18 de octubre de 2010

Policiales

Policiales. Más de 30 años de prisión al hombre que violó a sus hijos por una década

Tal se vino informando, durante jornadas pasadas se desarrolló un juicio oral y público contra un hombre acusado de abusar de tres hijastros y sus tres hijos de sangre. Una aberrante historia que duró una década y que los chicos pudieron relatar ahora, frente a los jueces, quienes en las últimas horas dieron a conocer su veredicto.

Por lo trascendido en los pasillos de la sede judicial, se trata de la condena más severa que conozca la historia judicial local en este tipo de ilícitos. En efecto, el Tribunal condenó al acusado a la pena de 32 años de prisión.

Los jueces Pablo Galli, Guillermo Arecha y Carlos Pocorena, considerando al hombre como autor penalmente responsable de los delitos de cuádruple violación agravada por el vínculo y por aprovechar la convivencia y ser encargado de la guarda, hechos reiterados, delitos que concurren idealmente con corrupción agravada respecto a los cuatro niños; y exhibición de material pornográfico en concurso real.

Además de doble abuso deshonesto agravado por ser el encargado de la guarda, uno de ellos con acceso carnal, en concurso ideal con corrupción de menores agravada por ser el encargado de la guarda respecto de las dos víctimas hoy mayores de edad; delitos todos estos que concurren en forma real con los anteriores detallados en el primer grupo de víctimas.

La terrible historia de violencia y abusos en el seno de la familia comenzó a ventilarse cuando la mujer, ya separada de su pareja y padre biológico de sus tres últimos hijos, fue al centro de salud barrial y comentó a una profesional -quien declaró y ratificó frente a los jueces- lo que le había contado uno de sus chiquitos.

Tal se detalló en ediciones pasadas, una de las nenas, tras haber pasado el fin de semana con su padre dijo que no podía sentarse, que le dolía la cola. Allí, el hermanito iba a contar lo que era un cruento secreto a voces de los niños. Su padre abusaba de ellos.

Con el primer indicio de los dichos de la mujer que pedía ayuda sin saber bien qué hacer, la asistente social derivó el caso a profesionales en la materia, quienes luego, con su intervención ayudarían a que los chicos revelaran las aberrantes historias y flagelos padecidos por el mismo hombre que, con el paso de las horas y los relatos crudamente detallados, pasaría a transformarse para el resto -no para estos pibes- en un verdadero monstruo.

La mujer, admitió frente al Tribunal formar parte de un hogar signado por la violencia, en la que los golpes eran moneda corriente no solo con los chicos sino para con ella, a quien la Justicia le sacaría sus dos hijas mayores en el 99, precisamente por el mismo flagelo que ahora. Estas lo padecieron cuando apenas tenías 5 y 6 años (hoy ya tienen 20 y 18).

A pesar de aquella situación, la mujer igualmente continuó con ese hombre (“no creía lo que pasaba, yo estaba enamorada, parecía un buen padre”, confió la mujer) que luego repetiría lo mismo con el tercero de sus hijastros y los tres chiquitos de su misma sangre.

Las vejaciones y depravaciones para con éstos cuatro últimos se intensificó una vez la pareja separada, cuando el imputado se los llevaba el fin de semana. Allí cometería un sinfín de atrocidades sexuales recordadas con cruel agudeza por las víctimas.

Tocamientos impúdicos, penetraciones, sexo oral y amenazas de por medio obligados a mantener sexo entre los mismos menores, formarían parte de escenas espeluznantes que si bien fueron detalladas en la sala de audiencia resultan irreproducibles públicamente.

DELITOS REITERADOS

En coincidencia con el alegato que hiciera el fiscal Luis Piotti, para el Tribunal quedó totalmente acreditado los hechos ventilados, a través de los informes médicos, psicológicos y, principalmente, por los testimonios de las seis víctimas, que resultaron espontáneos, naturales en cada uno de los respectivos relatos. Sin embargo, se defirió en la pena a imponer. Mientras el fiscal había pedido 19, los jueces resultaron más lapidario aún para la suerte procesal del imputado.

