17 de enero de 2009

Locales

Locales. No hubo cántico ni estandarte que hiciera torcer la voluntad radical

A pesar que el final estaba cantado, nuevamente el recinto deliberativo recobró protagonismo. Otra vez por asuntos nada gratos, incómodos, especialmente para un bloque oficialista que volvió a recibir una andanada de improperios y bulliciosas manifestaciones en su contra, a partir de asentir el incremento del boleto que los colectiveros plantearon.
El final por casi todos aceptado mereció la última resistencia. Primero por la mañana había sido el planteo formal de las autoridades de la Unicen (más información página 4), y por la tarde, ya en plena sesión, los estudiantes enrolados en agrupaciones de izquierda, quienes nuevamente se hicieron oír a puro cántico y redoblante, con estandartes acerca de lo injustificado de lo que llamaron el “boletazo” como de la complaciente voluntad de la mayoría legislativa para aceptar la voluntad de los transportistas y no de los usuarios, entre otras yerbas.
Pautada para las 20, ya la barra del recinto estaba colmada. Mayoritariamente de los que demandaban no aprobar el incremento, aunque una parte también estaba ocupada por los colectiveros, quienes siguieron atentamente lo que se resolvía ni sin antes cruzarse miradas desconfiadas con aquellos ruidosos jóvenes.
Resultó imposible el debate. En medio de un ensordecedor clamor para evitar el aumento, los ediles se armaron de paciencia para que la situación no se desmadre que otrora sesiones, precisamente hace un año los mismos protagonistas se habían encontrado por el mismo asunto: el polémico costo del boleto.
A pesar de algunos instantes de tensión, con forcejeos de por medio, especialmente cuando aquellas voluntades emplazadas de la barra comenzaron a increparse sobre sus razones de su presencia, desde el Frente para la Victoria se insistió sobre la apresurada decisión de sus pares radicales, quienes minutos previos, en medio del griterío infernal, hizo leer desde la secretaría de la presidencia del Concejo las razones de lo que iban a aprobar.
Hubo varios minutos de postergación e incluso un cuarto intermedio tratando de encontrarle algún cause a la escandalosa sesión, pero pesó la decisión del presidente del cuerpo, Juan Pablo Frolik, quien ya había resuelto que más tarde o más temprano la decisión ya asumida se iba a consumar, a pesar de los pesares estudiantiles.
En la última intentona, desde la banca opositora se pidió que el asunto volviera a comisión ante la imposibilidad de debatir en el recinto, pero nada iba a cambiar el desenlace sellado a fuego entre el compromiso radical y los transportistas.
Se fue otra polémica sesión de un recinto deliberativo, que si bien logra los fines por la cual el Ejecutivo brega a través de su lograda mayoría de bancas, no gana para disgustos precisamente por tener que definir asuntos que incomodan y que los coloca ante el escarnio popular. Ayer por el incremento de las tasas, hoy –anoche- por un incremento de boleto.
Así fue que cerrarían la noche, sentados en sus bancas y rodeados de estudiantes que coparon la sala para denostarlos por lo que habían resuelto. Después los manifestantes se irían con las garantías de saber que aquellos policías de civil no los iba a perseguir. En tanto los ediles, salieron de su insalubre situación para abordar asuntos pendientes que hacían al pedido de licencia del jefe comunal y el consiguiente interinato del propio Frolik, como de su par Natalia Correa, ya encomendada a otros fines ejecutivos.

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