2 de marzo de 2008

Locales

Locales. Los interrogantes e historias clandestinas de un crimen

Por Guillermo Liggerini
La singular expectativa que genera el desarrollo de lo que se ventila en el juicio por el crimen de José Luis Gárate, merece dedicar algunas líneas ya no sólo al hecho encuadrado dentro de la investigación ahora expuesta, sino también ramificaciones y sucesos que oportunamente merecieron ser tapa de los diarios, pero hoy quedaron al margen.
Para algunos hoy resultan anécdotas, versiones propias que se generaron una vez conocido el grave episodio y la incertidumbre de sus primeros días. Investigadores herméticos, policías necesitados de rendir cuentas, políticos apremiados por el clamor social, formaron parte de una historia con todos los condimentos, y por eso de su atracción.
El poder, amores clandestinos, traiciones, dinero, marginalidad y muerte, resultaron un cóctel explosivo para los siempre atentos mentideros tandilenses. De todas formas, y más allá que desde éstas páginas se insistió en la loable y esforzada tarea investigativa que desembocó en lo que hoy se juzga ante un virtual esclarecimiento, siguen latentes interrogantes, dudas que nunca podrán responderse, porque justamente la pesquisa intentó, como siempre, llegar lo más cercano a la verdad, pero nunca esa historia será completa.

LAS DUDAS QUE PERSISTEN
María Belén Molina sigue siendo la clave de la tragedia. Se ha insistido desde éstas páginas que su confesión resultó la columna vertebral de la investigación que culminó con la imputación de los cinco sujetos que hoy esperan por su veredicto. Más allá de la credibilidad que reviste sus dichos (para quien escribe irrefutable), a propios y extraños no se le escapa algunos “baches” que contiene su versión.
Molina no puede explicar con certeza porqué en aquella cuadra y media de caminata en la oscuridad de la noche rumbo al encuentro con Gárate, no desistió del hecho que se había planificado.
Vale reseñar que ella insiste en que nunca supo que iba a existir un arma. Cuando en el auto los hermanos Pugni lo dicen, la mujer amaga con negarse a continuar. Sin embargo, se dijo amenazada por el tono de los muchachos y prefirió seguir, con el desenlace por todos conocidos.
Aquí tambalea su historia de arrepentimiento. Cuando la dejaron en Paz y Montevideo rumbo al supermercado de Colón al 1100, caminó ese par de cuadras sola, con el dominio de los hechos. Al llegar a la avenida estaba a la misma distancia del Monarca que de la comisaría Segunda. Llevaba consigo un celular, podía haber avisado a su amante de lo que se venía. Nada. Volvió a dejarse llevar entre lo que supone el temor de la represalia. Ya estaba en el ruedo.
El otro “bache” que pone en duda su credibilidad redunda en su descripción del fatal desenlace en la puerta trasera del estacionamiento del local comercial. Sobre la escena, Belén insiste en dos disparos, cuando las pericias nunca pudieron corroborar esa versión. Sólo hubo uno y su blanco fue la humanidad de la víctima. Tampoco queda claro cómo se desarrolló el atraco armado, en qué posición ubica a Espinosa, a Gárate y, principalmente, donde se colocó ella.

RECAITE Y LA CAUSA QUE CAIA
Dentro o al margen de la historia oficial, también se sucedieron otras historias, aquellas primeras que pusieron en serio riesgo el avance de una causa compleja, con ribetes insospechados.
En los primeros días, era muy poco lo que se podía asegurar del hecho fatal. Se hablaba de una muerte por encargo, por cuestiones pasionales y, de última, la posibilidad del robo.
Así fue que la figura del inspector Recaite, quien oficiaba como estrecho colaborador del fiscal Morey y de alguna manera se le había encomendado la tarea de vocero ante los medios, soltó a los meses del hecho que estaba esclarecido en un 98 por ciento. Afirmación incluso que llegó al despacho del jefe comunal, Miguel Lunghi, motivo por el cual mereció una declaración testimonial del propio intendente en lo que fue una ramificación de la causa madre.
Es que en aquellos días de pocas certezas, solo se contaba con la sospecha que Belén Molina y los hermanos Pugni habían tenido algo que ver con el suceso luctuoso. No mucho más.
Hasta que un día, llegó a la oficina del fiscal lo inesperado: Molina quería hablar y contar su verdad, algo acotada por cierto de lo que luego terminó confesando, una vez apresada en la frontera del país con Brasil.
De inmediato, Morey solicitó a Recaite que paralelamente se tomaba declaración a Molina él hiciera lo propio a los hermanos Pugni, en Juárez. Así fue que Molina, frente al fiscal acusó a los hermanos juarenses y otro desconocido como autores del crimen, en tanto ella sólo hablaba de haber acudido al lugar por Gárate.
Sin embargo, los dichos de los Pugni a unos 75 kilómetros decían lo contrario: la autora del hecho había sido Belén, por presuntos intereses de venganza (la habían echado de la firma) y por despecho ligados a su relación sentimental clandestina.
Ante semejantes dichos, ya Morey especulaba con pedir la detención e imputar del crimen a Molina, pero prefirió volver a llamar a los Pugni y retomar la indagación. Fue allí cuando Santiago Pugni habló de presiones y presunta falsificación a la hora de su declaración que constaba en el informe escrito. Ante la denuncia concreta, el fiscal junto a una comisión fue hacia Juárez y en el cesto de la casa de los hermanos se encontró los restos del papel donde se describía la declaración primera.
En el medio, Recaite se había encargado de ventilar ante los medios que el hecho se había esclarecido, e incluso se lo afirmó en el despacho comunal al propio Miguel Lunghi.
El final, casi todos los que siguieron el caso lo conocen: el policía fue desplazado de la investigación e incluso de la fuerza, aunque por causas que tratan de establecerse fue sobreseído del hecho hasta lograr su retiro.
Aún hoy se recuerdan aquellas afirmaciones no sólo de personas que se movilizaban en marchas sino también de comunicadores que, ante los micrófonos, aseguraban que el comisario tenía razón y finalmente el fiscal había arribado a las mismas imputaciones que el policía había dado cuenta desde los primeros días. El tiempo demostró que no era así, la historia que hablaba Recaite sólo refería a tres implicados (los hermanos Pugni y Molina) y un desconocido. Es más, si se hubiera continuado con dicha hipótesis era muy factible que hoy nadie estuviera imputado, frente al tribunal que juzgará las responsabilidades penales.
Se trata de las historias no oficiales, algo así como bibliografía no autorizada que forma parte de un crimen que hoy aguarda un final, al menos el del expediente judicial, las demás verdades, los interrogantes nunca esclarecidos quedaron bajo los silencios de la víctima y los victimarios.

Comentarios

0

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Cargando comentarios...

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil