3 de febrero de 2013

Locales

Locales. Necrológicas

NELO LUTI


El 27 de enero dejó de existir, a los 80 años, Nelo Luti, un querido y respetado vecino de nuestra ciudad.

Hoy su mujer le escribió las siguientes palabras: A mi querido esposo, Nelo Luti, el “Cordobés” como lo llamaban sus seres queridos y con quien llevaba 55 años de casada. Fue un marido y padre ejemplar, mi compañero de toda la vida.

Quiero agradecerte por los hijos que me diste (Miriam, Daniel, Norma y Guillermo). Todos te llevamos en el corazón, tus hijos políticos, tus nietos (Adrián, Valeria, Carla, Sofía, Belén, Enzo, Florencia, Nicolás, Josefina, Camila, Alberto y Agustín) y tus bisnietos (Eloy, Juani, Martín y Pilar).

La gente que te conoció, te quiso siempre y te recordará como “el gran cromador” y “un gran pescador”, dos de tus grandes pasiones.

Hasta siempre, Berta Edith Carrizo de Luti.





FANNY MORCILLO OCAMPO


Fanny Morcillo Ocampo falleció días atrás en nuestra ciudad causando un profundo dolor entre sus familiares, amigos y seres queridos.

Hoy sus seres queridos escribieron lo siguiente: “Está por ahí mi abuela, esa misma, sí, La Negra, la abuelita, está por ahí, oculta en esas cositas que no guardan relación alguna y se apilan sobre un estante repleto de colores, esperando palabras lejanas, visitas cercanas.

Anda por ahí mi abuela, sí, Fanny Morcillo Ocampo, hija de Manuel Morcillo y María del Carmen Ocampo (los dos que se casaron haciendo trampa porque ella era siete años mayor que él); nieta de Severo Morcillo, teniente coronel y guerrero al Paraguay; chozna del federal Justo José de Urquiza. La abuela, la que va a seguir estando en la perseverancia de la luz, resecando los asientos vacíos de un colectivo, a plena tarde.

Nos mandaste a decir: “sigan para adelante, estoy cansada, me voy a sentar un rato a descansar. Los voy a mirar desde arriba. Les enseñé todo, ¡no me defrauden!”.

Sí, mi abu anda por ahí, nuestra madre, nuestra hermana, nuestra tía, nuestra suegra, La Abuela, sí, esa misma, Fanny Morcillo Ocampo o La Negra(como gusten), anda por ahí, atesorando lo que normalmente la gente pierde al crecer, eso que la mayoría lleva en la boca pero nunca en la acción, eso a lo que vos, abuelita, llamabas libertad. Andás por ahí digo, decimos, dirán. La abuelita, la única que los quiere de verdad, como repetías siempre que alguien te acercaba la canastita y tus gatos llegaban corriendo a saludar.

Tu nombre lo portan las cosas tan espléndidas como sencillas. Sé que tu nombre es el que se escucha al regar, cantar (cuando los sapos cantan llueve y tu voz, tan de adentro, adornada con notas claras como las de los jilgueros y los canarios), desglosar el brillo del resorte de un broche solitario, y escapar para andar por ahí, divagando, tarareando un tanguito o un twist, de esos que ya no se escuchan pero vos siempre deseaste mantener vivos.

En algún lado resta algo de tu casero perfume, en una ranurita tienen que crecer tus tomates dulces, tus ajíes, las miles de flores que regalaste en sincera armonía a los días pasados y los venideros. Sabemos todos que andás por ahí, tal vez en las burbujas de la gaseosa, en el jazmín que sin agua se marchita y pone amarillo, en las charlas de tus hijos y tus nietos, a esos que, una noche después de la última mudanza, supiste agradecer porque te habías dado cuenta de lo tanto que te mimaban. Tenés que andar por ahí, ¿quién si no se va a acordar de los santos, los vivos y los idos? ¿quién se va acordar de decirnos?

Ahora que ya sabemos que andás por ahí, te dejamos(por si se te ocurre ir a buscar algo): los dibujitos de los chicos en tus estantes; la pelotita que le dabas a la nenita del fondo; la cocina que aguardaba al menos uno de tus famosos guisos o uno de tus estofados; las sensaciones y las rosas de Sandro; y las cintas rojas que un día te quitaste porque te molestaban pero que, al andar por ahí, vas a volver a usar contra el mal de ojo, esas cintas que ahora son una sola, vos, anudando de extremo a extremo a los que jamás dejaste de lado.

Sé que andás por ahí, por eso, el resto, lo guardo para un día que la familia se junte, con el mate y el azúcar en las manos –los bizcochitos en la mesa-, con las hojas bien verdes de algún arbolito asomando por alguna ventana y los trinos de los pajaritos de fondo.

Nos vemos, cuando andes por ahí y tengas ganas, uno de estos días de verano”.





EMILIANO CARLOS MARTINEZ


Cuando finalizaba el 2012, falleció en nuestra ciudad Emiliano Carlos Martínez, causando dolor y tristeza entre quienes tuvieron la dicha de conocerlo.

