22 de enero de 2012
LINA ANA MAURI DE QUINTANAR
A la edad de 86 años falleció Lina Ana Mauri de Quintanar, hija de los inmigrantes italianos Dora Paletti y Alberto Mauri. Nació en La Federación (Cerro Leones), el 14 de junio de 1925, en una comunidad y familia de picapedreros y herreros. Concurrió a la escuela de Cerro Leones y ya en Tandil a la Escuela Nº11.
A los 18 años se casa con Anselmo Quintanar, radicándose por poco tiempo en San Isidro. Luego, los recién casados se establecen en María Ignacia (Estación Vela), adquiriendo en sociedad con Carlos Berestain la estación de servicio en la que ella misma atiende el surtidor. Nace su primera hija, Susana. Poco después se radican definitivamente en Tandil, donde nace su segunda hija Silvia.
Desde 1952 viven en 25 de Mayo 942, donde su esposo instala un taller mecánico.
Lina Mauri fue una presencia infaltable, acompañando a Anselmo Quintanar en la pasión por el automovilismo. El taller era un centro de reunión de los amigos de los “fierros”, y la cocina y el porch de Lina los lugares en los que los jóvenes “tuercas” estiraban las charlas previas y posteriores a cada “picada” en la avenida Aristóbulo del Valle, a cada carrera de Turismo de Carretera o Turismo Mar y Sierra, en las que la familia, habitualmente se involucraba.
Después de enviudar en el triste diciembre de 1977, siguió proveyendo, de tanto en tanto, con los repuestos que quedaron en el taller a corredores de autos, coleccionistas y mecánicos.
Como abuela, cuidó amorosamente a sus nietos Anselmo, Marina y Verónica Valor y a Franco Cervi. Tuvo siete bisnietos Facundo, Francesca e Isabella Valor; Agustina y Miguel Arana; Martina y Bernarda Usandizaga.
La mayor parte de su vida transcurrió en el convulsionado y cosmopolita siglo XX argentino, disfrutó del tango y la milonga, de los corsos y “la vuelta al perro”, la radio y el cine. Finalmente la televisión. Permaneció ajena a la compu, el celular y la internet.
La pasada nochebuena cantó junto a su hija Susana en la pequeña reunión familiar las estrofas tangueras de “Adiós muchachos”.
PEDRO EMETERIO ZALAGIONE
“Y el polvo vuelve a la tierra de donde procede y el espíritu vuelve a Dios, quien lo dio”
-Palabras del rey Salomón-
Nació el 3 de Marzo de 1923 en Angaco Sur, pcia. de San Juan. Transcurrió su niñez y adolescencia entre viñedos y soledades.
Debido a su pasión futbolera, en los años 40’ juega en Desamparados de San Juan.
En esta misma época llega el tiempo de cumplir con la patria y se incorpora en el buque Almirante Brown en Punta Alta.
Regresa a San Juan en el tiempo de la reconstrucción a causa del terremoto del año 44’.
Sus ansias de conocer nuevos horizontes lo trasladan a Buenos Aires, y allí le llegan las noticias de un Tandil pujante y floreciente en trabajo; llega a esta ciudad el 26 de Marzo de 1958.
Siendo contratista de obra, a través de los años conquistó clientes importantes y respetables, tal cuál era su costumbre al trato con la gente; amable, sencillo y con un bajo perfil. Llevó a cabo obras como la construcción del Hotel Austral, participó de las obras del Hotel Libertador, Galería Panamericana y otras.
Como buen cuyano en su corazón abrigaba las tonadas y cuecas, acompañando con guitarra su voz colorida y segura. Recorre varios escenarios y simpatiza con la música popular de la década, siendo cantor de la orquesta De La Horca, y otros grupos musicales.
Su gran pasión por la música lo lleva a componer una cueca a Tandil.
Durante la década del 60’ sigue alimentando su entusiasmo por el fútbol, jugando para el Club Jorge Newbery de Tandil.
Corriendo 1961 conoce a su actual esposa Elsa Monge, con quien contrae enlace posteriormente el 17 de Abril de 1963; de este matrimonio nacen dos hijos: David Zalagione y Ma.Victoria Zalagione, quienes alegraron el hogar con cuatro nietos y un bisnieto.
Durante la misma década fue presidente del Club de Pesca 25 de Mayo, conquistando varios trofeos en esta disciplina, como así también en bochas.
En 1984 su espíritu inquieto le permite descubrir una nueva relación con Dios, congregándose en la Iglesia de la Unión Evangélica de calle Mitre.
