20 de febrero de 2008
Ayer comenzó puntualmente a las 9 la esperada audiencia oral y pública en la sala del Tribunal Criminal N°1, donde se juzga la responsabilidad penal de los cinco imputados en el crimen de José Luis Gárate, homicidio ocurrido en las puertas del supermercado de avenida Colón, en la noche del 28 de agosto de 2004.
Una vez emplazado el tribunal, presidido por el juez José Luis Piñeiro y secundado por sus pares Guillermo Arecha y Pablo Galli, los cinco imputados María Belén Molina, los hermanos Santiago y Esteban Pugni, Román Espinosa y Daniel Sasali, con sus respectivos defensores y el Ministerio Público Fiscal, se comenzó a transitar el debate que prometía ya desde su inicio la mayor atracción: Belén Molina iba nuevamente a prestar declaración. Esta vez frente a los magistrados y detrás de su escuálida espalda un importante número de público, integrado por familiares del fallecido Gárate (incluso la viuda y sus hijas que hasta la fecha había guardado un bajo perfil) y algunos más por parte de los acusados.
Una vez presentados los imputados, el fiscal de Juicio, doctor Agustín Echeverría (también acompañado por el fiscal que intervino en la instrucción, Gustavo Morey), trazó los lineamientos, como también luego hicieron lo propio los defensores Carlos Kolbl (por Molina), Diego Araujo (por Sasali), Dino Datola (por los Pugni) y Patricia Stadler (representando a Espinosa). Primeramente, se dispuso incorporar la prueba por lectura, cuestiones que quedaron vedadas al público y que hacen a distintos elementos recopilados a lo largo de la investigación, para luego arribar a la primera de las objeciones, reparos de los defensores.
Fue el doctor Araujo quien insistió en la teoría jurídica que alude a la incompatibilidad de la situación de Molina, entorno a su declaración como testigo cuando se trata de una imputada. Al respecto, intervino el fiscal, acotando que dichas discrepancias se habían planteado oportunamente y ya habían sido definidas en consecuencia.
Con respecto a la teoría fiscal, de alguna manera Echeverría tomó como eje la declaración de Belén Molina (ya detallada en ediciones pasadas) para considerar que aquel sábado de agosto Sasali, junto a Espinosa y los hermanos Pugni, vinieron de Juárez hacia Tandil con un auto Chevrolet Corsa (reconocido en la IPP), para luego alquilar en la agenda La Palmera un Renault Clío (también reconocido por Molina y algunos testigos allegados a los Pugni en Juárez). Con dicho auto los hermanos juarenses fueron a buscar a Molina a su departamento de calle Yrigoyen al 1000 y luego recorrer el periplo que culminó en las adyacencias del supermercado, donde luego se había convenido el modus operandi de un atraco que no fue tal, con la muerte del Pato Gárate y el botín intacto (todo el dinero de la recaudación de la sucursal estaba a disposición de los maleantes pero no se lo llevaron).
Para Espinosa, el fiscal iba a buscar a lo largo del debate su responsabilidad por el Homicidio, en tanto que al resto los considera como partícipes primarios o coautores del hecho.
Los defensores, en tanto, plantearon la figura de un robo simple en grado de tentativa, con el agregado por el doctor Kolbl acerca del atenuante que implicó que su defendida haya desistido de llevarse el botín.
LOS TESTIGOS
A la hora del desfile de la treintena (31 para ser más exactos) de testimonios escuchados durante la maratonica jornada de ayer, quien inició el debate fue la viuda de Gárate, que reconoció que estaba al tanto de la relación que mantenía su esposo con Molina, para luego brindar detalles sobre la rutina que hacía su marido como responsable del local comercial.
Sobre la trágica noche, reseñó que recibió un llamado del propio Gárate, quien le comunicó: “Negra, me asaltaron, me pegaron un tiro, llamá a la policía”. Con lo que la mujer hizo lo que el Pato le pedía desde el teléfono.
También un amigo intimo de la víctima, Marcelo Daher, coincidió en cuál era el trabajo de su amigo en el supermercado y que estaba al tanto de la relación clandestina que había mantenido con Molina, incluso era sabedor de los encuentros que habían mantenido en el departamento de la acusada.
