29 de septiembre de 2010

Policiales

Policiales. Los testigos fueron contundentes y complicaron seriamente a Paz

Tal lo anticipado, ayer comenzó el debate oral y público en torno al asalto sufrido por el matrimonio Sanzoni el 3 de junio de 2008, del cual se busca esclarecer la responsabilidad penal de Julio César Paz, acusado por el ministerio público fiscal de Homicidio criminis causa en grado de tentativa en concurso real y robo agravado por el uso de arma.

Pasadas las 9, el Tribunal integrado por los jueces Guillermo Arecha, Gustavo Echeverría y Carlos Pocorena, dio por iniciada la audiencia con la presencia del imputado junto a sus defensores oficiales Carlos Kolbl y Marcelo Sobrino. En frente, el fiscal Gustavo Morey. Más allá del recinto algunos allegados a Paz como público, dieron el marco de un juicio con aristas particulares, habida cuenta de la estrategia defensista, a partir de la hipótesis de su representado, de sospechar con una teoría conspirativa de los investigadores, una confabulación en su contra para endilgarle un delito que no cometió.

NULIDAD

Fue así que el doctor Kolbl se valió de más de una hora para plantear de antemano la nulidad del proceso bajo la hipótesis del “árbol envenenado”, cuyos frutos, consecuentemente, están viciados. En ese tren, el defensor, planteó sus objeciones en torno a cómo comenzó la pesquisa, a partir del reconocimiento fotográfico que fueron sometido a las víctimas como los testigos del hecho.

Citando amplia jurisprudencia, el defensor aludiría a las faltas de garantías que obraron en las primeras diligencias, dado que las fotos que se expusieron no contaron con la sola presencia más allá de policías o fiscal para resguardar que el procedimiento no fuese encaminada hacia una sola persona. Lisa y llanamente Kolbl hizo rodar la sospecha que dichos reconocimientos fotográficos (efectivamente se reconoció a Paz) pudieron haber sido direccionados intencionalmente. A partir de esa influencia, los testigos luego sí lograron reconocerlo ya en persona.

El entuerto quedó en manos de los jueces, quienes anunciaron que recién una vez arribado el veredicto abordarán como prioridad el planteo para definir en consecuencia.

EL TESTIMONIO DE LA VICTIMA

El primero de los testigos resultó una de las víctima, Rubén Sanzoni, quien declaró lo padecido frente al Tribunal aquel día, respondiendo los interrogantes planteados por el fiscal como del defensor.

Primeramente, se aceptó incorporar por lectura el testimonio de su mujer, quien falleció hace unos meses tras una enfermedad (ver recuadro).

Sanzoni relató pormenorizadamente cómo sucedieron los hechos, desde que retiró con su mujer los 25 mil pesos del banco de calle Pinto entre 9 de Julio y Alem, hasta cuando llegó en su auto a Chacabuco al 800, donde su mujer trabajaba en una oficina contable.

Una vez allí, fueron interceptados por dos sujetos, de los cuales uno comenzó a forcejear con su mujer para arrebatarle la cartera (donde llevaba el dinero). Frente a la escena, Sanzoni intercedió y comenzó a forcejear en defensa de su mujer con el maleante, de quien recibió un golpe en su nariz que provocó un sangrado. Allí la víctima le aplicó un puñetazo, provocando la reacción del asaltante, quien efectuó un disparo a la altura de la clavícula. Sanzoni desistiría así del forcejeo, al igual que su mujer que gritaba sobre el robo, mientras que el delincuente se llevaba la cartera con el botín, subir a un auto y fugarse por Chacabuco y doblar en Mitre.

Para Sanzoni, quien le disparó tras el forcejeo resultó quien estaba a escasos metros de él en la sala de acuerdos, Julio César Paz.

Si bien la defensa buscó relativizar sus reconocimientos, a partir del primer planteo que hacía a la exhibición de fotos, la víctima se mostró muy espontáneo y seguro de que el hombre que estaba sentado a escasos metros ayer era quien lo había agredido y asaltado.

Otro de los elementos importantes como prueba de cargo fue que Sanzoni como su esposa, oportunamente reconocieron el suéter que llevaba Paz al momento del asalto y posteriormente secuestrado por la policía (elemento que no así fue reconocido por las otras dos testigos presenciales).

