7 de octubre de 2012
Cuando hablamos de discapacidad es imposible no poner un poco de la “propia experiencia” para justificar nuestra postura. Numerosas opiniones y sentimientos se entrecruzan y parecen convivir cotidianamente; pero lo importante sería reflexionar cuánto sabemos sobre discapacidad. ¿Nuestros conocimientos están actualizados? ¿De qué manera podemos contribuir a una inclusión sin tabúes ni prejuicios?
Como alumnas del Profesorado de Educación Especial y ciudadanas interesadas en la inclusión, presentamos a continuación, diferentes experiencias concernientes a la problemática.
Estadísticas.
Los resultados de la Encuesta Nacional de Discapacidad (ENDI, 2002/03) señalan que existen 2.176.123 personas con algún tipo de discapacidad. Esto representa a más del 7% del total de la población de Argentina, y 1 de cada 5 hogares alberga al menos una persona con discapacidad (20,6%).
De estos resultados estadísticos, se desprenden otros datos que son importantes conocer: por ejemplo, que el 46,4% de los discapacitados son varones; que del total, el 48,5% tiene entre 15 y 64 años, es decir que hay un gran porcentaje de personas con discapacidad dentro de la población económicamente activa. Por otra parte, las discapacidades más frecuentes son las motrices: 39,5%, (con predominio de afectación en los miembros inferiores 61,5% de ese total), mientras que visuales 22%, auditivas 18%, mentales 15,1%, y otras menos recurrentes representan el 5,4%.
Las cifras que entregó esta encuesta resultaron congruentes con las de los países desarrollados, pero el dato que llamó más la atención es que en el 43,9% de los casos, el discapacitado es jefe de hogar.
“Tratamos al discapacitado como una persona mas”.
Realizamos una entrevista a una médica clínica para conocer cómo se aborda la discapacidad desde su disciplina.
La profesional nos informa que las personas con y sin discapacidad son atendidas por la clínica médica sin establecer diferenciación en los pasos a seguir para el diagnóstico y tratamiento de una enfermedad.
Al recién nacido se le realizan los estudios de rutina obligatorios o convencionales, los cuales muchas veces favorecen la detección temprana de una discapacidad, y en este caso se deriva al paciente a los profesionales especializados para realizar los tratamientos que estimulen el desarrollo del niño y sus potencialidades.
Los medios de comunicación: creadores de subjetividad.
Los medios de comunicación reflejan parcialmente lo que acontece en la sociedad, han transitado en sus miradas por las mismas etapas que el resto de los ámbitos en su concepción sobre la discapacidad.
En la actualidad se ven presentes imágenes de la discapacidad, sin embargo, las imágenes que predominan parecen corresponder a dos operaciones básicas: la provocación de la lástima y la sobreestimación de los logros alcanzados. A veces los medios abusan en el uso de la figura de la “pobre criatura”, con lo cual intensifican la discriminación, logrando, lamentablemente, que los espectadores caigan en la falsa creencia de que las personas con discapacidad son “desgraciados” ciudadanos que necesitan de nuestras lágrimas y beneficencia.
Por otra parte, al mostrar como espectaculares los logros obtenidos por algunas personas con discapacidad, se oculta el gran esfuerzo que ello les representa y los posibles fracasos que pueden sobrevenir.
Esto sería muestra de una política de inclusión (o no) que se ha implementado en los últimos años.
Sin embargo, algunas personas confían en que los medios han ayudado en la inclusión de las personas con discapacidad a lo largo de la historia reconociéndolos y haciéndolas participes de la sociedad.
Discapacidad y familia.
¿Qué pueden sentir los padres cuando se enteran de que su bebe recién nacido presenta algún tipo de discapacidad? Muchos de nosotros pensaríamos en la terrible aflicción de los padres, quienes deberían enfrentar a partir de ese momento una situación dificilísima. Sin embargo, no es necesariamente así; algunas familias, cuando se enteran de que su hijo/a nace con alguna discapacidad, pueden enfrentar, superar, aprender y aún transformarse ante las adversidades de la vida. Tal es el caso de la madre entrevistada. Consideremos este testimonio: “Al momento del nacimiento de la bebé, surgieron diferentes reacciones, el médico me informó que mi hija presentaba una trisomía y que si tenía suerte se iba a morir de una cardiopatía. El resto del personal –que eran conocidos de la familia- se mostraron tan abatidos, que el padre, al verlos pensó que la nena estaba muerta. Pero cuando la vio en los brazos de la madre se sintió aliviado. Mientras que mi sensación, fue pasar de esperar a una hija “ideal” a tener una niña con discapacidad. Cuando se enteraron de la noticia mis familiares, todos por separados insistieron en ser los padrinos.”
A la madre entrevistada, le sirvió de mucha ayuda que familias con hijos con discapacidad fueran a aconsejarla, acompañarla y a darle fuerzas para afrontar la situación.
Educación ¿inclusiva?
Desde hace algún tiempo, está en vigencia la política de la integración, que consiste en garantizar la igualdad de condiciones y oportunidades para todos los ciudadanos. En el ámbito educativo es posible encontrar diversas posturas con respecto a la dicha política y a la enseñanza de chicos con necesidades educativas especiales.
Tanto maestras especiales, integradoras y de la enseñanza “común” demuestran distintos posicionamientos a la hora de hablar de discapacidad, ya sea por la “línea teórica” en la que se formaron, como también las distintas experiencias vividas a lo largo de la profesión y su vida personal.
Dos maestras, una docente especial y otra “común”, nos dan su testimonio acerca de cómo viven la discapacidad en su labor diaria.
Para una mejor organización, se ha procedido a entrevistar por separado a cada una de las enseñantes.
En el caso de la docente de escuela especial, la pregunta en cuestión era la siguiente: ¿En qué ha cambiado la forma de intervenir frente a la discapacidad en los últimos años? Su respuesta se justificó en los años trabajados en una reconocida Escuela de Educación Especial de la ciudad de Tandil. “En los últimos tiempos, en nuestra institución ha prevalecido un abordaje más pedagógico que terapéutico, debido a que se hace lo que se demanda desde el afuera.
La mayoría de los chicos que tenemos en nuestro establecimiento están con algún tipo de integración con otra escuela; todo el personal apuesta a ello, y esto nos ha marcado un modelo de intervención con el chico, queramos o no.”
Por otro lado, la maestra de escuela común habló sobre la integración de chicos con discapacidad, y cómo ésta afecta a los padres de chicos sin discapacidad: “Considero muy importante el hecho de poder incorporar a niños con capacidades diferentes a las escuelas comunes. […]El trabajo junto con los chicos de su misma edad colabora con la integración social de estos niños. […] Siempre el trabajar con otro/os estimula y motiva hacia el avance y las ganas de superarse… No de ser el mejor…sino de avanzar en su conocimiento y en la relación con los pares.
En todo este trabajo juegan un papel importantísimo los papás del niño/a integrado. El incentivo o estimulación que hayan hecho y continúen haciendo con su hijo/a será muy valorado por docentes especiales y de escuelas comunes. El acompañamiento y trabajo conjunto es muy valorado y favorece a los aprendizajes esperados o deseados.” Con respecto a los padres de los otros chicos, agregó: “En las oportunidades (tres ocasiones) en las cuales tuve niños integrados, la actitud de los demás padres fue muy positiva. Siempre estuvieron de acuerdo con la integración, colaboraron con la misma desde el aspecto social invitando al niño/a a juegos, reuniones o cumpleaños, etc. En ningún momento fomentaron en sus hijos sentimientos discriminatorios hacia sus compañeros integrados.”
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