Esta nueva etapa en su vida y su pasión por la música, lo llevan a componer temas cristianos demostrando su amor por Jesucristo.
En sus años longevos disfruta de su familia, del recuerdo de sus pasiones y de las historias de su amado San Juan.
Su familia valora su legado, y recuerda con amor la trayectoria de un hombre de bien y los años compartidos.
Duerme en la paz del Señor desde el 11 de enero de 2012, a los 88 años de edad.
JOSÉ MARIA ALVAREZ (PICHÓN)
Como contar tu vida…describir este difícil momento, son tantas las palabras que nos hacen falta para explicar esta difícil situación; tu ausencia.
Fuiste una persona que te dedicaste con entrega y dedicación al trabajo y a la familia.
Había nacido en Castelli el 21 de Enero de 1934, siendo sus padres María Estela Mattos y Pedro Lorenzo Álvarez. Durante su infancia se radico junto a sus padres y sus doce hermanos en la vecina localidad de Azucena en donde conoció a quien sería su esposa y compañera de vida durante 55 años, Juana Reneé Izarriaga (Negra). A poco de casarse compartió la dicha de que naciera su hija Liliana y unos años más tarde su hijo José María (f). Con el correr de los años la familia se agrandó sus hijos se casaron y le dieron seis nietos: Mariana, Luciana, Loana, Ana Clara, Anabela y Simón, conformando una linda familia.
Desde su infancia se dedicó a tareas rurales en la zona de Azucena, el campo el Yaraví y La Concordia eran siempre recordados a través de sus anécdotas en las sobremesas familiares. Con posterioridad se trasladó y radicó definitivamente en la localidad de Barker desempeñándose como obrero hasta su jubilación en la empresa Loma Negra. Sin embargo, su vida laboral se mantendría activa retornando a las tareas rurales como tractorista en la zona, con la familia Bidauri y posteriormente en la estancia Dale vida de la familia Lanz por la cual manifestabas tu respeto y aprecio, sintiéndolos parte de tu propia familia. Finalmente hace siete años decidió que ya era momento de dejar de trabajar y se dedico a disfrutar tranquilo en su hogar junto a su compañera su familia y sus seres queridos.
Es importante que sepas que en todo este tiempo que estuviste entre nosotros nos dejastes innumerables enseñanzas, el hermoso y grato recuerdo de todas y cada una de las cosas que hiciste y distes por todos nosotros; fuiste y serás un gran compañero de vida, padre, abuelo y amigo, un ejemplo de persona y de hombre.
Te recordamos como lo que fuiste: UN GRAN HOMBRE; reservado sí; pero con valores y principios intachables que nos supiste transmitir y por los cuales hoy te decimos GRACIAS ABU!
Te extrañaremos mucho y siempre estarás en nuestros corazones. Tu familia.
JOSE PERNIOLA
Días atrás falleció José Perniola, dejando un profundo dolor entre sus familiares, amigos y quienes lo conocieron.
José nació el 25 de noviembre de 1920 en Santerano in Cole, Italia. A los 6 años llegó a la Argentina junto a sus papás y hermanos.
Desde muy chico trabajó en distintos lugares, hasta que encontró lo que sería el oficio de toda su vida: “zinguero”.
Realizó trabajos no sólo en nuestra ciudad, sino también en otras localidades. En Tandil trabajó en el Colegio san José, el Hospital, la Clínica Chacabuco; y en lugares como en el Hotel Miramar y Renault de Tigre, entre otros.
Fue formador de gente de trabajo, personas que pudieron independizarse y tener su propia empresa. Sus hijos también aprendieron de él y actualmente se desempeñan de lo mismo.
Su gran pasión era el fútbol y su querido Club Defensa, en donde pasó gran parte de su vida ya que durante 60 años ocupó distintos cargos en la comisión directiva siendo el padre afectivo de la institución. En ellos vio crecer muchas generaciones de jugadores de fútbol, que lo acompañaron hasta último momento de su vida.
Formó parte de varios cargos en la Liga Tandilense de Fútbol (secretario, tesorero, vicepresidente, presidente de la comisión de selección), fundamentalmente durante la presidencia de Luis Mestelán en los años de oro del fútbol local.
Recibió varias distinciones por su trayectoria y por su hombría de bien: Consejo de deporte Federado, Trayectoria Deportiva en la fiesta del deporte, Club Defensa por su trayectoria como dirigente; por su aporte al crecimiento de la Dirección Nacional de Migraciones; del Rotary Club Tandil Norte por su ocupación por nuestra comunidad; en homenaje a su entrega de parte de su vida en pos de grandeza del Ministerio del Interior, entre otros.