Tanto los deponentes descriptos como una buena parte de los demás testimonios que fueron propuestos por el Ministerio Público fue en pos de dejar en claro la relación que había entre Gárate y Molina, especialmente aquellos que trabajaban en el supermercado e incluso los compañeros de tareas de la mujer en la estación de servicio de la esquina de Colón y Garibaldi.
Hicieron lo propio amigas de Belén Molina y conocidos de Gárate, en cuanto al conocimiento sobre la relación entre ambos e incluso con Santiago Pugni.
Asimismo, se dejó sentado cómo era el funcionamiento del comercio y, especialmente, cómo se realizaba el cierre de cajas y quién guardaba el dinero, dejando en claro que siempre era Gárate el encargado de dicha tarea y el último en retirarse del local.
POLICIAS
Con respecto a los uniformados citados a declarar, no fueron otros que aquellos que tomaron conocimiento del hecho y resultaron los primeros en arribar a la escena del hecho, como así también alguno de los efectivos que protagonizaron algunos allanamientos en Juárez, especialmente el concretado en la vivienda de los Pugni.
Los policías dijeron haber secuestrado un periódico de la localidad donde se daba cuenta del crimen, especialmente se detallaba sobre la sospecha de cuatro sujetos. Dicho diario llamó la atención donde se encontró, dentro de un placard, debajo de unas ropas. También allí consta como prueba un par de fotografías en las que Santiago Pugni está posando con un par de chicas, vistiendo una campera jeans, color celeste gastado, que resulta similar –al paladar fiscal- a la encontrada a metros del lugar del crimen.
Con respecto a los efectivos que arribaron primero al lugar del hecho aquella noche del 28 de agosto, repitieron que encontraron a Gárate apoyado sobre una columna de luz, en la vereda donde se emplaza el supermercado. Quejosa ante un dolor en su abdomen (donde se introdujo el proyectil), la víctima se limitó decir a los policías que había sufrido un asalto, de manos de un joven de entre 20 y 30 años, delgado, pelo corto y que vestía una remera clara, blanca, sin más.
Finalizando la jornada, fue el turno del responsable de la agencia de alquiler de autos, donde justamente los hermanos Pugni habían rentado el auto que se considera estuvo involucrado en el fatal suceso.
Javier Vaccarezza, entonces, afirmó que los Pugni eran asiduos clientes de la firma, y que en la semana previa al sábado trágico había encargado el auto mencionado para la noche sabatina, presuntamente para viajar a La Plata. El testigo reconoció en la sala a uno de los Pugni como uno de la pareja que siempre iba a arrendar un coche, que fue entregado al día siguiente por la tarde, aclarándose que según los Pugni finalmente habían desistido de viajar a La Plata y sí lo habían hecho hacia Juárez.
Para el cierre, un par de vecinos juarenses dijeron conocer a los Pugni como a Espinosa y Sasali, aunque ninguno de éstos pudo vincularlos como amigos o allegados entre sí.
Hoy, desde las 9, se retomará la audiencia, con nuevos testigos dispuestos por la fiscalía como de los defensores, en lo que se espera la última jornada de debate a la espera de los alegatos y el respectivo veredicto del tribunal, con fecha aún sin resolver.
Las parejas de los Pugni
Dos de los testimonios que demandó mayor tiempo por las preguntas de las partes fue cuando declararon las ex parejas de los hermanos juarenses Santiago y Esteban Pugni.
Cecilia Bello, primero, dijo haber sido la concubina de Santiago, con quien gestó dos hijos. Sobre su historia con el acusado, recordó haberlo conocido en La Plata, cuando ambos trabajaban en el ministerio de Educación. A la hora de las preguntas, la mujer no tuvo mayores respuestas ni precisiones que alienten a un avance en el esclarecimiento, aunque sí dejó en claro que se había alquilado el auto en cuestión y que lo utilizaron en la noche de aquel sábado fatal, pero en Juárez.
Lo propio hizo Analía Valle, novia hasta hace unos meses de Esteban Pugni, quien además de coincidir con la salida en el auto alquilado a un boliche juarense, confió que su pareja una vez detenido le confesó que estaba preso por dejarse llevar por lo que habían planeado su hermano y Molina, y que estaba arrepentido porque todo había salido muy mal.
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