29 de julio de 2013
El operativo de seguridad montado para el clásico entre Ferro – Santamarina fue patético en el más amplio sentido de la palabra. Habitualmente concurren a un partido normal 4 efectivos, pero como se trataba de un juego importante se exigieron 12 uniformados que tuvieron el privilegio de cobrar 80 pesos cada uno por una labor mal ejercida.
Alguien de la Seccional Tercera podrá explicar si se habilita el sector visitante para que los hinchas de cada uno de los equipos no ocupen la misma tribuna, porque después los hinchas visitantes terminan tirando piedras en la puerta principal por donde salen los locales.
Habrá algún comunicado que cuente porque ningún efectivo impidió que los violentos se desplazaran por calle Mosconi. O pensaban que irían a felicitar a su rival deportivo por el triunfo. Explicarán porque dos que se tomaron a golpes de puños no terminaron detenidos, siendo la misma policía la que los separó (NdR: hay filmaciones de esto).
Se podrá conocer los motivos sobre porque mientras la policía miraba como fascinada, quienes juegan a ser barras bravas se movían con total libertad y hacían lo que querían en plena avenida Del Valle.
Lo ideal hubiera sido impedir que los hinchas de Santamarina fueran hasta el sector donde estaban los de Ferro. No era muy complicado, bastaba con pensar y prevenir algo que quedó de manifiesto que no se hizo.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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