Cuando dejó su taller y su trabajo a sus 82 años, siguió atento para ayudar a sus amores: José, ;Martina y Facu, siempre acompañado de Elba su mujer.
Murió el pasado 12 de enero con 91 años y hoy lo recuerdan así: “Viejo: ya vamos a ir a ver unos trabajos juntos y a la cancha, pero por ahora descansa en paz. Y como dice tu nietito Facu: ¡Te pasaste abuelo!”.
ANTONIA VALERIANA MOYANO DE TROGU
El 12 de enero pasado, falleció en nuestra ciudad Antonia Valeriana Moyano viuda de Trogu, dejando un profundo dolor entre sus familiares, amigos y seres queridos.
Antonia nació el 15 de diciembre de 1916 en nuestra ciudad y fue única hija. Trabajó en la pesquería de la zona de San Antonio, en la zona rural desarrolló gran parte de su vida.
Posteriormente se casó con Emilio Trogu, quien fue un reconocido caminero de Vialidad Provincial.
También trabajó de ama de casa y ya cuando se mudó a nuestra ciudad, se trasladó a la zona de Urquiza al 600.
Hoy sus seres queridos la recuerdan con mucho amor y ruegan una oración en su memoria.
RUBÉN SARMIENTO BERKUNSKY
Rubén Sarmiento Berkunsky, “Roberto” como lo conocieron todos, nació en Tandil el 21 de julio de 1922; hijo de un Ucraniano, Samuel Berkunsky y una criolla, Ernestina Vera. Fue criado por su padre. Hizo toda la escuela primaria pupilo en el Colegio Cisneros de Bs. As., y el secundario en la ciudad de Juárez.
Fue en su juventud un destacado deportista, logrando premios, en basquetbol, con la camiseta del Club y Biblioteca Ramón Santamarina. Institución a la que le dedicó tiempo y en la que luchó tanto para su crecimiento como para superar momentos difíciles, comprometiendo su patrimonio personal. Fue tal su fanatismo que podría decirse que al nacer sus hijos, primero los asociaba al Club y luego los inscribía en el Registro Civil.
A los catorce años se enamoró de Mabel Paula Idiart, con quien tiempo después se casó, formó su familia y convivió hasta el día de su fallecimiento. Acompañó el crecimiento a sus tres hijos (Roberto, Mabel y Guillermina), sintiéndose orgulloso a medida que obtenían sus logros profesionales. De igual manera se sintió feliz ante el logro de cada uno de sus nietos; profesionales, o en proyecto de serlo. Descendencia a la que le transmitió sus valores de trabajo, empeño, honestidad, solidaridad, etc.
Disfrutaba de cada encuentro familiar, comandando la mesa dominguera. Tuvo la dicha de conocer a sus bisnietos y saber que vienen otros en camino.
Su padre fundó la distribuidora de diarios y revistas de esta ciudad, a la cual Roberto se incorporó a los diecisiete años. Fue un trabajador incansable, supo de sacrificios esperando la llegada de los diarios capitalinos en el ferrocarril a las tres de la madrugada, realizando su rápida distribución para que los tandilenses tuvieran las noticias en el desayuno, proveyendo a los kiosqueros en las mañanas, y distribuyendo Nueva Era por las tardes. Era un trabajo esclavo, sin sábados, ni domingos ni feriados, sólo el primero de mayo.
Dirigió la empresa logrando su expansión, junto a un equipo de colaboradores tan comprometidos como él. A la edad de setenta y ocho, a causa de vaivenes de la economía nacional, se vio en la necesidad de desprenderse de la distribuidora.
Era un hombre de ideas progresistas: fue socio generador de la Cámara Comercial de Tandil (hoy Cámara Empresaria); contribuyó en la compra de un inmueble destinado al Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas; protegió a los vendedores (no obstante tener una relación comercial y no laboral) mediante su inclusión en un plan de asistencia medica; e instaló los primeros kioscos metálicos para venta de publicaciones en la ciudad.
Hombre generoso y solidario, ayudó a muchos canillitas que sacó de la calle a los que les brindo trabajo como camino de progreso, a los que ayudó en la enfermedad y a los que apoyó económicamente para que tuvieran su propia vivienda. Así nacieron para él “hijos del corazón”, a los que apadrino y de los que recibió afecto y lealtad, como en el caso del “Nene Orellano”.
No es casual que su mayor festejo en el año fuera el día del trabajador. Jornada que compartía, en su campo “Beritaco”, con amigos, colaboradores, canillitas, kiosqueros, y respectivas familias; en asados multitudinarios (que aún se recuerdan), y que finalizaban a la atardecer con guitarreadas y juegos de taba y fútbol.
