10 de diciembre de 2015

Locales

Locales. Lunghi quiere a Tandil sea la primera ciudad intermedia de la Argentina en calidad de vida.





El intendente doctor Miguel Lunghi apeló al “nosotros” a través de la diversidad, sin retórica, dejando en claro que la política “es la herramienta que disponemos para transformar la realidad”.
Quisiera como prólogo imprescindible de estas palabras expresar mi gratitud a los tandilenses por la renovación en las urnas del contrato moral y la confianza que han vuelto a dispensar en mi persona. Soy un agradecido del afecto, el apoyo y respeto que me brindan mis vecinos, lo que significa además una enorme responsabilidad y la energía que me hace día a día redoblar los esfuerzos y el compromiso”.
Es una mención a título personal que hago en este discurso de asunción, donde creo necesario subrayar el concepto de lo plural como un punto de partida hacia el Tandil que pensamos, soñamos y ya estamos trabajando camino al Bicentenario.
Los invito, entonces, a pensar desde “nosotros” el tiempo que viene, tanto en la modalidad del futuro, como en el tiempo que acontece ahora, con sus complejidades y sus desafíos. El “nosotros” implica la riqueza de la diversidad, pero de la diversidad sin retórica, con hechos, a sabiendas de que todos los que hemos llegado a la política lo hicimos a partir de una certeza: la política es la herramienta que disponemos para transformar la realidad.
Y la realidad no es un ente abstracto: la realidad actúa todos los días sobre los vecinos. Sobre su economía, sobre su calidad de vida, su tranquilidad, su salud, en su barrio, en su escuela, en su club, en la familia.
Esa realidad hay que transformarla con ideas, con trabajo en conjunto y con diálogo. Desde aquí vuelvo a ratificar hoy más que nunca un despacho de puertas abiertas a todos los sectores interpretando que la mayoría en política no es una ecuación matemática, sino el saber nutrirse de una visión global que nos complementa y nos enriquece. También la realidad se transforma con un acto simple pero profundo: sabiendo escuchar.
Hay un aire nuevo que sopla entre los argentinos y la democracia renueva su invitación a la esperanza por lo que ya llegó. Tandil no es una burbuja flotando en el cosmos, y tenemos el verdadero anhelo de poder trabajar de manera conjunta y articulada, como siempre lo hemos postulado, con el Estado Provincial y el Estado Nacional.
Es una oportunidad que se presenta no para refundar nada, no para creer que el país empieza hoy. Es una oportunidad que tenemos, fundamentalmente, para saldar una deuda con el federalismo auténtico, verdadero y postergado: las autonomías municipales son la llave maestra de la igualdad y de la calidad de vida de todos los pueblos que viven más allá de la General Paz.
Es un reclamo histórico del interior profundo del país y es un reclamo por el que viene bregando este intendente para una ciudad que produce riqueza a partir de su economía diversificada a través de sus industrias, su campo, su comercio y los servicios, una ciudad que es admirada y envidiada y que aspira, como ya lo he dicho en la presentación de nuestro plan de gobierno 2015-2019 en la Cámara Empresaria, a ser la primera ciudad intermedia de la República Argentina en calidad de vida.
Esta categoría de ciudad es la que avizoramos para el recorrido de Tandil hacia el bicentenario. Son apenas ocho años los que restan. Es un parpadeo en el devenir de la historia. Dentro de ocho años muchos de nuestros nietos votarán por primera vez. Y en ese momento la ciudad habrá de demandarle a su dirigencia del pasado –o sea a nosotros- qué fuimos capaces de hacer para enfrentar con éxito el mayor desafío que la encrucijada histórica nos propone hoy a los tandilenses: cómo crecer sin perder nuestra identidad.
Este es el punto que debe ocupar la centralidad de las políticas públicas y privadas. Una síntesis del dilema sería: cómo conducir el desarrollo y el crecimiento sin dejar de ser lo que somos. Cómo transitar la marea de la globalidad sin perder el color local, que son nuestras costumbres y nuestras tradiciones. Lo que se llama una forma de vida. Porque el mayor capital que tenemos los tandilenses es el de habernos apasionado con nuestra tierra.
Creemos en las vecindades activas porque fueron aquellos vecinos activos y emprendedores del siglo pasado, nuestros padres y abuelos inmigrantes, los que nos dieron oficios, teatros, sociedades de fomento, escuelas, clubes, fábricas, universidades y trabajo como herramienta del progreso con identidad, del desarrollo con arraigo, del vecino que votaba como intendente a otro vecino un poco más conocido porque confiaba en él, y porque el hilo intangible de la confianza construye la cultura social de las ciudades que no quieren perder ese estado de gracia.
