7 de mayo de 2014
Ayer se acercó a Multimedios LA VOZ, una mujer que hizo entrega de una carta a los responsables del Programa Cada Mañana de AM1560 y si bien se identificó para dar veracidad a sus dichos, pidió mantener su nombre en reserva, contando que su nieta atravesó por una situación similar a la del pequeño de 12 años que falleció días pasados por SUH, aunque afortunadamente la nieta de la denunciante salvó su vida. La mujer decidió hacer público el hecho, luego de la tragedia registrada la semana pasada.
El hecho dado a conocer por la mujer se produjo el año pasado y mediante una nota enviada a un profesional médico del Sanatorio la mujer indicó “me dirijo a usted con el fin de expresarle mi preocupación y angustia sobre cierta circunstancia que vivimos el 21 de abril de este año(2013)”.
“Mi nieta de 4 años tuvo una grave complicación, por la cual no estuve ni estoy tranquila, al igual que los padres, debido a que la información que nos proporcionan es escasa y la seguridad que nos transmiten, más que insuficiente”, narró la abuela.
Mencionó que el 21 de abril de 2013 su nieta “va a una consulta con su pediatra de siempre por decaimiento, vómitos y diarrea. La consulta concluye en que no la mandara a jardín por una semana, ya que cabía la posibilidad que estuviera incubando un virus, al haber muchos otros chicos con síntomas similares. Llega la noche del viernes 26 y los síntomas empeoran, sumándose a la diarrea, sangre”.
“Al no poder comunicarse con su doctora, mi hijo decide llevarla al Sanatorio Tandil. La doctora de guardia le aconseja, luego de revisarla, que vuelva a su casa, descanse y que a la mañana siguiente la llevase nuevamente. Dicho y hecho, el malestar empeoró y el sábado 27 de abril la internan en el Sanatorio para conectarle suero y hacerle los análisis correspondientes para descartar entre otras cosas, el Escherichia Coli. La madrugada del domingo 28 la intervienen quirúrgicamente al diagnosticarle, el grupo de médicos de guardia, una invaginación intestinal”, indicó la mujer.
Seguidamente señaló “hago un paréntesis para plantear algunas cuestiones. En primer lugar, creo yo no equivocarme, si entra una criatura que presenta un cuadro clínico de diarrea con sangre(y no me refiero a la cantidad que surge ante una herida),¿cómo es posible que no la deje en observación?. Segundo, la invaginación intestinal solo ocurre, con más que mayores posibilidades, en los dos primeros años de vida de un bebé. Reitero, mi nieta tiene 4 años. Sabiendo esto, ¿por qué no tomaron más recaudos?, ¿por qué llevarla a quirófano cuando se encontraba débil y dolorida luego de otras observaciones?”.
“Quiero aclarar que se encontraba sola con su padre. Acá es donde entiendo y no entiendo la resolución que los médicos tomaron. Pudo haber sido una emergencia, pero sumado a todo lo anterior, no me parece correcto someter a una niña en ese estado a una operación, en donde ni siquiera esperaron a que su madre, quien estaba cuidando a su beba de 20 días, estuviera presente. Pusieron a mi hijo, como quien dice, entre la espada y la pared. En el momento no pensó en nada mejor y seguro que confiarle a su hija, al conocimiento de los médicos...¿Quién no haría eso?, ¿por qué, simplemente no esperar hasta la mañana, consultar con otros colegas y estudiar el caso?. En vez de eso, la operaron, descubrieron que no era invaginación, asi que le extrajeron el apéndice, la lavaron, acomodaron y cerraron, como si fuese un bolso”, graficó la mujer
“Ninguno de los médicos pasó después. Ninguno de esos médicos dijo palabras de aliento a sus padres. Cada hora que transcurría ese domingo, era una nueva noticia. Decían que estaba libre de E. Coli, para luego venir y decir que presentaba un cuadro complejo (y otras veces de menor importancia) de Síndrome Urémico Hemolítico. Desde temprano en la mañana, sus padres decidieron derivarla al Hospital Italiano de San Justo. Todo una complicación similar a un teléfono descompuesto. En el Sanatorio no tenían ambulancia, y no se encontraban pediatras acompañantes, hasta que llegando a las 19 apareció una concedida por un tercero, equipada de alta complejidad”, explicó la mujer.
