10 de febrero de 2013
CLORINDA P. CAVA (27/03/1921 – 29/01/2013)
Días atrás, falleció en nuestra ciudad Clorinda Cava, una querida y respetada vecina de Tandil que supo ganarse el cariño y el respeto de todo aquel que tuvo la dicha de conocerla.
Hoy sus seres queridos escribieron lo siguiente: Madre dulce palabra que se pronuncia como si fuera un rezo. La mía hizo de su vida un culto de amor y respeto por su marido, sus hijos y sus afectos. Fue tan grande y generosa que hasta me dio dos hermanos y uno de ellos mellizo, para que yo no esperara solo mí llegada a la vida.
Mi padre fue su guía, sostén y esperanza, junto a él nos vio crecer, desarrollarnos y formar nuestras propias familias, pero un día el se fue de este mundo inesperadamente y cuando todos creímos que ella no podría superar su falta, sacó fuerzas de flaquezas para mantenernos unidos y amarlo en el recuerdo.
Pasó sus últimos años sola, decía tener que cuidar la casa y lloraba su ausencia por las noches, pero al despuntar el sol se levantaba activa y decidida para regar sus plantas, atender su huerta y lidiar con sus cacharros cómplices de exquisitas comidas que fueron el deleite de todos los que tuvieron la suerte de compartir su mesa.
Aunque lúcida y dispuesta comenzó a moverse lento y debía desplazarse con ayuda de un bastón que usaba poco porque le molestaba pero que no le impedía salir a la calle sin medir riesgos para hacer sus mandados, visitar a sus vecinos, sus nietas, bisnietos y su único hermano, buscando tal vez en cada manifestación inconsciente de su conducta rebelde defender la libertad que amaba y que el tiempo inexorablemente le iba arrebatando por sus años viejos y dolores nuevos.
Era una italiana chiquita y linda, nació con ojos azules diáfanos y bellos como el cielo, los cerró para siempre y se fue con papá.
Cuanto voy a extrañarte vieja, aunque desde una línea de comunicación imaginaria te seguiré cantando siempre; “Mamma la canzone mia piú bella sei tu, Sei tu la vita, E per la vita non ti lascio mai piu”
JOVITA DELLAMINA MANSILLA DE ROCA
Jovita nació el 19 de febrero de 1923 y falleció el 5 de enero pasado. Todos te llamamos “Delia”, que es el nombre que te gustaba para vos. Siempre fuiste generosa con todos, altruista y sensible al dolor de los otros.
Tu recuerdo nos llena de gratitud porque siempre te brindaste entera. Eras aquella con quien nosotros siempre contábamos.
Caminaste la vida con tu paso incansable, como si fueses un sol o una luna. Siempre haciendo, siempre dando. Hoy que estás durmiendo, hoy que tu espíritu está en manos de Dios, sabemos y sentimos que pronto volverás. Y volverás para caminar descalza por los jardines de la mano de tus nietos y con nosotros., Y de nuevo harás muchas cosas, muchas; porque el hacer el bien al prójimo era como el aire que respirabas.
Solo queremos decirte que te amamos por siempre y que te esperamos para abrazarte y besarte otra vez (Evangelio de Juan 5:28 y 29)”. Oscar y Diana.
ALBERTO MONGE
Por Alfredo Cicopiedi: Como dice la canción, “cuando un amigo se va, deja un espacio vacío”. Y es una gran verdad, porque el sábado 2 de febrero se fue un gran amigo, alguien que supo estar en las buenas y en las malas. Alberto Monge, el “Negro” como lo llamábamos, se fue tan en silencio que no tuvimos tiempo para despedirnos.
El negro, si bien nunca fue boxeador. Siempre estuvo en el ambiente en donde era amigos de todos. Comenzó a frecuentarlo allá por comienzos de la década del 60, en el Club Ramón Santamarina, en donde sonaban los nombres de Alberto Rotondo, Adolfo Pendás, Pedro Rimovski, Graciano Pintore, Alfredo Cicopiedi, Hugo Hidalgo y Pascual García, entre otros.
