21 de octubre de 2013

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. Madres múltiples: Amar a tantos al mismo tiempo



Por Mariano López Guerrero


Rosana Isern es la anfitriona, en su casa recibió a este cronista y a sus "mamás colegas", Carolina Martínez Tanoira y Andrea Barbosa. Para Rosana la experiencia no es desconocida, madre de cuatrillizos, está habituada a una casa con movimiento todo el tiempo.
Rosana y su esposo Mauricio Carrillo son papás de Constanza, Nicolás, Santiago e Ignacio, que están próximos a cumplir diez años.
"Después de ocho años de buscar, decidimos hacer un tratamiento de fertilización y llegaron los "cuatri". Para nosotros fue mucha alegría enterarnos de que eran cuatro. Fuimos medio inconscientes, porque estábamos tan contentos y no teníamos ni idea de lo que era criar uno, imaginate cuatro", recuerda. "Empezamos el tratamiento en Tandil -cuenta- pero después tuvimos que ir a Buenos Aires. En aquel momento era muy complicado, porque es un tratamiento muy caro y te costaba mucho y encima cuando no quedabas te caías mucho anímicamente".
El caso de Carolina es particular. Luego de un primer tratamiento junto a su ex esposo, lograron tener a los mellizos Facundo y Joaquín (13) y "después hicimos otro tratamiento pensando en que vendría uno o dos hijos más y quedé embarazada de cuatrillizos. No lo podíamos creer. Yo quería cuatro en total, pero Dios entendió mal y me mandó cuatro que se sumaron a los otros dos", bromea. Los cuatrillizos de Carolina son Milagros, Iñaki, Martina y Felipe, de 10 años. Y luego, naturalmente, llegó Lucía, de ocho años, para conformar la familia numerosa.
"Cuando llegué a Tandil, que no tenía familiares, Rosana me llamó por teléfono y me ofreció un montón de consejos que me fueron muy útiles para organizarme con los chicos. tenía los mellizos de un año y medio y los cuatrillizos recién nacidos y su ayuda para cosas como darles de comer, cambiarles el pañal, etc., fue fundamental", señala.
"Vas a prueba y error. Y es bueno tener contacto que está en la misma que la tuya. Quizá te funciona o no, pero te sentís acompañada", agrega Carolina, quien recuerda jocosa los encuentros callejeros con Rosana y el "desparramo" de niños que se producía mientras ellas se saludaban un par de minutos. "La gente nos miraba extrañada", dice.
Andrea Barbosa es el caso más reciente. Luego de su tratamiento de fertilización asistida realizado en Tandil y después de un par de experiencias muy dolorosas, llegaron Sofía, Martina, Mariano y Manuel, de 3 añitos, quien en 2010 fueron noticia a raíz de aquel nacimiento múltiple, que conmovió y alegró a toda la ciudad.
"Estaba de nueve semanas y todo era muy nuevo y muy loco y teníamos miedo por experiencias anteriores. Y ver a los hijos de Rosana correr y jugar me dio esperanzas a mí, de que los míos iban a estar bien y nos dio fuerzas para darle para adelante", cuenta Andrea, con Martina que no se despega de la falda de su mamá.
Cuestiones tal vez mundanas y comunes para una mamá, que solo tiene que preparar una mamadera, suelen demandar una logística especial, en el caso de los "múltiples". Andrea dice que "los cuatrillizos cumplieron tres años en agosto y recién ahora estamos encontrando un equilibrio. Fueron tres años dedicados exclusivamente a ellos. Te moviliza a toda la familia. Necesitás brazos y poder tener ayuda es muy importante. Mi mamá y mi hermana estuvieron muy presentes. Y el papá también, por supuesto, que llega de trabajar y tiene que ayudar en casa también".
"Yo recuerdo que cambiar los pañales era toda una logística. Además, tenía una libreta, en la que anotaba, quién comía, cuánto comía, porque el pediatra te preguntaba, porque eran prematuros. Y me acuerdo que sacaba una bolsita de residuos chiquita y dos bolsas de consorcio llena de pañales. Sacaba la basura a la noche, tratando de que no me vieran ni los vecinos ni los basureros, porque me daba un poco de vergüenza", aseguró Carolina, quien rememoró que "no tenía quien me ayudara y la tuve que remar. Mucho. Pero salí adelante".