Los magistrados detallaron que el imputado en el transcurso del 98 abusó sexualmente de las dos chicas (hoy mayores de edad) en reiteradas ocasiones; cuando éstas tenían entre cinco y seis años, hasta que en el mes de enero de 1999 fueron dadas en guarda a un hogar de menores.

Años más tarde, aproximadamente durante el 2005 al 2007, en el domicilio donde vivían como así también en un monte cercano a la casa, el imputado abusó sexualmente en reiteradas ocasiones del hijastro nacido en el 94, con quien cohabitaba, y era encargado de su guarda.

También durante los años 2006 a 2008 aproximadamente, el mismo hombre, en el interior de la misma casa y luego en otra donde residía cuando estaba separado, abusó sexualmente de sus hijos de sangre (tenían 7, 5 y 4 años) durante todos los fines de semana que, a lo largo de esos dos años, realizaron visitas a su padre.
Al respecto, se agregó en el veredicto que todos los hechos por su perversidad y prolongación en el tiempo a tan temprana edad respecto a los cuatro niños tuvieron aptitud para distorsionar el desarrollo psicosexual de los menores y promovieron su corrupción.

Previo referirse a las declaraciones testimoniales de las víctimas en las que se apoyo la convicción del Tribunal, se hizo la salvedad de que ante la multiplicidad de damnificados de muy corta edad y también la pluralidad de domicilios por los que ha ido mudando el imputado durante el extenso lapso en el que ocurrieron los abusos (desde 1998 hasta el año 2008) las fechas en las que se situaron los hechos, son certeras en cuanto abarcan los momentos en que los abusos transcurrieron, tal como se lo refirió al describir los episodios a partir de los relatos de cada una de las víctimas, pero no se descartó que tales plazos sean más extensos en cuanto algunos de ellos pudieron haberse iniciado con anterioridad y hayan excedido el plazo indicado tanto de inicio como de finalización de los abusos.

CONVICCION

Se tuvo como principales fuentes de convicción, para arribar a la certeza de lo fallado, los relatos de cada una de las víctimas. La verosimilitud de los testimonios, tres de ellos receptados durante la audiencia del juicio y los tres restantes a través de la observación y escucha del video acompañado, se apoya también en las pericias psicológicas y en las declaraciones testimoniales de la madre y la profesional que intervino.

También se hizo hincapié en la espontaneidad y franqueza que el Tribunal advirtió en todos los testigos, la credibilidad que por sí solos cada uno de los relatos revistió por su coherencia e ilación, apuntalada porque las declaraciones se vieron fortalecidas al tener también una interrelación entre ellos en la que encajaron protagonistas, situaciones, lugares, etc., y en las que se puede apreciar la reiteración de un perverso modus operandi: así la exhibición de videos con contenidos pornográficos; las violaciones, la característica muchas veces repetida de hacerlos participar de manera grupal en los abusos; la constante amenaza de emplear la fuerza física y directamente la utilización en algunos casos de la superioridad física para lograr sus objetivos ; la temprana edad de todas las víctimas haciendo notoriamente marcada su inclinación pederasta; desempeñar también un rol femenino, hacerlos espiar cuando mantenía relaciones sexuales con la madre de las víctimas, para citar solo algunas de las semejanzas entre los distintos testimonios.

Se acotó que todas las víctimas fueron sometidas a extensos interrogatorios, formulados por adultos experimentados en detectar mendacidades, sin desdecirse o contradecirse en ningún tramo de sus exposiciones. No es factible a tan corta edad -salvo rara excepcionalidad de niños prodigio- expresar sin fisuras, variaciones, contradicciones, etc., y sostener tal multiplicidad de testimonios en el tiempo sino es a partir de que los hechos relatados se sustentan en la verdad.

Se tuvo en cuenta que dos de las víctimas que hoy tienen 20 y 19 años, ya habían contado a temprana edad en el Tribunal de Menores la versión de los abusos. Se añadió además que no se advirtió ninguna animosidad por parte de los damnificados.

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