9 de septiembre de 2022

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Deportes. Manu Ginóbili, el "niño molesto" que alcanzó el Salón de la Fama

Campeón olímpico en Atenas 2004, medallista de bronce en Pekín 2008 y subcampeón mundial en Indianápolis 2002; cuatro veces ganador del anillo de la NBA con los San Antonio Spurs (2003, 2005, 2007 y 2014); y triunfador en la Euroliga, Liga y Copa de Italia con Virtus Bolonia entre 2001 y 2002, ?Manu? llegó al estrellato mundial.

Pero en su Argentina natal se lo quiere y admira no solo por lo que hizo dentro de la cancha, sino por cómo se comportó fuera de ella, y así lo explicó a EFE su biógrafo, uno de sus primeros entrenadores y jóvenes fanáticos para quienes ?el Narigón? es un "ícono" y un "ejemplo a seguir".

Una carrera que (casi) nadie imaginaba

"Si vos preguntás en Bahía Blanca (su ciudad natal), a la gente que tuvo que ver con Manu Ginóbili hasta la adolescencia inclusive, sus 16 o 17 años, nadie apostaba que pudiera jugar ni siquiera en la Liga local", dijo a EFE Daniel Frescó, el primer biógrafo del basquetbolista.

El autor de "Manu, el cielo con las manos" (Aguilar, 2005 -ampliado y actualizado en 2018) habló con familiares, amigos, compañeros de equipo y entrenadores del basquetbolista. Casi nadie le auguraba un futuro muy promisorio. "Sin embargo, entrará al Salón de la Fama", indicó Frescó.

El periodista y escritor explicó que el crecimiento de Ginóbili fue lento y progresivo. "Fue paso a paso subiendo, escalón por escalón".

"Cuando escribía el libro entrevisté a mucha gente de la NBA, ya entonces hace cuatro años me decían que Manu estaba destinado al Salón de la Fama. Entró mucho más rápido de lo que se podía suponer y por unanimidad", dijo.

De "niño molesto" a ejemplo

El director deportivo de Bahiense del Norte, Pablo Coleffi, que vio crecer y entrenó a Ginóbili cuando era niño, declaró a EFE que el escolta "ha dejado un legado a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, como ejemplo de deportista y de los sacrificios que hay que hacer dentro y fuera de la cancha".

A pesar de la admiración que despierta, Ginóbili fue un niño, y "uno muy molesto", que se ha "merecido más de un reto", agregó el que fue su entrenador.

"Manuel era un chiquilín molesto, que no dejaba trabajar a los entrenadores porque se la pasaba picando la pelota alrededor de la cancha o jugando uno contra uno o uno contra cinco desde que terminaba la escuela hasta la noche y su familia lo venía a buscar", recordó Coleffi.

Su exentrenador ve en ese "chiquilín molesto", hoy transformado en el principal referente del básquetbol argentino y uno de los más relevantes a nivel internacional, a un hombre que la sociedad debe "imitar".

"Me gustaría que la imagen de Manu sea el reflejo de lo que nosotros somos como sociedad. Apuntar al trabajo en equipo y pensar que al otro debo hacerlo mejor para que nos haga mejores a todos", admitió.

La idolatría y la inspiración

Ginóbili es querido y admirado, no solo en su Bahía Blanca natal, la ciudad declarada Capital Nacional del básquetbol, sino a lo largo y lo ancho de Argentina. No son pocos los chicos y chicas que ingresaron al mundo del básquetbol inspirados por el 5 de la "Generación Dorada".

En el barrio porteño de Saavedra hay una cancha pública de básquetbol, llamada La Copita, que cuenta con un imponente dibujo de Ginóbili sobre la cancha que el propio basquetbolista visitó en 2018 y autografió con aerosol.

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