Mientras que Rosana reafirma y cuenta que "tenía un cuaderno en el que anotaba todo". Es la misma que me mira incrédula ante la pregunta sobre si se puede tener vida, mientras uno cría cuatrillizos: "¿Cómo?", pregunta entre risas. Rosana añora aquel día en que un análisis de sangre para saber si estaba encinta dio negativo y resignada "pensamos en adoptar y listo". Pero su médico le recomendó esperar y hacer un test de orina de esos que se compran en las farmacias. "Me dio dos rayitas y yo temblaba. Le preguntaba a mi marido: ¿Cuántas rayitas ves?" Estaba "cuatriembarazada", si se permite el término.
"Recién ahora estoy disfrutando de la maternidad, en el sentido de que tienen tres años y son un poquito más independientes. Pero hasta acá, había que estar permanentemente para cuidarlos", sostiene Andrea, que transita por las experiencias que Rosana y Carolina ya pasaron.
"Y no te digo nada cuándo se enferman", suma ésta última. Una gastroenteritis, fiebre alta, o algo así, puede tener visos de pandemia en una familia múltiple.
Carolina repasó cómo fue que se transformó en una mamá de siete hijos, después de ocho años de intentos infructuosos por quedar embarazada. "Decidimos hacer el tratamiento y llegaron los mellizos. Al tiempo dijimos, "hagamos otro, que a lo sumo vendrán dos más. Cuatro hijos. Listo ideal". Pero en el segundo tratamiento fueron cuatrillizos. Se ve que Dios escuchó mal cómo era (risas). Y después, dos años más tarde, de una manera totalmente natural, llegó Lucía".
"A nosotros cuando nos dijeron que eran cuatro fue un shock. Nosotros veníamos de una historia muy dura, porque había quedado embarazada de mellizos y en la semana 27 se me desató el parto y eran muy prematuros y vivieron unos días en incubadora, pero fallecieron. Nos invadió la rabia y la bronca de pensar por qué pasó. Si venía todo bien. Pero bueno, hicimos terapia y gracias a la familia y amigos pudimos "superarlo". Y al tiempo, nos pusimos fuertes, además todavía éramos jóvenes y decidimos intentarlo de nuevo. Y fueron cuatro. Pensábamos en uno o dos, pero fueron cuatro", repasa Andrea, quien apareció en todos los medios, junto a su esposo, Mauricio Ríos, con los cuatro bebés que llegaron en agosto de 2010 y fueron los primeros en nacer después de un tratamiento de fertilización asistida realizado íntegramente en Tandil.
Casas populosas, organizadas como para contingentes, los hijos de Rosana y Carolina llenan su vida de amigos y crecen fuertes y rodeados de cariño y Andrea añora eso mismo para los suyos.
Aunque Rosana tiene alguna queja respecto del sistema educativo, que es respaldada por Carolina. "Desde el jardín, que a los hermanos los separaron. En un colegio te toman a uno, pero no a los otros, por un tema de cupos. No te ven como un grupo familiar, sino como a chicos individuales. A mí me pasó en el jardín, que los separaron y los chicos no estaban bien. Los juntaron y levantaron un montón. Y en el colegio, cuando te los separan, te crean una complicación. No siempre hemos encontrado comprensión y solidaridad", dice la dueña de la casa en la que se encontraron las tres mamás y doce de los quince chicos que aportan entre todas.
"Si bien son hermanos múltiples, son diferentes entre sí. Y tenés que estarles encima para ayudarlos. Está el que ordena al grupo. El que es un poco más atropellado y tenés que pararlo un poco. El que es brillante y tenés que incentivarlo y al que le cuesta un poco más, acompañarlo, para que mejore día a día. No es fácil. Considero que somos como malabaristas", asegura Carolina.
Innumerables anécdotas, problemas comunes, alegrías multiplicadas, Andrea, la más nueva de las tres mamás "múltiples", recibe los concejos de Carolina y Rosana de buena gana y al mismo tiempo, ellas dos se ven reflejadas en la más joven de las tres y se recuerdan diez años atrás, cuando comenzaban la aventura maravillosa de criar sus hijos.
Aseguraron que el día de hoy lo pasarán "en familia", como la mayoría de las mamás y que estarán rodeadas del amor de sus pequeños. "Los míos recién están entendiendo esto de los festejos y sé que este año va a ser especial", dice Andrea. "Yo creo que los míos me están preparando alguna sorpresa", se anticipa Carolina. "Viene toda la familia a casa, total ya estoy acostumbrada a que seamos muchos", rezonga, feliz, Rosana.
Y allí las dejé. El grabador nunca existió en realidad. Siguieron charlando de sus hijos, sus anhelos, de lo mucho que hacía que no se encontraban, de sus cosas. Como todas las mamás.  

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