29 de julio de 2013
Por Guillermo Fernández
No fue un sábado más en el ámbito local, porque hubo unos pocos que hicieron todo lo posible para empañar la tarde soleada y con una muy buena presencia de espectadores en el Dámaso Latasa, amparados en un desastroso operativo policial.
Cuando todo estaba desbordado en avenida Del Valle, ni siquiera los violentos cambiaron la actitud ante el pedido del presidente Pablo Bossio o del ahora secretario Marcos Alzueta, quienes intentaron sin lograrlo, frenar la locura desatada para que no hicieran lo que finalmente hicieron. Fue un sábado distinto y todo generado por un resultado deportivo. Una vez más unos pocos que dicen pertenecer a Santamarina dejaron mal parado al resto de los hinchas que quieren ver a los violentos bien lejos de una cancha.
He concurrido a muchos partidos del ámbito local y estuve en muchos clásicos también. Recuerdo en el ex Francisco Fiego tras un triunfo de Ferro ante Santamarina por 1 a 0, que la salida era por Roca y Belgrano. Por ese lugar se iban todos, locales y visitantes. ¿Saben lo que pasaba?. Nada. Como máximo alguna cargada entre amigos o conocidos. Es más la única cantina estaba del lado del local, por lo que para tomar un café los hinchas se mezclaban.
En la cancha de Ferro, cuando se sacó la tribuna de madera que estaba sobre calle Nigro, la inmensa tribuna de cemento cobijaba a todos. Claro que esto sucedía en otro tiempo, con otro tipo de gente. Hoy en día todo es diferente, quizás porque se mira mucha televisión y algunos sueñan con ser ese barra brava que aparece en la pantalla chica con el título “buscado”.
Viendo la desagradable imagen que entregaban quienes dicen ser hinchas de Santamarina (para mí son oportunistas vestidos con la camiseta de un club), me acordé que cuando no había quedado nada, ellos no estaban. Se borraron. Desaparecieron. No amaban tanto al Aurinegro, como dicen que lo aman, es más ni les interesaba. No había programas enteros hablando de Santamarina, porque Santamarina no era negocio para nadie. Había quebrado y ni siquiera tuvieron las agallas de luchar para evitar el remate general de sus pertenencias. Solo quedaba en el verdadero hincha lo que fue y ya no era.
Fueron unos pocos los que decidieron que la manera de vengar una derrota en el ámbito local era la de romper un auto y tirar grandes piedras sin importarles si lastimaban a alguien. Estos pocos nunca estuvieron cuando el Aurinegro fue arrasado.
Santamarina jugaba con su tradicional camiseta bajo el nombre de la UOM, que fue el puntapié inicial para el retorno. El equipo perdía más de lo que ganaba, pero saben quienes estaban en las tribunas: Mary Zavagno, Javier Pianta (viajaba desde La Plata donde estaba estudiando) y su papá Pedro, Marta Venanzi, Mauricio Duré, Alicia Laco junto a su familia, Willy que llevaba un bombo y colgaba unos pocos desvencijados trapos, más otras personas que no se sus nombres pero también acompañaban.
Sin el nombre original, con uno prestado, pero en la cancha los colores de siempre le daban vida al sueño que se concretaría años después. Ellos estuvieron en la mala. Eran pocos, concurrían en familia, con el equipo de mate para compartir y buscar pasar la tarde añorando lo que una pésima comisión directiva había liquidado. El único patrimonio era acompañar a esos colores que los movilizaban. Era tiempo en que los oportunistas, los súper fanáticos de ahora, brillaban por su ausencia, porque ver jugadores vestidos de negro y amarillo, sin demasiadas expectativas no era importante.
Me gustaría preguntarles a los que pateaban y rompían el vidrio del auto de una trabajadora como Roxana Sosa, donde estaban cuando nada había. Que saben de la historia de un Club que forjó extraordinarios deportistas en sus diversas disciplinas. Los ahora “barras” no existían cuando el Club quedó en la ruina, con todo rematado por culpa de una dirigencia que en vez de Ponerse Las Botas se desnudó por las deudas que generó (NdR: Póngase Las Botas se llamaba la rifa que hundió a Santamarina, para los que no saben de que hablo).
Santamarina para crecer de verdad necesita del hincha genuino. Necesita de la persona que desde una subcomisión se esfuerce por mejorar día a día. Necesita de gente sana y con la pasión bien entendida. Que sepan soportar un resultado negativo, sabiendo que el dolor más grande fue haber perdido todo y no un clásico doméstico.
Si nadie decodifica el mensaje del pasado sábado cargado de violencia, si quienes tienen que actuar miran para otro lado como si no hubiese pasado nada, los violentos creerán que son importantes y que pueden hacer lo que deseen en el momento que lo decidan.
Santamarina después de muchos años se está poniendo de pie y requiere para volver a ser lo que era sumar gente que sume, slogan que utiliza el presidente Pablo Bossio en su campaña de precandidato para Concejal por el FpV. Los violentos restan, son rechazados por todos y nadie quiere que se instalen en nuestro fútbol doméstico.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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