Yo les propongo que trabajemos juntos para que esa transición nos encuentre en la misma vereda: caminando a favor de la igualdad, achicando la brecha de los sectores del Tandil del bienestar con los sectores del Tandil más vulnerable. Caminando juntos para consolidar un desarrollo ordenado y sostenible. Yo les propongo una política con un gran sentido de orden progresista y humanista, tal como por ejemplo lo venimos haciendo desde hace doce años en la salud pública donde todos los tandilenses son iguales en sus derechos, o haciendo realidad obras de infraestructura y servicios que han permitido integrar y mejorar a los barrios, sabiendo con claridad todo lo que aún resta por hacer.
Yo les propongo una sola vereda por la que caminen juntos el Estado y los emprendedores privados, que han sido los motores de la historia de Tandil. Les propongo avanzar en la cooperación hacia un Tandil inteligente, innovador, creativo, que pueda desplegar todo su potencial productivo y de conocimiento. Les propongo ir hacia el Bicentenario orgullosos del pueblo que tenemos, pero negándonos al conformismo y a la resignación. Les propongo, entonces, que seamos inconformistas para ir por la concreción de lo que nos falta.
Tuve el honor de contar con la amistad del mejor ilusionista del mundo, quien nos regaló muchas cosas, entre ellas haber sido tandilense. Me refiero, claro, al inolvidable René Lavand. Ustedes se preguntarán qué hace René Lavand mezclado entre las palabras de un discurso de asunción de un intendente electo. Pues bien, podría ser un acto de él, de ilusionismo póstumo, porque de alguna manera René siempre está con nosotros. Pero en las charlas que solía mantener con René, él gustaba decirme lo que muchas veces contaba en el escenario como una frase emblema de su arte, pero también lo creía para una gestión de gobierno. René decía: “La belleza de lo simple”.
Créanme que para un político que gobierna, también existe la belleza de lo simple. Porque casi siempre lo simple en la realidad tangible de los vecinos es lo más importante. Para eso está un centro de salud en el barrio: para que el vecino no tenga que recorrer media ciudad hasta llegar al hospital público. Para eso está el cordón cuneta o el pavimento en una cuadra de tierra, o un Centro Cívico con todos los servicios en el corazón de una barriada, o un espacio público prolijo y con todo el equipamiento para el encuentro de las familias y la práctica del deporte. Y esa es nuestra tarea: resolver lo simple con eficiencia y calidad.
Quisiera que vayamos hacia el Bicentenario por un Tandil donde lo bello y lo simple se conjuguen para un mejor vivir de los vecinos. Y para esto es imprescindible que nos duela la gestión, que nos duela lo que falta y por lo que seguimos trabajando: por el suelo urbano que debemos generar, por la pavimentación de nuestras calles, por la seguridad, por la salud, por la integración de los barrios en un solo Tandil, por el desarrollo productivo, por el conocimiento y la innovación, por el cuidado del medioambiente y del patrimonio serrano, en definitiva por dejarle a los que vengan una ciudad mejor a la que recibimos.
Finalmente y si me permiten la digresión quiero cerrar estas palabras con dos agradecimientos. El primero, a mi familia, a mi señora, a mis hijos, quienes comprendieron con amor y estoicismo que durante estos doce años he sido casi siempre una ausencia. Y el segundo agradecimiento es al apellido. A mí querido padre y ejemplo de vida, don Pepe Lunghi, y también al hermano que no está. Y una especial gratitud a Carlos, mi hermano del alma que estando todos los días en La Plata se las ingenia para estar cada minuto a mi lado.
La democracia no es un regalo Se la construye día a día. Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas tenerla con nosotros. “Sin democracia la libertad es una quimera”, decía Octavio Paz. Humildemente me atrevo a decir hoy también: “Sin tolerancia la democracia se nos enferma”. La queremos sana, viva y fuerte. Así la queremos y así la honramos todos los días de nuestras vidas.
Hay una muy bella frase en “El Principito” que dice: “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa el que la hizo tan importante”.
Fue el tiempo que pasamos con Tandil lo que la hizo tan imprescindible, tan necesaria. Vamos camino a los doscientos años con ella. Cuando llegamos aquí, otras generaciones de tandilenses habían frecuentado sus esquinas, habían respirado su aire, habían mirado sus sierras. Otros tandilenses también jugado en sus plazas y habían cantado y bailado en las antiguas romerías, y habían empedrado las calles, y habían plantado árboles, decenas de tilos y robles cuya formidable grandeza nunca alcanzarían a ver.
Las sombras de esos árboles hoy nos protegen a nosotros que no los plantamos. Siento gratitud por aquellas manos anónimas que también hicieron la grandeza de nuestra ciudad.
Es mi deseo, entonces, que el tiempo nos encuentre plantando nuevos árboles para las generaciones del porvenir. Entonces allí también podremos decir como “El Principito”: “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa el que la hizo tan importante”.

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