromea el mayor de los hermanos.
LA “MAGRA” VIDA DEL ATLETA
Así define Néstor el día a día de un atleta, por eso ellos deciden tener una vida un poco más relajada. “Los atletas siempre van a contramano, a veces hay una reunión familiar y nosotros nos tenemos que acostar temprano y faltar a las reuniones con amigos”. Pero a la hora de hablar de la comida, la respuesta de Néstor, acompañada por la risa de Leo, lo dijo todo...”no somos muy hinchas con ese tema, comemos comida de olla que es la que va...y de vez en cuando algún carpinchito que otro”. Y continuó, “a la hora de correr somos muy sacrificados, dejamos todo lo que tenemos y más...pero no cumplimos con las reglas que debería seguir una atleta de alto rendimiento...somos más de la Popu...como quien dice”.
LOS HERMANOS SEAN UNIDOS
Más allá de una infancia unidos, los Hermanos Pereyra, pudieron estrechar más sus lazos a partir de correr juntos. “Somos como una misma persona, nos complementamos bien. Nos conocemos como nadie y a la hora de una carrera sabemos darnos cuenta cuando uno está aflojando y sabemos qué hacer para salir adelante. La mayoría de las veces el cuerpo se cansa y con la mente se sale adelante, y ahí estamos para alentarnos el uno al otro. Como equipo tenemos un plus sobre los demás, tal vez nos falta como atletas, pero como dupla nos conocemos sin mirarnos”.
EN LA MONTAÑA COMO EN LA VIDA
“Las carreras son como la vida misma, ¿de que me sirve estar lleno de trofeos si no pude disfrutar de la carrera y de todo lo que hice para llegar ahí? Nosotros necesitamos disfrutar cada entrenamiento y cada competencia. Estar en una montaña corriendo buscando el camino para llegar, mirar el paisaje, es sentirse bendecido por eso, es lo mejor. Y en la vida es igual, para que querés plata, por ejemplo si no la podes disfrutar?”
LA FAMILIA EL GRAN APOYO
Tanto Nestor como Leo, son padres y en cada momento de la charla cuentan que el apoyo de sus familias es importante. Nestor ya tiene quien le siga los pasos, Claudio atleta de la Unicen que ya ha participado en un sudamericano en representación de la Argentina. “Me siento muy orgulloso de él y del sacrificio que hacer por el atletismo”.
Leo por su parte, también tiene a su seguidor, “Valen” que ya participó en el kinds de 4 Refugios, en una prueba bastante dificultosa y exigente. A pesar de que no se sientan ejemplos, los dos son espejos donde muchos se miran y ya tienen dos privilegiados seguidores.
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