Su solidaridad no se limitó al ámbito laboral, a título de ejemplo: colaboró con entidades de bien público, y donó la construcción de dos habitaciones a la Sociedad Italiana (hoy Clínica Chacabuco); donó las rejas que hoy luce el museo tradicionalista de Tandil en su frente; Obsequió los primeros botines a un famoso boxeador local de origen humilde. Siempre reservándose tales actos para su intimidad, fiel a su humildad y desinterés.
Amante de la naturaleza, hoy florecen en muchas casas, limoneros, cerezos y ciruelos, porque para él regalar un árbol era el mejor obsequio.
Fue un apasionado de los caballos de carrera y el Haras “Trébol de Cuatro Hojas” donde los criaba era su esparcimiento. Muchos le dieron satisfacciones como “Ambito” ganador del Dardo Rocha, y otros premiados en las pistas de San Isidro, como “New Robertina” (bautizada así por nacer al mismo tiempo que su nieta Roberta).
Amaba Tandil, sorprendiéndose por el crecimiento de los últimos años y feliz de que el municipio embelleciera las plazas y paseos y finalmente, después de tantos años, funcionara la fuente de la Plaza Independencia.
Amó a los animales y recogió muchos perros de la calle que alojó en su casa o en las de los hijos. Al morirse “Corbata” (un perro pura “raza perro”) se lo vió triste y escuchando la canción “cuando un amigo se va”; todos recuerdan a “Duque”, el fox terrier ladrador que hacía el reparto de los diarios en la camioneta; y finalmente, “El Negro”, un ovejero alemán, llora su ausencia y añora los cafecitos en el ACA, y el seguirlo al compás de su bastón.
Atravesó circunstancias difíciles, desde su infancia con padres separados, años de soledad en un colegio pupilo, un grave problema de salud al mediar su vida, proyectos fallidos económicamente; no obstante siempre disfrutó de las pequeñas cosas, siendo un “Bon Vivant”; gozaba de la buena mesa, de los libros, de compartir con amigos los vinos añejados en su propia cava, los trajes confeccionados a medida, los perfumes, los tangos (que solían recordarle sus años mozos y aquellas noches tangueriles de Tandil), y hasta último momento cuidaba su imagen, recibiendo la atención de su querido peluquero “Mingo”.
Sintiendo un profundo dolor por su partida, pero con la complacencia de recordar todo esto, su familia decidió que será en el “Campito”; que lo vio tantos atardeceres quitando piedras, juntando nueces, plantando plantas, combatiendo hormigas, cuidando caballos; donde se esparcirán sus cenizas para que eternamente sea parte de su lugar amado.
DOMINGO RAMON CASTAÑEIRA
El pasado 2 de enero falleció en nuestra ciudad Domingo Ramón Castañeira, un querido vecino que contaba con 87 años.
Domingo nació en Balcarce, el 17 de mayo de 1924, y era hijo del matrimonio de inmigrantes españoles conformado por Consuelo López y Ramón Castañeira.
Junto a sus hermanas María y Carmen, su infancia transcurrió en el campo, ya que sus papás se dedicaban a la siembra de papa.
Posteriormente, la familia se radicó en la estancia “San Lorenzo” de esta localidad, propiedad de la familia Zubiaurre. Vivieron y trabajaron allí durante años, se desempeñaron como tamberos y le entregaban la leche a la conocida fábrica “La Tandilera” de Magnasco. Junto a su papá, Domingo desarrollaba con pasión y orgullo esta tarea.
Ya de joven, conoció a la que fue su compañera y esposa, Matilde Lucía García Lledias, una inmigrante oriunda de Asturias, España. Ella había arribado a la Argentina con su numerosa familia y en Tandil, también se radicó en la zona rural.
A poco de conocerse, decidieron casarse para formar un hogar propio. De este amor nacieron sus tres hijos varones: Eduardo, Walter y Roberto.
Después de años de trabajo y sacrificio junto a sus padres, “Cholo” –así apodado por sus parientes- logró comprar un pequeño campo ubicado en el paraje “Los Mimbres”. Allí continuaron con el tambo, incursionaron en la apicultura y en la producción de quesos.
La familia trabajó compartiendo alegrías y penurias. Los hijos crecieron, continuaron con la labor, se dedicaron a la siembra y llegaron los nietos y bisnietos.
Todos ellos recordarán a su “Abuelo”, siempre sonriente, de buen carácter, contento, contando anécdotas, escuchando radio, y mirando por televisión las jineteadas y carreras de TC.