Una vez un directivo de la comisión de la entidad aurinegra, después del fallecimiento Leonardo De Genaro, le propuso que organizara espectáculos de boxeo y ese fue su comienzo en éste ambiente.
Fue así como comenzó con los festivales boxísticos a nivel profesional, junto a su amigo Rodolfo Yañez.
Al poco tiempo la comisión contrató a Osvaldo Cavillón, un técnico de primer nivel procedente del Luna Park. Más tarde llegaron a Tandil los hermanos Giménez de Bahía Blanca, Carlos el campeón argentino Welter Jr y José, primero en ranking nacional. Ellos junto a un grupo importante de boxeadores cada vez que se presentaban en el gimnasio del Club las instalaciones se colmaban de público.
El “Negro” Monge era un hombre muy hábil para organizar boxeo. Colaboró mucho con el doctor Marcos Vistalli cuando oficiaba de promotor. También supo realizar torneos barriales con mucho éxito. Era un tipo muy querido que nunca hablaba de más, sólo lo justo. Era callado y respetuoso con todos. Después se retiró cuando su querido Club cerró las puertas por el mal manejo de algunos dirigentes que se quedaron con el sueño de grandes forjadores de esperanzas.
Allá por el 2001 se me ocurrió organizar un torneo de boxeo barrial y lo fui a ver al negro, le comenté la propuesta y lo terminamos organizando juntos. Para mí satisfacción, desde ese momento comenzamos a trabajar juntos. El campeonato se llamó Pedro Gitano Rimovsky y fue todo un éxito, ya que casi 2000 personas se dieron cita en la velada llevada a cabo en Unión y Progreso. El torneo fue televisado en diferido y al finalizar se hizo la entrega de premios en vivo por ese mismo canal. Era tan feliz y tan grande el entusiasmo que tenía, que me llamó en el momento de la entrega de premios y me dijo: “GraciasAlfredo por haberme elegido a mí”. A lo que yo le respondí: “a quién otro iba a elegir sino eras vos”. Al rato me volvió a llamar y me dijo: “me imagino que vamos a seguir trabajando juntos, no?”.
A los pocos días volvimos a conversar y con lágrimas en los ojos me dijo que no podía seguir más conmigo organizando festivales por cuestiones familiares y personales. De todas formas sellamos una amistad muy fuerte que hoy a pesar de su partida continúa.
Negro, te fuiste sólo allá arriba a organizar boxeo. Estoy seguro que sí porque esa fue tu pasión. Chau Negro, hasta pronto y gracias, porque con vos aprendí mucho.
FRANCISCA EMELINDA CORREA
A los 96 años, el 20 de enero, falleció Francisca Emelinda Correa de Gandulfo, una querida y apreciada mujer que supo ganarse el respeto de todos.
Francisca había nacido en Goya (Corrientes) el 29 de enero de 1916; era hija de Juan Cruz Correa, juez de paz y Jovita Ibarrola, una ama de casa que murió cuando ella tenía solo cuatro años.
Le tocó vivir el rigor de esa época sin el confort actual; colaborando desde muy pequeña en las tareas hogareñas por ser la mayor de las hermanas, con un padre severo, al que no se le escapaba ni una sonrisa.
Muy joven se casó con Humberto Gandulfo y tuvieron dos hijas: Sara y Elena, quienes luego le dieron siete nietos: Alejandra, Analía, Germán, Anahí, Leticia, Rocío y Marisol, los que además le regalaron el cariño de tres bisnietos: Valentín, Rafael y Eva.
Acompañó a su esposo en la atención de un negocio que supieron tener en su domicilio, hasta que se trasladaron al Gran Buenos Aires y más tarde a esta ciudad.
Al fallecer su compañero vivió sola hasta sus 88 años, en que pasó a estar en diferentes hogares de ancianos, hasta que murió tras diez días de internación en el Hospital Santamarina.
“Te vamos a recordar siempre mami, con mucho amor y esa sonrisa que supiste tener. Gracias por todo lo que hiciste por nosotros. Te amo, tu hija Elena.