Narró que “el viaje fue largo para nosotros, no me quiero imaginar lo que fue para ella. Finalmente arribamos al Hospital. Estaba en grave estado. De forma inmediata un grupo de médicos la revisó y la trasladaron a terapia intensiva. Al día siguiente le colocaron un vía abdominal para dialisarla. Dados los análisis, era indudablemente el protagonista el Escherichia Coli. Nos dijeron que la operación llevada a cabo en instalaciones de nuestra ciudad fue un hecho falto de toda razonabilidad y práctica profesional. Al abrirla propagaron, por así decirlo, la bacteria hacia los otros órganos. Si bien, de todas formas, la bacteria iba a completar su ciclo, aceleraron este proceso. Un día más que se quedaba en Tandil y hoy esta carta tendría un final diferente”.
“Volvendo al hilo de la historia, la cánula aplicada no funcionaba, se tapaba con la magnitud de las secreciones. Con cada día que pasaba, se iba hinchando más y más. Otra cirugía llegó. Esta vez para conectarle un catéter a la carótida. La trasladaron nuevamente al Hospital Italiano Central para realizarle plasmoféresis y diálisis. Fueron dos meses de internación. Parecía un juego de la Oca. Un día mejoraba para que en dos segundos comenzara a empeorar. Un día el riñón se cansaba de ser el protagonista y pasaba a serlo otro órgano, para luego volver a reclamar el papel”, mencionó la abuela.
Señaló más adelante “gracias a Dios, los meses interminables pasaron y por fin comenzó a estabilizarse. Ahora está acá, viajando a Buenos Aires solo por control. Sin embargo las peripecias siguen. Nadie quiere hacerse cargo del caso y contener a los padres. Nadie que haya estado involucrado en esta historia clínica asoma la cabeza. Ni siquiera su pediatra de cabecera, quien por entrar en discrepancia con mi hijo, alegando de que ella es la profesional, quiere atenderla”.
“Yo no soy profesional. Yo solo soy madre y abuela, pero por sobre todo humana con los errores y caídas que ello conlleva. Y lo somos todos. Pero no todos reconocemos esos estancamientos. Como muchos otros niños, fue incluida en los vaivenes del destino. Hoy ella asimila esos recuerdos como pesadillas. Hoy ella no debe ser la única. Hay muchos niños más que sufren o sufrieron de esta enfermedad. Tristemente no todos tuvieron la misma suerte. Yo pienso y digo: si los profesionales, en especial los que estén dentro de esta jurisdicción, no están a la altura de las circunstancias o no cuentan con la aparatología necesaria, les pido que deriven el caso”, agregó la mujer.
Aseveró “que no actúen con orgullo o avaricia, sino con responsabilidad y autocriticidad. No por esto son más o menos profesionales. Son más o menos personas. Para concluir, no solo hablo por mi, hablo por todos aquellos que quieren tener voz pero no pueden. Hablo por todas aquellas familias que pasaron por esta situación y por aquellas otras que no fue su caso, pero que asimismo no quisieran transita lo mismo. Le doy mis sinceras disculpas. Es no es una carta de reclamo sino una carta de recapacitación. No es mi objetivo faltar el respeto a los profesionales, sino más bien, un pequeño llamado a la solidaridad y a la concientización”.
Esta nota fue elaborada y enviada a las autoridades del centro asistencial en 2013, aunque la mujer quiso que se diera a conocer porque el caso guarda mucha similitud con lo ocurrido con el pequeño Ignacio, aunque afortunadamente para esta mujer y su familia, con un final feliz.
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