Seguramente, su ejemplo de buena gente, solidario y bonachón, marcará sus días.
“Todos, ‘Cholito’, los que tuvimos la suerte y el placer de conocerte te recordaremos con amor y seguiremos tus pasos para ser buenas personas, buenos amigos y grandes compañeros”.
APOLINARIA IÑIQUEZ DE BUENO
El pasado 6 de enero, a los 98 años, falleció en nuestra ciudad Apolinaria Iñiquez viuda de Bueno, dejando un profundo dolor entre sus seres queridos, amigos y vecinos.
Su hija Marta Mabel Bueno de Yuvisa, su yerno Juan José Yuvisa e Isabel Castaño viuda de Bueno; sus nietos Marcela, Sandra, Karina, Juan José, Lorena, Isabel y Marcelo; sus nietos políticos: Jorge, Carlos, María y Matías; sus bisnietos Andrés, Matías, Diego, Jonathan, Aldana, Juan Ignacio, Agustín y Alen, la recurdan con mucho amor y cariño.
Mamá: todavía me parece escuchar tu voz llamándome y sentir tus manos arrugadas oprimiendo mis manos. Tengo un inmenso agradecimiento por enseñarme a obtener lo mejor de la vida y por guiarme en el camino correcto. Gracias mamá!!!
Es un vacío que nos queda, pero tu memoria siempre seguirá latente en nuestro corazón. Hoy que estás en el cielo con nuestro señor. Nosotros te seguimos recordando, el cuerpo queda, tu alma está en Paz.
Si me mirás desde el cielo, dile a Dios que me mande resignación. Amen.
OTILIA GEBEL DE MANILOVSKY
Días atrás falleció en nuestra ciudad Otilia Gebel viuda de Manilovsky, causando un profundo dolor entre sus seres queridos.
Otilia nació en Coronel Suárez en 1918 y falleció a los 93 años en nuestra ciudad, en donde se radicó con su familia en el año 1950. Desde entonces cumplió el deber de madre y esposa con mucho cariño y responsabilidad.
Sus hijos Ofelia y Jorge; su yerno Enrique; su nuera María, sus nietos Lorena, Javier, José Ignacio; sus nietos políticos Corina, Sebastián y Lorena; sus bisnietos Ezequiel e Ignacio recuerdan hoy a “Oti” con todo el amor que se merecía.
ALBERTO ISMAEL RIVERO
El pasado 2 de enero, a los 61 años, falleció en nuestra ciudad Alberto Ismael Rivero, un querido y respetado vecino de Tandil.
Alberto nació en Tandil, pasó su niñez y juventud en Gardey, junto a sus padres Josefa Gigena y Silverio Rivero, y trabajó junto a su padre en el campo.
De joven regresó a Tandil y su oficio fue el de pintor de obras. Ganó muchos clientes por su confianza y honestidad. En 1983 entró a trabajar en la Municipalidad de Tandil, en la Dirección de Servicios, como pintor.
Hacía 12 años que Alberto estaba encargado del paseo El Calvario, ocupándose de las tareas de vigilancia y en orientación al turista. Su jefe y sus compañeros de Turismo lo ayudaron mucho en su larga enfermedad, estando en todo momento al lado de él.
Dedicatoria: “Negro, yo sé que estás con Dios. Fuiste un gran hombre de fe. Los 25 años que estuvimos juntos seguimos al Señor y fuimos fieles a su palabra.
MARIA CELIA TROYA
El 4 de enero, en la vecina localidad de María Ignacia Vela, dejó de existir a los 89 años María Celia Troya, una persona querida y amada por todos aquellas que la conocieron.
María nació en Azul, el 14 de mayo de 1922, y conformó una familia integrada por Isabel Pérez y Juan Troya, sus padres, y su hermana Ana.
Cuando las niñas eran pequeñas, sus padres las llevaron de paseo a España. Allí los sorprendió la Guerra Civil Española y, obligados, debieron permanecer en Cádiz, Andalucía, hasta 1948.
De regreso en Argentina, el matrimonio Troya y sus dos hijas se radicaron en Vela, donde trabajaron y disfrutaron del campo. Pero a María Celia no le gustaba esa vida y se mudó a Tandil, donde se empleó durante largos años en casas de familia y luego se marchó a la Capital Federal.
Era una mujer muy hacendosa y prolija, que además de las tareas hogareñas sabía coser y bordar.
No se casó ni tuvo hijos. Entonces, ya grande, regresó a Vela junto a su hermana, donde pasó sus últimos años en su compañía. Con 87 años, Ana, que quedó sola, la recuerda con mucha pena y pide que descanse en paz.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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