Se insistió desde la defensa plantear si el testigo tenía relación alguna de la familia Cano, por aquella teoría de Paz acerca de un eventual sesgo de venganza por aquel crimen del que resultó condenado, pero el hombre desestimó relación alguna.

También la víctima debió reseñar sobre sus días en Terapia Intensiva por la herida de bala sufrida. Aunque ahora reconoció que dicha lesión no afectó su vida cotidiana tras aquella intervención quirúrgica y posterior recuperación.

Tras el extenso relato, llegaría el turno de otras significativas declaraciones. Más precisamente las testigos circunstanciales que presenciaron los hechos, como así también otra joven que había declarado a favor de Paz pero luego se desdijo (ver aparte), para luego culminar el primer día de audiencia con el comparendo de los testigos aportados por la fiscalía.

El jueves retomará el juicio con los testimonios aportados por la defensa, con la posibilidad cierta que el propio Paz preste declaración, a la espera luego de los respectivos alegatos de las partes.


Las testigos clave

Resultaron de vital importancia para el fiscal Morey como para la suerte del acusado los testimonios de las dos jóvenes que circunstancialmente resultaron testigos presenciales de lo ocurrido aquella tarde.

Primeramente una de las chicas que en aquel tiempo era estudiante de la Unicen y vivía en cercanías del lugar de los hechos (oriunda de Juan N. Fernández) relató con una seguridad notable lo que ella recordaba. Que iba caminando por Chacabuco hacia Mitre y escuchó un disparo y el griterío. Que se dio vuelta y observó cómo venía un auto del cual identificó al acompañante: Julio César Paz, quien portaba un arma (un revolver color plateado) y la exhibía por fuera de la ventanilla. Admitió sentir miedo en esos instantes, incluso percibiendo que el malhechor le estaba apuntando con el revolver, por lo que junto con la otra chica que se cruzó en la vereda se introdujo en un local, desde donde la casual compañera de escena llamaría a la policía.

Fue insistentemente preguntada por el fiscal como el defensor sobre los pormenores del reconocimiento, y la joven evidenció una contundente severidad en que aquel rostro, esa mirada de aquella tarde era la misma del que ahora estaba sentada en el banquillo de los acusados.
Lo propio haría más luego la otra joven testigo, quien trabaja como laboratorista en una clínica y por obra del destino estaba esa tarde en ese lugar, tras salir del gimnasio donde habitualmente concurría.

Denotando estar despojada de cualquier interés por reseñar más de lo que realmente recordaba, la mujer también precisó que había advertido cierto disturbio cuando ella cruzaba por Mitre hacia Chacabuco, que escuchó el disparo y atinó a concentrarse en los hombres que subieron al auto, del cual memorizó la patente.

“Fue lo que atiné a decir porque quería colaborar, me parecía injusto lo que había pasado, pensé que al hombre lo habían matado”, señaló con sensible agudeza la joven, quien también reconocería a Paz como el hombre que iba en el asiento del acompañante del auto.

Ninguno de los testigos logró aportar datos del presunto cómplice, y la contradicción más fragante de los respectivos relatos versó sobre la posición del acusado en el rodado. Mientras Sanzoni dijo que subió por la puerta del conductor, las dos jóvenes ratificaron que lo ubicaron en el asiento derecho al volante, por eso lo pudieron reconocer con claridad.

La plata era por una cuestión de salud

La audiencia no contó con la exposición de la mujer víctima del asalto junto a su esposo, Gladys Cristofalo, dado que falleció hace unos meses a raíz del padecimiento de un cáncer de mama.

Precisamente su esposo, Sanzoni, contó que el dinero que habían retirado del banco provenía del pago de un seguro que la mujer había pagado precisamente para atender su enfermedad. Dicha cifra estaba destinada a una posterior intervención quirúrgica.

De mentira a verdad
 
El último de los testimonios provino de una joven quien en los días de la investigación dijo que había visto a Paz aquella tarde y por las horas del atraco en cercanías a su casa. Indagada por el fiscal, finalmente la chica dijo que aquello que había dicho era mentira, que sus primeras definiciones fueron porque la hija del sospechado, amiga de ésta, le había dicho que dijera lo que dijo. Ahora, frente al Tribunal, rectificaría aquella versión y diría que no se acordaba de nada de ese día, mucho menos de haber visto a Paz.

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