JOSE EDUARDO FERNANDEZ
Días atrás falleció en nuestra ciudad José Eduardo Fernández, hoy sus seres queridos escribieron lo siguiente: “Qué decir de un hombre como él, se hace tan difícil escribir sobre alguien que no se le encuentran palabras para explicar cómo era, ya que fue una persona buena, pero era como esas personas que siempre están dispuestas a dar una mano, a ver qué podía hacer para ayudar, no solo dando lo material, sino también trabajando, ya que su manera de demostrar cariño era de esa forma, porque le costaba expresar sus sentimientos con palabras.
Pero lo transmitía con hechos, pero la verdad es que ya habíamos adoptado esa forma de ser y lo aceptábamos y queríamos así.
También era un hombre muy trabajador, que luego de la muerte de su hijo no pudo superarla y decidió ocupar su tiempo y mente con trabajo, sin darse cuenta que solo le aceleraba la vida, ya que su hijo siempre iba a estar presente.
Era un hombre fuerte, un hombre que nunca iba a demostrar lo que pensaba o sentía, él estaba siempre igual y se guardaba por ahí problemas que tanto lo estorbaban para no preocupar a los de su alrededor.
Era de esas personas que hoy nos damos cuenta que venía marcando sus huellas y su despedida de a poco, para que el dolor no fuera tan brusco.
Era aquel que antes de marchar, planeó todo, esperó que sus hijos hicieran la familia, que una de sus nueras le diese el nieto que él tanto quería, esperar que su mujer esté acompañada hoy por sus dos nietos, entre otras cosas.
Hoy nos dimos cuenta que él nunca fue egoísta, que siempre pensó en los demás primero y luego a lo último en él, aunque no siempre es bueno, ya que vivía golpeándose, pero no le importaba, se levantaba y seguía para poder cumplir con todos y no fallarle a nadie.
Por eso el día de tu fallecimiento nos sentimos toda tu familia orgullosos de ver y sentir toda, pero toda la gente que estuvo y lo quería, era algo que muy pocas veces se vio en una persona común y corriente, que lo apreciara tanta gente, pero como dije, como no… si él era un ejemplo de persona a seguir.
Por eso a pesar del dolor que nos dejó tu partida, de no poder entender el porqué, nos dejaste una sonrisa que nunca antes habíamos visto, guardada y grabada en nuestra mente y corazón, porque así fue como nos demostraste que estabas bien, tranquilo, descansando y que luego de tanto dolor y sufrimiento, ahora estarás con tu hijo y tu mamá compartiendo los momentos que no pudieron compartir, cuando sólo Dios sabe porqué los llama.
Por eso entendimos que a veces a pesar del dolor no hay que ser egoísta en pensar en los que quedamos, si no saber qué es lo que quiere la otra persona, y vos ya estabas cansado, vos lo decías que querías descansar, por eso hoy sabemos que ahora lo estás haciendo en paz.
Sabés que “gracias”, gracias por esos consejos, por lo nos dejaste en nuestras vidas marcadas para siempre.
Gracias por ser el marido, papá y abuelo que toda persona quisiera tener.
Gracias y gracias por todo, por toda tu vida que para los que quedamos es una enseñanza.
Y te podemos asegurar que los recuerdos que nos quedan son buenos, alegres, son esas anécdotas que hoy y siempre reviviremos, esa forma de caminar, hablar, vestir, fuiste único Lalo y queremos que sepas que nunca te olvidaremos y que nunca te olvides que todos te amamos… suerte allí arriba, que pronto nos vamos a encontrar… tu mujer, hijos, nietos y nueras”.
DELIA CONCEPCION ECHEVERRIA DE OTERO
El 16 de enero, a los 90 años, falleció Delia Concepción Echeverría de Otero, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
Sus hijos, nietos, bisnietos y demás familiares la recuerdan así:
“Hija de Fermín Echeverría y María Urchipía, vivió desde su nacimiento el 4 de noviembre de 1922 en esta ciudad, donde pasó a la gloria eterna.
Dejó un legado de sabiduría y enseñanza de amor a sus hijos, nietos y bisnietos y un gran testimonio de su fe en Dios.
