16 de diciembre de 2009
“Voy hacerme cargo de lo que se me acusa. Realmente cuando escuché el daño psicológico que provocamos, lo que pasa con los chicos, me motiva a decir lo que estoy diciendo. Realmente me arrepiento. Yo también tengo hijos. Estoy arrepentido lo que hice con mi hermano. Pido perdón a estas familias, especialmente a las criaturas que están en el lugar. No fue nuestra intención provocarles daño, ni matar a nadie. En todo momento ocultamos las armas frente a las criaturas. Más allá de los faltantes que le provocamos, solo queríamos dinero. Hacía poco que había salido por una causa anterior y estaba sin trabajo, sin posibilidades, y me vi obligado a ser lo que hice. También me hago cargo de haber empujado a mi hermano a hacer lo que hizo. Me aproveché de su situación, que se encontraba sin casa y con dos hijos que mantener, con su mujer embarazada, y lo convencí de que esto iba a ser lo mejor para zafar. Los propios testigos lo dijeron, él no tenía experiencia en esto, fue yo el mentor y quien llevó adelante el plan”.
No hubo intención de lastimar a nadie. Nunca se le pegó a nadie. Quiero pedirles perdón. Traté de cuidar al máximo que no sientan demasiado temor, más allá de la violencia del caso. Usamos el arma para intimidarlos, pero no había otra intención, de hecho en ningún momento los proyectiles estaban en la recámara de la pistola. Se los insultó o se habló con tono alto fue para prevenir un mal peor y que me hubieran obligado a tomar una decisión que no quería.
“Se que una de las madres en la rueda de reconocimiento me gritó que le había arruinado su vida y la de sus hijos. A esa mujer le pido especial perdón, pero que tenga en cuenta que quise hacerle pasar el mal momento a sus hijos.”
-ソUsted reconoce la autoría de los dos hechos junto a su hermano?, preguntó el juez Galli.
-Sí señor, respondió el acusado...
Luego haría lo propio el otro joven imputado.
En efecto, Claudio Silva Villafañe (36) y su hermano Pedro Calderón (27), confesaron la autoría y responsabilidad de los hechos ventilados, calificados por el fiscal como “Robo calificado por el uso de arma cuya aptitud para el disparo no se acreditó y privación ilegal de la libertad, agravado en concurso ideal, dos hechos”.
En un hecho inusual en juicios de estas características, cuando aún restaba escuchar el testimonio de otras de las familias víctimas de los violentos sucesos perpetrados en Villa del Parque, entre diciembre de 2007 y enero de 2008, los dos acusados pidieron declarar y terminar con el dilema procesal que más temprano que tarde iba a deparar para sus futuros, un veredicto condenatorio.
La familia víctima del atraco sucedido el 22 de diciembre de 2007 en calle Dorrego (se reserva su identidad por pedido expreso de los protagonistas), estaban aguardando su turno puntualmente a las 9 para contar lo que habían padecido aquella noche, escena similar a la que el día anterior habrían relatado la familia Fortunato frente al Tribunal Criminal Nー 1 e incluso reconocido a los asaltantes.
Sin embargo, las víctimas quisieron quedarse en el recinto y escuchar el presunto arrepentimiento de los imputados. Incluso una vez culminada la audiencia, la mujer esperó a Silva Villafañe y le increpó en la cara lo padecido. El perdón del acusado no le alcanzaba, lejos de eso.
Villafañe, cuando aún estaba en la audiencia frente a los jueces, dijo que afirmativamente esperaba el perdón de la mujer, como el mismo perdón que los investigadores debieran darle a su padre, quien sin tener nada que ver con el suceso, estuvo preso cinco meses por ser muy parecido a él.
Los testigos primeramente lo había reconocido al padre y motivó la prisión preventiva hasta que el propio hijo, ahora acusado, admitiera su responsabilidad tras ser detenido por otro grave suceso de un secuestro extorsivo en el Gran Buenos Aires.
LA ACUSACION
Ya con los imputados confesos, sólo quedaba conocer los alegatos de las partes, para desentrañar ya no la condena, sino la pena a imponer para los asumidos delincuentes.
Tras un pormenorizado detalle sobre los dos hechos ventilados, el fiscal de juicio, Gustavo Morey enumeró una serie de agravantes que lo llevaron a pedir una dura pena para el par de acusados oriundos de Villa Fiorito. El defensor luego, iba a refutar los argumentos (ver aparte).
Para el ministerio público, no resultó un atenuante la confesión de los incriminados, dado que la abultada prueba recogida dejaban en claro su autoría y no coadyudaron al esclarecimiento de los hechos. Es más, acotó el fiscal, la primera confesión de Villafañe se dio recién cuando había sido reconocido por la pluralidad de las víctimas.
Ahora sí sobre los agravantes, enumeró la pluralidad de los hechos como las víctimas, la utilización de armas de fuego y la distribución de los roles para cometer el ilícito, la nocturnidad, el cuantioso daño económico sufrido por las familias, las horas que duró el atraco, la tarea de inteligencia previo a los hechos, el enorme daño psicológico que provocó en las víctimas, especialmente a los menores de edad.
Asimismo, se puntualizó que Villafañe al momento de los hechos estaba bajo libertad condicional y volvió a delinquir. Para Calderón, en tanto, se añadió que fingió su edad durante la detención para entorpecer la investigación.
En consecuencia, el fiscal solicitó la pena de 22 años y nueve meses de prisión para Silva Villafañe, y 15 años y seis meses para Pedro Calderón, ambos de cumplimiento efectivo.
Tras el alegato defensista, los jueces informaron que el miércoles 23 se dará a conocer la sentencia por el debate ayer cerrado.
La defensa
Admitiendo el futuro veredicto condenatorio que pesará sobre sus defendidos habida cuenta de las confesiones detalladas, el defensor olavarriense, Martín Marcelli, marcó sus diferencias para con los agravantes impuestos por el fiscal.
Habló de un pedido de pena desproporcionado, incluso subrayó que de ser contemplado por los jueces estaría superando incluso penas que se dieron por homicidios simples o delitos sexuales.
Para el letrado sí hay atenuantes a considerar, especialmente lo que concierne a la confesión de los acusados, dado que sin sus declaraciones admitiendo los hechos quedaba un gran margen de duda sobre distintos procedimientos que se dieron en la IPP que provocaron las consecuentes detenciones.
No dejó de mencionar, que si fuera por los reconocimientos de las víctimas, quien debiera estar sentado al lado suyo era el padre de Silva Villafañe, dado que fue a quien reconocieron los testigos y motivó su detención por cinco meses, para luego advertirse que no había sido él sino su hijo, por la propia confesión del imputado.
A la vez, minimizó que Calderón haya mentido en su edad cuando fue detenido, dado que eso ocurrió meses después de los atracos, y nada tenía que ver con lo que estaba en juicio.
También cuestionó sobre los daños psicológicos esgrimidos por el fiscal, indicando que no se presentó el testimonio de un psicólogo que diera fe sobre semejante situación.
Así, el defensor pidió que al tiempo de condenarlos se contemple la pena mínima que establece el código para éste tipo de hechos, o eventualmente se tome una escala menor a la potenciada por el fiscal.
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