“Chicolo”, como le decían sus seres queridos, supo ganarse el respeto de sus seres queridos quienes hoy le escribieron lo siguiente:

“Dios lo llamó a su lado, dejando a su familia sumida en el dolor. Había nacido en Tandil, su vida transcurrió libre, junto a su madre y hermanos, hasta que se casó y formó su propia familia.

Trabajó en distintos rubros pero el que más satisfacciones le dio fue el ser propietario de una gomería, la cual le permitió criar a sus hijos y darles una buena educación. Su esposa, hijos y nietos lo llevarán por siempre en su corazón”.





HERNAN LUIS BATTAIA


El 25 de enero pasado, a la edad de 68 años, falleció en nuestra ciudad, Hernán Luis Battaia. La noticia trajo profundo dolor entre sus familiares, amigos y seres queridos.

“Nipur” o “Milonga”, como le decían sus seres queridos, supo ganarse el respeto de todo aquel que tuvo la dicha de conocerlo.

Hoy, en su recuerdo escribieron las siguientes palabras: “Papá, te fuiste tan pronto que no nos diste tiempo de decirte cuanto te queríamos y te necesitamos, pero confiamos en que lo sabías como nosotros sabemos cuanto nos querías.

Te recordaremos por siempre con todo lo bueno y lo malo porque no pasaste por esta vida de manera inadvertida y, rogamos dónde estés, por tu tranquilidad, tu felicidad y acompañado. Gracias por todo papá, ya nos encontraremos otra vez.

Con amor tus hijos, nietos, madre, hermanos, primos, amigos y todos tus seres queridos.





HECTOR ERNESTO GARCIA


Días atrás falleció Héctor Ernesto García, dejando un profundo dolor entre sus familiares y amistades.

“Queremos que sepas que te seguimos amamos y rogamos esta oración en tu memoria: Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente, dile al Señor: Mi amparo, mi refugio, mi Dios, en quien yo pongo mi confianza.

El te librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia; te cubrirá con sus plumas y hallarás bajo sus alas un refugio.

No temerás los miedos de la noche ni la flecha disparada de día, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni la plaga que azota a pleno sol.

Aunque caigan mil hombres a tu lado y diez mil, a tu derecha, tú estarás fuera de peligro: su lealtad será tu escudo y armadura.

Basta que mires con tus ojos y verás cómo se le paga al impío.

Pero tú dices: "Mi amparo es el Señor", tú has hecho del Altísimo tu asilo.

La desgracia no te alcanzará ni la plaga se acercará a tu tienda: pues a los ángeles les ha ordenado que te escolten en todos tus caminos.

En sus manos te habrán de sostener para que no tropiece tu pie en alguna piedra; andarás sobre víboras y leones y pisarás cachorros y dragones.

Pues a mí se acogió, lo libraré, lo protegeré, pues mi Nombre conoció.

Si me invoca, yo le responderé, y en la angustia estaré junto a él, lo salvaré, le rendiré honores.

Alargaré sus días como lo desea y haré que pueda ver mi salvación”.





AMANDA ELISA SAAVEDRA


El 3 de enero, a los 81 años, se apagó la vida de Amanda Elisa Saavedra de Gutiérrez, causando pesar y angustia entre sus seres queridos.

Amanda nació el 10 de abril de 1931 en Saladillo, donde transcurrió su infancia junto a sus hermanos. Muy joven se casó en primeras nupcias con Guillermo Garrido y tuvieron cinco hijos: María Inés, Ricardo, Silvia (f), Estela y Raúl. Por cuestiones de la vida quedó sola con ellos y se dedicó a trabajar en casas de familia.

Luego, en 1959 conoció a quien sería su segundo esposo. Néstor Apolinario Gutiérrez, con quien tuvo a Leonor (f), Mónica, Gladys, Marcela y Adriana.

Debido al trabajo de su compañero como ferroviario se radicaron en esta ciudad y cuando él alcanzó su merecida jubilación, instalaron un mercadito, que llamaron “Los Abuelos”, donde trabajaron juntos hasta hace poco tiempo.

Ya viuda se dedicó a viajar, viviendo con cada una de sus hijas en Mar del Plata, Buenos Aires y Tandil, aprovechando cuando la acompañaban a ir a jugar a las máquinas del Casino, ya que era uno de sus hobbies favoritos.

Su salud fue desmejorando a raíz de una diabetes que no se pudo controlar y que la llevó a la muerte, que es lamentada por sus hijos, nietos, hijos políticos y demás familiares.





FILOMENA GUAITA


El 5 de enero, cuando contaba con 100 años de edad, falleció en nuestra ciudad Filomena Guaita, dejando tristeza y dolor entre sus seres queridos.

Filomena había nacido en la zona rural de María Ignacia (Vela) el 15 de julio de 1912; era hija de Melitona Figueroa y José Guaita.

Vivió junto a sus hermanos en Pablo Acosta, dedicándose a las tareas domésticas; posteriormente se radicó en esta ciudad junto a dos de sus hermanos en el barrio de Villa Italia.

Fue una mujer generosa, luchadora y amante de las reuniones familiares.

Sus últimos años pasaron en el Geriátrico Balverde, donde fue muy bien atendida. Sus familiares agradecen a la señora Nelly y a todo su personal por al cariño y afecto brindado.

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