Persona delicada y querida en la ciudad, quien por más de 30 años integró la Comisión de Damas del Hogar de Varones.
Compañera de sus hijos y devota de su marido. Se fue en la paz del Señor para encontrarse con muchos seres queridos. Ofrecemos una plegaria en su nombre”.
JOSÉ CONTE
El 27 de enero dejó de existir, José Conte, un querido y respetado vecino de nuestra ciudad que supo ganarse el cariño de todo aquel que lo conoció.
Conocido por muchos como el hombre de la suerte, el que desparramó plata por 25 años desde las puertas de un banco, ya que desde su tradicional puesto callejero, supo vender nada más y nada menos que 16 grandes de la lotería a convecinos.
Rezaba la descripción hecha por Juan Roque Castelnuovo en su crónica, que se trató de un hombre de bolsillos casi siempre flacos, pero de corazón grande. Nacido en la ciudad de Azul, mozo de profesión desde los 17 años de edad, llegó a Tandil un día del año 1953 para cubrir una plaza temporaria en la siempre recordada Confitería Rex y se quedó aquí para siempre.
Fue bufetero después del recordado Huinca Che, entidad tradicionalista ubicada en Chacabuco al 700, pasando luego al bar Ideal, siguiendo por Gipsy, por el bowling de Santana, etc. Ganaba bien, pero a la hora de hacer las cuentas, las ganancias del día no resultaban tan importantes. Por eso, andando el tiempo, siempre con la intención de mejorar sus ingresos con los que mantenía a su esposa y a sus tres hijos, cuando llegada la media noche dejaba la bandeja y el saco blanco, recorría las whiskerías vendiendo cigarrillos y chocolate Bariloche. Hasta que probó suerte con los billetes de lotería. Y realmente la tuvo, porque se convirtió en "el hombre de la suerte", dado que repartió fortunas a varios vecinos.
Se lo recuerda como un vendedor ambulante, mientras se mantuvo en actividad, como pocos, porque pocos como él, teniendo tan poco, han dado tanto. Y siguiendo con este juego de palabras… no fueron pocas las entidades que supieron de sus donaciones, de sus aportes desinteresados.
ANTONIO FRANCISCO FRANCO
El 12 de enero llegó una noticia muy dolorosa para nuestra familia, partió Antonio Francisco Franco un hombre muy especial para todos nosotros, tan querida, el pilar de una gran familia y saber que tu presencia la tendremos solo los recuerdos y todas las cosas vividas a tu lado… causa un gran vacío.
Llegó tu momento de volar, tu tiempo de descanso... sabemos que nos dejaste cosas muy valiosas que quedan en nuestro corazón grabadas a fuego.
No puedo explicar lo que se siente frente a tu ausencia pero te queremos agradecer por todo, desde tu esposa Berta Roquelina Castro tantos años junto a tu lado, tus hijos Daniel, Mónica y Adriana, la compañía de tus hijos políticos, nietos, bisnietos ... cada uno de nosotros te decimos que descanses en paz y serás nuestro ángel de guarda... ¡te amaremos por siempre!”.
INDALECIO PORTELA
A los 87 años, falleció Indalecio Portela, un querido y respetado hombre que será siempre recordado por todo aquel que tuvo la dicha de conocerlo.
Indalecio nació el 13 de noviembre de 1925 en Santa María de Oía Pontevedra (España); a los 22 años llegó a la Argentina, se casó con María Ofelia Fernández y tuvieron dos hijos: Alfonso (f) y Elías; vivieron en Capital Federal y en 1955 decidieron trasladarse a esta ciudad, radicándose en la zona de La Vasconia, donde dedicó su actividad laboral en tareas rurales.
En 1992 se vino a vivir a la cuidad, afincándose en calle San Lorenzo al 1.200, recibiendo el afecto de sus nueras Nilda Iglesias (f) y Liliana Echeguia; sus nietos: Daniel, Miguel, Emilio y Ezequiel; sus nietas políticas: marta, Eugenia y Celia; además de sus bisnietos: Lucía y Sebastián.
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